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Jóvenes y drogas

Xabier López de Armentia
Opinión
lunes, 2 de julio de 2007, 23:14 h (CET)
Esta última semana se ha publicado el informe Drogas y Escuela 2006 que nos ha dado una pequeña noción estadística de cual es la situación del consumo de drogas en cuanto a nuestros jóvenes se refiere. Este estudio se ha realizado entre estudiantes de 12 y 19 años de la Comunidad Autónoma del País Vasco y ha arrojado unos resultados que bajo mi punto de vista no entrañan ese peligro que desde muchos medios de comunicación se ha intentado verter sobre la sociedad.

Como parte negativa, está la fiabilidad de los resultados. Partiendo de la base que soy muy escéptico con este tipo de informes, encuestas y trabajos, dándoles muy poca credibilidad, y no lo digo por las personas que realizan este trabajo, que se de primera mano que la mayoría de ellos intentan realizar su trabajo lo más correcto y aprox. a la realidad posible, sino porque la gente miente o oculta los datos. Podríamos catalogarlos de “personas que no dicen toda la verdad”.

Ejemplos de estas conductas hay en todos los ámbitos, un ejemplo que se me viene a la cabeza. Hace 5 años en las elecciones presidenciales francesas nadie confesaba en las encuestas que votaría por Le Penn y su Frente Nacional, y terminó siendo segunda fuerza política. Cuando hablamos de ciertos temas que entrañan un componente de marginación o de no aprobación por la sociedad la gente tiene a ocultar sus preferencias por el simple hecho de no sentirse señalado.

Además considero que el informe debería abordar en su estudio personas hasta los 24 años de edad, ya que los (algunos) jóvenes empiezan con 12, 13, 14 años a consumir alcohol, tabaco y derivados, pero la mayoría comienza con 16 años a consumir y su máximo apogeo de consumo se encuentra en los años 17, 18, 19, 20, aunque luego sufre un bajón el consumo en personas de 21, 22, 23 y 24 años de edad.

Centrándonos en los resultados, estos arrojan que nuestros jóvenes comienzan a consumir drogas (alcohol, tabaco principalmente) a la misma edad que hace diez años, algo que debería por una parte, hacernos reflexionar y ser más racionales a la hora de crear falsas alarmas sociales. Últimamente no hacemos más que ver como los informativos y los periódicos se hacen eco de los supuestos excesos de nuestros jóvenes y de su tan famoso “botellón”. Sencillamente es puro sensacionalismo, ya que ese botellón del que hablan y esos excesos se cometían hace 10 años y hace 20 años también. Con esto no quiero decir que sea bueno ni beneficioso que un joven de 13 años pruebe el alcohol, pero no es motivo para crear una alarma social.

Por otra parte, es preocupante que el consumo de cocaína se duplica, pasa de un 5% a un 10%, y sobretodo porque el consumo de este tipo de drogas entraña una repercusión física y mental mucho mayor que el tabaco, alcohol o el canabis. El consumo experimental de este tipo de drogas “duras” ha crecido enormemente desvelando el afán de muchos jóvenes por probar este tipo de drogas, la mayoría de las veces sin saber sus consecuencias.

Es normal que se beba y se fume con 19 años porque a esa edad la gente asume más riesgos, muchas veces por desconocimiento de las consecuencias o por modas pasajeras o por tener en la cabeza que es la “única época” para hacer este tipo de cosas. “Aprovecha el momento” “prisa por vivir todo antes”, “hazlo ahora, prueba”... son frases que demuestran que esta sociedad está marcada por estereotipos y por cánones establecidos. Lo único alarmante de verdad es que la cocaína y las pastillas se están poniendo demasiado de “moda” en estos tiempos que corremos, donde la pureza de ambas roza niveles ínfimos, provocando en sus consumidores verdaderos destrozo porque si una persona consume cocaína y asume sus consecuencias es su decisión, pero “creer” consumir cocaína, y estar consumiendo conglomerados de sustancias incatalogables no tiene nombre.

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