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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La coacción de la Ley integral de de violencia de género

César Borrego Jiménez (Madrid)
Redacción
martes, 3 de julio de 2007, 22:20 h (CET)
En un país en el que la libertad debe ser un derecho de todos los ciudadanos, sin distinción de sexo, religión, raza, etc., no puedo quedarme de brazos cruzados ante el atropello que sufrimos cada año más de cien mil hombres, bajo la coacción de la Ley integral de de violencia de género.

No se trata de defender a aquellos que usan la violencia y el asesinato para tener la razón, ni por supuesto se trata de permitir que aquellos que asesinan a sus parejas queden impunes ante tal atrocidad, pero al punto que hemos legado es algo preocupante. En estos momentos, se estará produciendo una detención de un hombre, cuyo único delito puede ser tener una relación de pareja no satisfactoria. La utilización sin escrúpluos de las víctimas que muchas mujeres no matratadas usan como pretexto para conseguir una orden de alejamiento contra su pareja en casos de separación y/o divorcio es una realidad social innegable y un fenómeno creciente en este país cada vez más preocupante.

Una vez conseguida esa orden de alejamiento, establecida como procedimento judicial estándar en estos casos, el proceso de separación es una auténtica pesadilla para muchos padres. Gracias a esa orden de alejamiento, la "inocente" mujer se queda, al la hora de la sentencia de la separación, con la casa, los niños, y una gran parte del sueldo del hombre que, probablemente a esas alturas estará sumido en la más preocupante de las depresiones, tratando de comprender por qué, sin haber robado, matado, ni golpeado a nadie, se ve alejado de su domicilio, y sometido a una injusta orden de alejemiento que le impide ver a sus propios hijos. Todo esto sin contar las innumerables ocasiones en las que a la "inocente" mujer no le dé la gana volver a hacer pasar a este deprimido hombre en una celda durante, al menos, una noche. Estos hechos, harían hervir la sangre al mismísmo santo Job.

Sí, señor director, la presunción de inocencia no existe en estos casos, y sólo si es el hombre el denunciado, con independencia de si es inocente o culpable, pasará gracias a la aplicación de la Ley integral de violencia de género, al menos una noche al cuidado de la policía en una "cómoda" celda con carácter inmediato, eso sí, con régimen de pensión completa, y ficha policial de recuerdo.

Si estamos en un país en el que los derechos de las minorías se mejoran a diario, a base de subvenciones, me gustaría saber por qué se pisotean los de los hombres casados (hasta hace poco) heterosexuales que pagamos nuestros impuestos de nuestro trabajo, y sin derecho a subvenciones. Y encima tenemos que soportar el apoyo mediático a las excelencias de esta gran Ley.
Por favor, ¿alguien me lo explica?
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