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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

La coronación de Gordon Brown

Isaac Bigio
Isaac Bigio
domingo, 8 de julio de 2007, 07:48 h (CET)
El 27 de junio en el Reino Unido se produjo un hecho de alcance mundial. Ese día una de las democracias más antiguas y poderosas del mundo hizo su primer cambio de gobierno en 10 años. Uno podría esperar que dicha transmisión de mando tuviese algo que ver con la que experimenta cualquier república americana, pero se equivocan.

Según las normas republicanas cada X años debe jurar ante el congreso el presidente electo, el mismo que apenas recibe la banda pronuncia un largo mensaje delineando lo que hará en su mandato.

Sin embargo, en Gran Bretaña no hay fechas exactas. Un primer ministro tiene como plazo máximo 5 años para quedarse en el poder, pero lo usual es que él abandone el cargo antes ya sea llamando a elecciones o dejando que otro miembro de su partido le remplace.

Brown no fue posesionado en el parlamento o ante las cámaras. El fue el onceavo primer ministro en ser ungido por la reina Elizabeth II, cosa que pasó en una sesión muy privada. Gran Bretaña no es una república y su jefe de Estado no ha sido designado mediante votos sino que es un cargo hereditario. La actual monarca está en el trono desde el 6 de febrero de 1952. Sus 55 años en el poder solo son superados en todo el mundo por el rey tailandés.

El público no sabe a qué hora exacta Brown fue investido y recién se le notificó del hecho cuando le vio salir del palacio real de Buckingham. El no dijo ninguna palabra hasta llegar a su nueva residencia donde, a la puerta de ésta, apenas declaró unos cuantos minutos a la prensa.

En las calles no había ninguna manifestación o mayores comentarios. Cuando fui a llevar y a recoger a mis hijos al colegio nadie hablaba del tema. En la escuela no se habían colocado nuevos retratos ni ninguna autoridad había informado a los alumnos acerca del cambio de gobierno. Esto, pese a que para todos los escolares éste ha sido el primer nuevo premier que han visto en su vida o desde que entraron a la primaria.

El nuevo gobierno británico no ha surgido de ninguna votación ya sea a nivel nacional o incluso dentro de su propio partido. Mientras Blair ganó las internas laboristas de 1994 y tres elecciones generales consecutivas (1997, 2001 y 2005), el aparato de Brown ni si quiera permitió que postulasen los otros dos candidatos del ala anti-guerra para disputarle el cargo de líder de su partido. El ganó por ‘default’.

El laborismo tampoco tiene un régimen muy democrático que digamos. A sus 200,000 miembros (que son un 0.5% de la población electoral británica) apenas se les permite un tercio del poder de decisión sobre quién sea su líder. Otro tercio lo tienen los sindicatos afiliados (muchos de los cuales ni si quieran consultan a sus bases) y el tercio final lo tienen menos de 500 parlamentarios del partido.

En las últimas elecciones generales del 6 de mayo del 2005 el laborismo ganó con el 35.24% de los votos prometiendo que su líder Blair gobernaría a plenitud todo su tercer gobierno. La gente que votó por el laborismo no lo hizo pensando que Brown sería su premier. El único mandato electoral que ha recibido Brown son los menos de 30,000 votos con los cuales él ha venido resultando electo parlamentario por el distrito de Kirkcaldy y Cowdenbeath durante 6 periodos consecutivos desde 1983.

Pese a que el porcentaje con el cual Blair se impuso en los últimos comicios es el más bajo que haya tenido un gobernante británico, el laborismo, beneficiándose del sistema de representación uninominal y no proporcional, logró controlar al 55.1% del parlamento (356 de sus 646 miembros). Los conservadores que apenas perdieron por menos de 3 puntos en las ánforas se quedaron con una bancada que es casi la mitad que la del laborismo.

Reino Unido puede reclamar tener una democracia que desde hace siglos no conoce un golpe de estado y que sirvió de inspiración para la gestación de las democracias americanas. Sin embargo, esta muestra grandes limitaciones. Tiene un jefe de estado hereditario, un nuevo gobernante que no ha ganado ninguna elección general o partidaria, y un partido gobernante que domina absolutamente el poder pese a que el 65% de los británicos no votaron por él.

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