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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Símil cósmico

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 1 de julio de 2007, 23:00 h (CET)
Tal parece, no siendo ningún relato de ficción, que nos vienen aires de imitación; concretamente, con el reflejo en nuestras andanzas de comportamientos propios del cosmos en su apasionante evolución. En un plano individual es evidente. Mirada la Humanidad en su conjunto, aún se manifiesta más claro el paralelismo. Si sucede para bien, o debiéramos lamentarlo por nocivo, ya será cuestión de ceñirse a cada hecho en concreto. Veamos algunos signos de ese proceso.

Los objetos astronómicos, desde las estrellas hasta las partículas, sean galaxias o planetas, se nos ofrecen desde sus posiciones, pero accedemos a poca información sobre ellos. Disponemos de técnicas depuradas con una precisión progresiva, el descubrimiento de nuevos matices supone un goteo persistente. De cada objeto conseguimos unos datos y nos llegan ondas de calidades diferentes, luminosas, magnéticas, etc. Se concreta un ESPECTRO de información, peculiar para cada objeto, identificativo.

En cuanto a los individuos, no ponemos el mismo interés, tendemos en exceso a valorarlos por unas etiquetas o características aisladas. También emitimos un amplio espectro de expresiones que no son captadas de manera significativa. Nos relacionamos con unas fórmulas simplistas, más parecidas a contactos pasajeros y alejados de una convivencia enriquecida con los matices. Si no ampliamos el bagaje de los contactos, se intensificará el desdén de unos por otros.

¿Qué nos dicen las grandezas del Universo? Hablar, hablan con su presencia, es un testimonio activo. Cuestión muy distinta será con que grado de atención y receptividad las atendemos. Se dice que somos racionales pero sólo discurrimos sobre aspectos muy superficiales, la sima de las profundidades siderales nos abruma como una losa, nos aturde y paraliza. Permanecemos hieráticos como la ESFINGE del desierto. Ante el silencio cósmico, quedamos perplejos. Los individuos y grupos adoptan esas actitudes a diario, sin complicaciones, sin atrevernos a husmear en las profundidades. ¿Cuestión de comodidad?¿Desdén incomprensible?

Las estelas de astros y galaxias indican una EXPANSIÓN y ALEJAMIENTO progresivos. En medio de una ordenación compleja, se van separando y así lo reflejan sus señales de referencia. Uno se plantea, qué será más natural, si una unión más racional y colaboradora entre las personas, si una dispersión con los individuos cada vez más distantes unos de otros; en franco paralelismo con el Universo. En una observación sociológica, el acercamiento y la unión no protagonizan las preferencias. Quizá nos reste la última alternativa, adaptarnos lo mejor posible a que cada uno cuente menos con el de al lado, más solitarios en definitiva. ¿Nos quedará otro remedio?

Las oscilaciones del NÚMERO de elementos de una especie, al comienzo, ahora, en el futuro, ¿También en dispersión expansiva?¿ Se impone la consideración numérica? ¿Habrá que ceñirse a los rayos de calidad?¿Cuál es la calidad óptima?. La desorientación es notoria, en este campo, como en otros, no presentamos respuestas ni medianamente sugestivas. Si se trata únicamente de un transcurso de los acontecimientos, con evidente pasividad humana, ¿Dónde queda el raciocinio?¿Hasta que punto dependen del criterio formado? El control y adecuación de las especies es asunto de gran calado. ¿Demasiado?

La MASA de los cuerpos en el Universo, con la energía liberada, muestra su presencia, se manifiesta en mayor o menor grado. Continuando con el símil, las agrupaciones sociales ejercerán un impacto determinado según su tamaño, peso específico o masa social. No resulta rara una enérgica presencia en odres pequeños, baste recordar las fisiones atómicas o reacciones similares. La importancia en el conjunto, su significado, es materia de otro fuste. ¿Quién podrá ser el gran calibrador? Países, áreas geográficas, agrupaciones ideológicas, se ofrecen con su enorme riqueza de matices.

Desconcertados, nos acercamos hacia el conocimiento de posibles ORDENAMIENTOS. Con la mención del caos y del misterio, pudiera pensarse en una tranquilidad propia de la ignorancia. Detrás de un aparente orden caótico se avizoran novísimas leyes físicas. Con semejantes precedentes, ¿Quién se atreve a ser contundente al enjuiciar las relaciones interpersonales? Impresiona ese orden subyacente al que sólo accedemos parcialmente. Condenados o premiados a una elaboración permanente de estructuras viables.

Isaac Asimov gustaba de las referencias a la MASA DESAPARECIDA, uno de los fascinantes enigmas universales. Debe constituir algo así como el 99 % de la masa total; por consiguiente se puede detectar exclusivamente un 1 % que permanece asequible. No sabemos a ciencia cierta como está constituida aquella parte desaparecida. Manejando un porcentaje tan exiguo, ¿Alguien se atreverá con presunciones y grandes teorías? Parece una pretensión ridícula. Pues algo así tenemos delante cuando afrontamos las valoraciones de una persona; es incalculable su potencial, ni tan siquiera es medible. No sólo los rasgos subconscientes, su misma biología está plagada de masas de conocimientos desaparecidos. ¿Es una cuestión de tiempo su conocimiento completo? Mucha pretensión es esta a la vista de como se las gasta esa entraña cósmica que es ubicua y escurridiza.

No acertamos dignamente con lo más accesible. No resulta fácil el acierto cuando tratamos los datos aparecidos hasta el presente. Pese a ello, nos resistimos. Tratamos de valernos con los asideros más perentorios, sin acoger a la parte desconocida e irreconocible, como un compañero de fatigas del que nunca podremos separarnos. Nos empecinamos en el dictamen de seguridades, que crujen al mínimo oleaje. Si acaso, las maravillas tecnológicas nos hacen más patente un fondo desaparecido, aún mayor de lo intuido.

Resulta decisiva la dirección de la mirada. Por muy sofisticados que sean los telescopios, aunque dispongan de los sensores más finos y con la mayor potencia; el ENFOQUE del mismo, una dirección determinada, conseguirá que se detecten unas cosas y no otras. Si uno va caminando y se entretiene mirando fijamente a las estrellas, quizá se estampe contra la farola más próxima. Somos observadores más bien modestos ante la inmensidad de los escaparates; ni que discutirlo cuando nos enfrentamos al cosmos, pero emocionante e inabarcable también si perseguimos las características constituyentes de cada individuo. Cualidades, instintos, emociones, pasado, circunstancias.

La dirección del enfoque determinará la información obtenida. La visión de conjunto queda un tanto utópica. Además, si lo intentamos; viendo el conjunto perderemos los detalles particulares. Entre grandezas y pequeñeces transcurre el símil de hoy.

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