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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Esa es la cuestión

Óscar Arce
Óscar Arce
domingo, 8 de julio de 2007, 07:48 h (CET)
En occidente, no así en otras zonas, la sucesión de corrientes de pensamiento y su posterior inserción en las formas de pensar de los individuos, ha conducido a la sospecha de la nada.

La nada definida desde Europa, supone un sentimiento de desasosiego que solamente puede calmar la fe. Cuando la fe no es posible, aparece la ‘angustia’ de Kierkegaard, o el dolor de Leopardi ante el cual ‘tutto è nulla’.

Por eso hoy nos esforzamos más que nunca en llenar de significados una vida llena de significantes. Es decir, tenemos (o creemos que tenemos) incontables cualidades dormidas -en potencia, dirían algunos- esperando desenvolverse en situaciones fácticas. Esperamos, en otras palabras, realizarnos.

Hay un dicho que dice que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. La situación actual es de necesidad universal de autorrealización, de llenar un vacío que todos (todos) intuimos que existe y avanza inexorable hacia nosotros.

Las consultas de los psicólogos están llenas de aquéllos que no encuentran la manera de mirar hacia adentro (insight) y hallar la ecuación que conjugue lo que les gusta y sus habilidades.

Porque realizarse no es un añadido a la existencia, es el sentido de la vida. Es aquello que hace que uno se despierte con ganas de ir al trabajo, distorsionando lo que es el trabajo en sí. En cierto sentido, en el caso en que llegue a ese estado, es ese estado lo que mejor puede definir al sujeto.

La definición tiene una serie de implicaciones individuales y sociales tan intrincadas que su separación solamente tiene sentido en el marco del análisis.

Un posible esquema diría que sentirse realizado contribuye a que uno mismo se lea de manera positiva, lo que influye enormemente en su nivel de autoestima. La autoestima de una persona se plasma en la manera en que ésta se presenta ante los otros e interviene en la manera en que los otros se presentan al primero. Ello provoca un refuerzo de la persona por la aceptación social, que suma su definición social a su definición como individuo.

Todo lo anterior se anula en el momento en que la intuición del vacío se torna fe en la nada. Entonces se tacha la posibilidad de realización y de definición.

Sartre dice que el ser humano no es definible porque su existencia precede a su esencia y antes de existir no es nada sin un dios que pueda idearlo.

La necesidad de autorrealización nace de la negativa a tomar esa sentencia como dogma de fe.

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