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A golpe de pedal

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 5 de julio de 2007, 22:50 h (CET)
Hasta la fecha la mayoría de los ciudadanos circulamos por las ciudades conduciendo nuestro propio vehículo, con lo que el nivel de adrenalina y nervios llega a puntos espectaculares, apretados, en hora punta, cual sardinas en lata mientras utilizamos el transporte público o, bien, a golpe de calcetín cuando las distancias no son largas. A los pocos ciclistas que se atreven a circular en medio de la vorágine del feroz tráfico urbano les solemos mirar con cara de asombro y, muchas veces, les calificamos de locos del asfalto. Pensamos que, a cualquier persona con un mínimo de inteligencia, no se le ocurre ir por la ciudad montado en un frágil vehiculo de dos ruedas, y que, como en el cine y la literatura, las bicicletas son para el verano o para ser utilizadas como medio de transporte urbano en otras latitudes.

Hasta ahora tan sólo en algunas ciudades de más allá de los Pirineos era posible ver a centenares de ciclistas transportándose por las calles de las ciudades a lomos del pequeño sillín. Aquí, entre nosotros, las autoridades municipales tan sólo se han dedicado a inaugurar, en época de elecciones, algún que otro kilómetro perdido del denominado “carril-bici” con el que contentar algunas de las exigencias de los ecologistas. Pero las escasas bicicletas que recorren las calles de nuestras ciudades son de propiedad particular y en la mayoría de los casos no son utilizadas como un medio de transporte habitual- es difícil viajar en ellas en la vorágine de la gran ciudad- obedeciendo su uso a aquel viejo eslogan médico de que “quien mueve las piernas mueve el corazón”.

Pero el Ayuntamiento de Barcelona, ante el desmesurado crecimiento de la ciudad, ha tenido la, en principio, buena idea de establecer el vehículo de dos ruedas y con fuerza motriz humana como uno más de los transportes públicos a utilizar por los habitantes de la urbe. Por medio de Barcelona Serveis Municipals (BSM) se ha creado el BICING, extraño nombre inglés, gracias al cual los abonados al servicio pueden viajar por la ciudad utilizando alguna de las cerca de 1.500 bicicletas existentes distribuidas entre casi cien estaciones ubicadas en los principales distritos barceloneses. La utilización de este nuevo medio de transporte municipal es bien sencilla, primero hay que darse de alta como abonado del bicing- ha costado seis euros anuales hasta la fecha- pagando la cantidad de 24 euros anuales, y después tan sólo hay que acudir a cualquiera de las bici-estaciones establecidas, coger una bicicleta y viajar hasta la más cercana al destino escogido para dejarla allí y que pueda ser utilizada por otro usuario.

El éxito ha devorado al “bicing” y los problemas ya han comenzado a surgir tanto por el lado de los usuarios como por el de los sufridos peatones habituales. Los usuarios- ya son 70.000 los abonados existentes- comienzan a quejarse de la falta de los oportunos “carril-bici” para poder circular con garantías por las calles de Barcelona y, también, de la falta de vehículos que en algunas estaciones más céntricas comienza a apreciarse. Los peatones, por su parte, muestran su disgusto ante la proliferación de ciclistas por aceras y paseos circulando, algunas veces, como si estuvieran disputando la principal etapa del “Tour” y obligándoles a ir por la calle con el miedo al atropello metido en el cuerpo.

A pesar de todo, sea bienvenida esta iniciativa de las autoridades de Barcelona siempre que ello conlleve una más amplia red del denominado carril-bici y, también, que la educación de los ciudadanos haga mucho más fácil la convivencia entre ciclistas y peatones. Los que vamos por la vida a golpe de calcetín no invadiremos su espacio pero, por favor, que los del golpe de pedal se abstengan de tomar las aceras y paseos de la ciudad como la pista más idónea para realizar sus gymkhanas.

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