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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Misiones de paz, procesos de paz… ¿no será demasiada paz, para morir?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 1 de julio de 2007, 05:46 h (CET)
“In media res” o sea, en román paladino, “el meollo de la cuestión” está en determinar si la política del señor Zapatero se limita a su famosa paz, ésta que nos está haciendo tragar en cada una de sus alocuciones o discursos, venga a cuento o no lo venga, tanto si es en el Parlamento como en la taza del cuarto de baño de su casa; como si fuera una parte inmanente a su propia personalidad, algo de lo que es incapaz de prescindir para poder continuar en su puesto de Presidente del Gobierno; o, también, en el argumento infalible, para deshacerse de las preguntas molestas de la oposición –de aquellas a las que no sabe o no quiere responder,de aquellas que sabe positivamente que no tiene posibilidades de eludir– que se basa en el famoso “ y tú más”. Qué le preguntan sobre las famosos inhibidores, en vez de dar una explicación coherente, se limita a decir que en tiempos del PP los vehículos tampoco los llevaban (se deja en el cajón, el olvidadizo Zapatero, que el PP no mandó a nadie a luchar ni puso a nuestros soldados en una situación tan comprometida como lo están nuestras tropas en el Líbano) Qué se le interroga a cerca de los chanchullos con ETA, responde que el PP le es desleal porque no le apoya. O sea que, ni de causalidad, contesta a lo que se le pide, como si padeciese una distrofia auditiva que le impidiera entender lo que se le pregunta.

Entendámonos, el padre de la criatura es Rodriguez Zapatero, pero no podemos negar que tiene unos discípulos aplicados que han aprendido con suma rapidez a imitarle. Vean, si no, a Rubalcaba, laVice de la Vogue, el Pepiño Blanco (nuestro estimado Pepito Grillo), el tránsfuga que hace méritos, señor López Garrido y l’enfant terrible, nuevo en la plaza, señor Fernández Bermejo, el fiscal de los casos perdidos, poeta y defensor de etarras y demás gentes de mal vivir. Con tal bagaje no es raro que el Gobierno se haya convertido en algo así como una caja de sorpresas de la que tan pronto salen noticias en un sentido como, a las pocas horas, salen otras totalmente contradictorias. Así sucedió con el número de fallecidos en el Líbano que primero fueron cuatro y más tarde seis; o cuando se habló por primera vez de los inhibidores que al principio dijeron que los tenían encargados y no se los habían servido; después que no los podían colocar en los vehículos porque interferían las frecuencias de seguridad, más tarde se afirmó que los que tenían los habían enviado a Afganistán, para acabar enviando a los dos días, a prisa y corriendo, treinta de ellos, para que se colocaran en la unidades en servicio en el Líbano.

Veamos, seamos serios, señor Alonso: si había dificultad para obtener los famosos artilugios ¿cómo, de súbito, aparecen treinta? ¿El milagro de los panes y los peces? Por si éramos pocos salen los del ejército y dicen que “de imprevisión nada, que lo que ocurrió es que no había dinero para comprarlos”. Acabáramos, ya veo lo que ocurrió; seguramente Moratinos debió creer que era más urgente dedicar ochenta millones de euros a financiar la locura de la Alianza de Civilizaciones que dotar de adecuados medios de defensa a nuestras tropas. O, pudiera ser, que fuera más importante que alguna de nuestras ministras se trasladara en helicóptero o que la esposa del Presidente, señora Sonsoles, fuera en compañía de un séquito numeroso para que la cuidaran mientras hacía sus gorgoritos en el extranjero. Pero vean, nosotros en babia, sin saber que nuestros soldados estaban en peligro, ¡tanto decirnos que estaban en misión de paz!, que nos lo habíamos creido y pensábamos que se estaban dando abrazos con los de Al Fatah o con los angelitos de Hammas ¡si seremos cándidos!

Es que en España somos de tan de buena fe. Miren ustedes al señor Rubalcaba y a nuestro bonachón Presidente. Los de ETA les dicen que están dispuestos a tomarles el pelo, con una tregua que les convenía, y ellos ellos entienden que quieren rendirse; les hacen explotar un ingenio en la T4 y ellos se imaginan que les tiran cohetes para celebrar el acuerdo; roban en Francia 350 pistolas y ellos están convencidos de que sólo las querían para hacer prácticas de tiro con botellas. ¡Cómo no confiarse con unos antecedentes tan amigables! Pero miren a los franceses. Ellos, a diferencia de nuestro crédulo Ejecutivo, se mantuvieron alerta durante toda la tregua. Lo han dicho por activa y por pasiva: “ni antes, ni durante, ni después del alto al fuego de ETA bajaron la guardia”. ¡Sí serían desconfiados los gabachos! Y es que, según el juez francés, señor Brugière, “el terrorismo etarra es primordial para Francia”. Fíjense, en el país vecino, donde el terrorismo apenas actúa, están preocupados; en cambio, en España, que hemos sufrido el asesinato de más de ochocientos ciudadanos, nos dedicamos a hacerles el caldo gordo a los etarras, negociamos con ellos, nos ocupamos de que salgan de la cárcel gordos y orondos, reñimos a las familias de las víctimas y al PP, por no ser más caritativos con los criminales etarras, por no querer entregarles Navarra y, nos enfadamos cuando quieren que dejemos de negociar con ellos, para ver si nos dejan algo de España para nosotros. ¡De verdad que somos muy malos!

Y esta es la situación. Hoy pido negociar con ETA y mañana culpo al PP por no querer rendirse ante ella; hoy critico la guerra de Irak en tiempos de Aznar y mañana culpo al PP por resacármelo cuando meto la pata en Irak; hoy miento sobre mis reuniones secretas con ETA y tacho de desleal al PP por no apoyarme en ello, mañana…. La verdad es que no hay quien entienda a los españoles. ¡Pues que esperaban de un gobierno socialistas, revanchista, que busca reescribir la historia de la Guerra Civil y descomponer España en veguerías, como, por cierto piensan hacer en la Catalunya del señor Montilla y el señor Carod. ¡No se rían que se lo digo en serio! Veguerías, que son aquellos territorios que, hace una eternidad, estaban bajo el mando de un veguer (en Castilla: un corregidor) Vean por donde, en Catalunya, en vez de avanzar volvemos a la Edad Media. De aquí a la Inquisición, un paso. Pues, amigos ¡así todo!

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