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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Iluminados por el dedo

Francisco Scolaro
Redacción
martes, 3 de julio de 2007, 22:20 h (CET)
Hay aspectos de la democracia que lentamente van siendo dejados de lado.

Entre ellos podemos mencionar el ejercicio del poder del pueblo, sus decisiones, la igualdad de oportunidades y la independencia de cada ciudadano, ligada a la soberanía de la voluntad popular en sus elecciones.

Un viejo axioma nos destacaba que un hombre es igual a un voto, en la igualdad de participar para elegir sus candidatos, como derecho emblema del sufragio.

Todos tenemos derecho a ser elegidos en todas las etapas de la vida política como representantes de nuestros conciudadanos.

Salvo raras excepciones, esto ha dejado de existir para dar lugar al dedo de los iluminados. Ya no se habla de internas partidarias ni de internas abiertas, las que son eludidas por los esquemas de poder.

La participación, que era base fundamental de los partidos políticos, descansa en algún cajón, obviando los adelantos cívicos que se habían logrado en 1983.

La dedocracia ya es una forma de gobierno, donde los candidatos surgen del dedo de quien fue elegido por otro dedócrata.

Sólo así puede entenderse que el país se halle esperando que Kirchner decida quién puede sucederle y que surjan candidatos elegidos en cabinas telefónicas, boliches, restaurantes y sin el voto del adherente o afiliado de la fuerza, frente o coalición que dicen representar.

Los procesos democráticos internos han muerto por el famoso dedo que todos critican, pero que todos aceptan o no pueden enfrentar.

Una especie de personalismo impuesto contrario a lo que es la democracia y el republicanismo. Kirchner y señora han sido artífices del "cajoneo" que sacó modernidad a los partidos.

La llamada vieja política es reina y soberana.

Para qué tienen afiliados los partidos politicos si el dedo manda?

La legitimación de un representante radica en que todos se hallen en condiciones de ser elegidos, o elegir, y todos tenemos el derecho de depositar nuestra confianza en quién elegimos y no en un dedo autoritario, que enfrenta a la democracia como garantía de libertad universal.

La dedocracia es una cuasi monarquía (reyes elegidos por parentesco).
Es una nueva forma de engañar al pueblo, que debe tragarse el sapo de opciones y hasta de sábanas marcadas por los dedos.

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