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Etiquetas:   Con permiso  

El Estado de la subvención

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 7 de julio de 2007, 03:01 h (CET)
Nos hemos convertido poco a poco en eso, en un Estado que lo subvenciona todo con tal de ganar las próximas elecciones. Por lo que la subvención se ha convertido en una subasta, si tu ofreces dos mil quinientos voy yo y ofrezco tres mil, a ver quién da más, a ver quién gana más. Votos.

Con lo que me ha costado comprarme la casa, con lo que me ha costado sacarme el carné de conducir, con lo que me ha costado mi hija. Estoy convencido de que he nacido treinta años antes de tiempo. Si todos los que nacimos cuando yo nací naciéramos ahora seguro que no teníamos este problema de envejecimiento social. Toma tropecientos millones de golpe. De personas y de euros, claro, pobre Estado. Y, mira, llegábamos a tiempo de que nos subvencionaran por el mero hecho de nacer.

Lo malo de tanta subvención es que el Estado se cree con derechos sobre ti, con derechos de prohibirte fumar, beber o joder. Y eso que lo de joder está más que extendido por el suelo patrio, es una costumbre ancestral, no hay vecino o compañero de trabajo que no piense en joder al que está al lado, con la radio en la madrugada o escondiéndole el expediente AB75/07, por ejemplo. El caso es joder. Al prójimo.

Conste que lo de la subvención no me parece mal del todo, dependiendo a de a qué se da tanto dinero. En mi pueblo siempre se ha acusado a dos o tres familias de liarse a tener hijos en serie inacabable por aquello de las subvenciones, hasta se decía que a una señora calé su santo esposo le calentó la cara y las nalgas en varias ocasiones por haberse atrevido a pedir anticonceptivos a su médico. Quede claro que yo siempre pensé que eran comentarios entre racistas y costumbristas, que a mí siempre me ha gustado mucho el costumbrismo.

Pues eso, que depende de qué cosas se subvencionen. Y cómo. A mí eso de “Yo subvenciono más que tú” no me gusta. Y es lo que está pasando. Con nuestro dinero. Y lo que menos me gusta es que subvencione a todo bicho viviente. O naciente. Que los hay de alta cuna que no se lo merecen, pero de eso no se ha hablado, aquí le damos un montón de dinero a todo el que llegue al paritorio, sin importarnos la declaración de la renta, que es que a demócratas y sociales de toda la vida no hay quien nos gane, pa chulos yo y yo exprimo más a los españoles pa comprarme más votos que tú, que es en definitiva a lo que se reduce esta subasta del recién nacido, esta subasta del Estado de la subvención.

Además al Estado, al Estado bípedo representado por las diabólicas cejas zapateriles, no le entra en la cabeza que el problema más importante de la maternidad, de la ausencia de maternidades, no es el dinero, con lo importante que es eso. Si tenemos pocos hijos no es por el vil metal, sino por comodidad y porque nos gusta vivir bien, y ahora no hay quien cambie unas vacaciones por un hijo, con la lata que dan los hijos en vacaciones. A ver qué madre, o padre, moderna, o moderno, prefiere estar quitando mocos o cambiando pañales en vez de estar en el sillón de casa, cómodamente instalada, o instalado, viendo en “Salsa Rosa” las desgracias de Isabel Pantoja y Pachuli. O el fúrbol.

Y donde digo quitar mocos o cambiar pañales pongan ustedes educar. Educar es la tarea más difícil de la sociedad actual, quizá por eso Zapa quiere ayudarnos poniendo a todos nuestros niños a estudiar otra vez F.E.N., con lo antiguo que queda eso. Por eso, porque es muy difícil, los padres prefieren renunciar a tener hijos, que luego salen unos desagradecidos y no hay quien pueda con ellos. Ahí, en las estúpidas, gilipollescas, ridículas y “modelnas” cesiones que los padres guays han hecho ante sus hijos y su educación es por donde habría que empezar a buscar las raíces del descenso de natalidad.

Y en la comodidad y buena vidorra de los padres, ya digo. ¿Para qué tener hijos con lo bien que vivimos sin ellos?

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