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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Nada es verdad ni mentira, todo depende del informativo que te lo diga

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 1 de julio de 2007, 05:46 h (CET)
A veces a uno le parece que se ha detenido el tiempo, que los acontecimientos que asoman en la portada de los periódicos o en las entradillas de las televisiones son sucesos mil veces repetidos, casos que ya han ocurrido mucho tiempo atrás, cuando todavía no se te había caído el pelo o la novia de ayer no era la misma novia de mañana.

Cansa. Aburre. Hastía la repetición de sucesos a lo largo de una vida. ¿Cómo se llamaba aquella popular peli en que un periodista se levantaba, vez tras vez, en la misma mañana del mismo día, saludando siempre en el mismo sitio a las mismas personas, repitiendo todas y cada una de sus vivencias hasta que purgó su mala uva? Pues eso, que algún pecado debo estar pagando yo cuando lo más zarrapastroso del mundo en el que vivo parece estar repitiéndose una tras otra vez. Odio la zafiedad de algunos medios de comunicación, odio la simpleza de todos y la vulgaridad de los que protagonizan las portadas. Y zafiedad, simpleza y vulgaridad se repiten a mi alrededor sin pararse a comprobar que la vida me acogota hasta al ahogamiento.

Cuando llega el final de agosto todas las monotemáticas televisiones nos lanzan los mismos avisos publicitarios uno tras otro: colecciones de coleccionables, coleccionables de fascículos, fascículos de camiones, camiones de montar, montar barcos de vela, velas decorativas, decorar casas de muñecas, muñecas de época. Época de tortura que se repite para anunciarnos que llega el invierno, que mejor nos quedemos en casita, entretenidos en nuestras colecciones por piezas, monta que te monta casitas antiguas, ejércitos, aviones y dedales de porcelana. Odio esa temporada a fascículo limpio, me asusta y me acompleja.

Pues eso me pasa actualmente cuando me pongo a leer los periódicos del día y descubro que es, ¡otra vez!, el día del orgullo gay. Oiga, oiga, ¿pero esto no fue la semana pasada? ¿Y hace un mes, tampoco? Y me pasa cada vez que llega la época de vacaciones y la D. G. T. nos dice que las carreteras están llenas y debemos circular con precaución, cuando uno simplemente se conformaría con circular. O me pasa cuando leo en la prensa de hoy mismo que las Spice Girls atacan de nuevo. Óigame, buen hombre, ¿pero estas chavalas (¿chavalas?), a ver que echo cuentas..., no son aquellas de cuando nació mi hija...? Y mi hija tiene... Que es que además va Chile y condecora a Jesús de Polanco con la Gran Cruz de la Orden al Mérito. ¿Esto no ocurrió ya hace treinta años? ¿Seguro que no me engañan? ¿Esto no es aquello mismo que hacía aquel gallego bajito con gorra de plato que mandaba mucho?

¿Seguro que no “avanzamos” hacia atrás? ¿Seguro que no nos están rebobinando? Que hay extraterrestres con muy mala leche y no sabemos lo que se puede esperar de ellos... Porque una de dos, o el tiempo se ha detenido o retrocedemos a vivir otra vez momentos ya pasados, seguramente porque cometimos algún pecado y no podemos adelantar en el calendario hasta que no reparemos los perniciosos efectos de nuestros nefandos actos. La vida empieza a ser tan repetitiva como una película española actual: mil veces la misma historia de la guerra civil, de la posguerra incivil o del franquismo militar. Y vuelta a empezar.

Aunque a veces, sólo a veces, uno recibe de pronto una bocanada de aire fresco que le vuelve súbitamente a la realidad, un chorro de vitalidad que le reconforta y le anima a soportar mejor este mundo cruel, en el que nada es verdad ni mentira, todo depende del informativo que te lo diga. Y esa inyección de dinamismo vital ha venido en esta ocasión de una presentadora de un informativo, Mika Brzezinski, de la cadena MSNBC, que se negó a dar una noticia de prensa rosa como noticia más importante en la cabecera de su programa. En vez de leerla, la presentadora proporcionó un sencillo ejemplo a sus colegas de la prensa del corazón: introdujo el folio de la noticia en una trituradora.

Y a otra cosa mariposa, y el tiempo se aceleró y de pronto llegamos a la hora de la dignidad.

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