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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Juvenil es aquel que acepta su edad

José Vicente Cobo
Vida Universal
sábado, 30 de junio de 2007, 10:39 h (CET)
Es una ley de la naturaleza que el rendi­mien­to del cuerpo va cediendo con los años. Sin em­bargo, el es­píritu permanece despierto y per­manece vivo en lo más interno de la persona. Quien no haya dejado nun­ca de exigirse a sí mis­mo, considerando y aceptando los acon­teci­mien­tos del día como tareas y como pasos de apren­di­zaje, en la edad avanzada encontrará una reno­vación espiritual y experimentará la reali­dad, con la que se gana vida.

Nunca es demasiado tarde para encontrar lo bueno en uno mismo, pues la vida no viene des­de el exterior, sino desde el interior. La verdadera vida nos regala paz y certeza inernas, que enriquecen en calidad de vida a la persona. El entender, analizar y vivir el día otorga seguridad interna y fascinación. Este es el camino hacia el Reino de Dios, pues toda persona es sólo huésped en esta Tierra.

Si las personas jóvenes también piensan que disponen de muchos años para reflexionar sobre la vida y sobre la vejez, sería aconsejable de vez en cuando reflexionar en que para cada uno vendrá la hora en la que el alma partirá de la Tierra. Nadie sabe cuándo llegará ese instante, si será en los años de juventud o en la vejez. Quien considere esto, ya en los años de juventud se preguntará qué significa el crecer y el madurar espiritualmente.

Jesús, el Cristo, da a jóvenes y mayores una ayuda inapreciable que cualquiera puede comprender: Lo que no quieres que te hagan a ti, no se lo hagas tampoco tú a nadie. La vida de quien tome en cuenta esta genial regla para la vida, la integre en su forma de pensar y de comportarse, haciendo que ésta se convierta en modelo para su vida, será una vida rica en experiencias. Los sentidos, el talante y el estilo de vida de quien se atenga a esta enseñanza, se irán volviendo más finos. En su mundo de pensamientos se pondrán entonces de manifiesto las sabidurías de vida que hacen que la vida sea más rica. Las personas que aplican esta regla para la vida nunca se sentirán carentes de hogar, y en la vejez tampoco se volverán tristes ni amargadas, en espera de la hora de su muerte.

Es ley natural que la juventud se acabe. Sin embargo, el ser juvenil es propio de las personas de edad que en su juventud comprendieron que envejecer en ningún caso significa ser viejo y que marchitarse en ningún caso significa debilidad mental. Aunque con los años el vigor del cuero vaya cediendo, el Espíritu eterno no se ve afectado por ello.

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