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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

EEUU está descongelando al homo sovieticus

Ben Tanosborn
Redacción
sábado, 30 de junio de 2007, 09:51 h (CET)
Señor Putin, ¿como se le ocurre esa tontería de compartir la estación de radar en Azerbaiyán con EEUU? Asumimos que nos está tomando el pelo, pero la realidad es que nuestro augusto caudillo ha tomado una decisión de la cual no puede echarse atrás. Aunque probablemente se originó en las cabezas de chorlito de los ideólogos que le rodean – y que llevan las riendas del Pentágono – podemos tener la certeza de que Bush permanecerá fiel a esa decisión durante el resto de su presidencia.

Después del comentario de Putin durante la Cumbre G8, fuese o no hecha la propuesta en broma, necesité ponerme al corriente de lo que esa estación de radar significaría como punto de acuerdo. Y quien mejor para informarme que Anar Orujov, un periodista amigo en Azerbaiyán jefe del Centro Caucásico de Investigaciones Mediáticas en Baku.

Anar no tardó en convencerme que la sugerencia de Putin era, según él, “irreal e irónica”. Pero fue su concienzudo análisis y amplios conocimientos de las relaciones entre su país y Rusia, tras el desmoronamiento de la Unión Soviética, que me llevo a pensar en la posibilidad de una nueva era en seguridad colectiva para esa parte del globo, dado lo que está ocurriendo en las otras antiguas republicas soviéticas – con la excepción de los estados bálticos que en realidad nunca estuvieron a gusto en el rebaño comunista no obstante su considerable minoría rusófila.

Lo que cada día aparenta ser mas obvio, y algo que probablemente se reafirmará en la visita de Putin a Bush este julio en su alojamiento estival de Maine, es la postura firme del liderazgo ruso en no permitir ser intimidados. Y ese juego de gato y ratón de una renovada, aunque mas sutil guerra fría, siendo la Unión Europea quien tendrá mas que perder… no solo en lo militar, con sus ciudades programadas en los misiles nucleares rusos, sino también en lo económico.

La posibilidad de compartir las instalaciones de radar en Azerbaiyán fue una forma diplomática en que Rusia dijo a EEUU: “no nos acorraléis; trabajemos juntos sobre una misma base, pero no importa lo que decidáis en vuestra omnipotencia, no se os ocurra pisarnos”. Esto se ha dicho en un lenguaje que no ha dejado lugar a dudas; no solo por el jefe de estado ruso en la Cumbre G8, sino también por su ministro de relaciones exteriores, Sergei Lavrov; el segundo a bordo en exteriores, Sergei Kislyak; y el máximo jefe militar ruso, Yuri Baluyevski. Y lo han gritado al mundo entero en un periodo de apenas dos semanas. No creemos que los rusos tengan que aclarar mas las cosas, ni recurrir a escenas como aquella de Khrushchev hace cuatro décadas golpeando la mesa en la ONU con zapato en mano.

Probablemente los líderes elitistas estadounidenses se sientan bien al desplegar sus vistosas plumas en un baile guerrero sin respuesta. Ya han pasado dieciséis años desde aquel silencioso e informal armisticio entre capitalismo y comunismo; así es que no hay motivo para que se les recuerde constantemente quien domina. ¿Acaso no fue suficiente que la estrategia económica norteamericana de “shock and awe” en el cambio fuese innecesariamente severa y dolorosa para la población soviética? ¿Qué el gobierno estadounidense, directa o indirectamente, ayudase a crear una sociedad capitalista donde la riqueza comunal terminó en manos de “apparatchiks” soviéticos y oligarcas oportunistas en un proceso de privatización que fue un triste chiste – mas o menos lo que ha ocurrido en Irak durante la Ocupación?

Y, por si eso fuese poco, EEUU tuvo que asegurarse que la ruptura del “imperio” fuera completa; influenciando también en las disensiones internas para distanciar a varias republicas de Rusia… todo eso bajo el estandarte de “democracia y libertad” que fue a menudo una tapadera para que la CIA consiguiera su presa. Todo ha trascurrido con EEUU influenciando en las “revoluciones de color”, conflictos separatistas y hasta en las organizaciones regionales.

Estados Unidos pudo enterrar al homo sovieticus bajo un glacial de hielo sin que hubiese resistencia. Pero ahora parece que estamos viviendo un despertar no solo en Rusia sino también en las republicas hermanas; un calentamiento regional ayudado por nuestra arrogante retórica que está derritiendo el glacial, descongelando en vida al homo sovieticus.

Muchas de estas antiguas republicas soviéticas han tratado por años de usar la carta de enfrentamiento entre EEUU y Rusia para obtener soluciones favorables acerca de sus libertades así como en temas de significado histórico, como por ejemplo la disputa entre Azerbaiyán y Armenia sobre Garabakh. Y aunque el nivel de “chantaje” sea leve aun existe, estas republicas se están dando cuenta que esto ha llegado a su fin, ya que la economía estadounidense se desenmascara como nación acreedora-adicta, y débil potencia militar (como fuerza convencional) incapaz de dominar a una nación con una población de menos de treinta millones. Por lo tanto tiene lógica el que casi todas estas naciones reconsideren su acercamiento a Rusia. Su vuelta al rebaño.

Putin se está dando cuenta como el Occidente mide la riqueza y productividad para sus propios fines. Y las cifras del FMI (Fondo Monetario Internacional) que pone el producto bruto de Rusia un 20% mas bajo que el de España (con una población menos de un tercio de la rusa) – como ejemplo – trae el cuestionar la validez de cómo se mide el valor de productos y servicios; el significado de diferentes monedas y tipo de cambio.

Rusia y las once republicas vecinas, ahora políticamente separadas – Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Kazajstán, Kyrgyzstan, Moldavia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán – aunque solo representen apenas poco mas del 4% de la población mundial, tienen recursos naturales que probablemente superen al 15% de los recursos mundiales aunque a este antiguo bloque soviético solo se le atribuya el 2,6% del producto bruto mundial.

Quizás el homo sovieticus necesite recibir un segundo bautizo, y que se le de otro nombre. Quizás sus tiernos comienzos socialistas puedan traernos un capitalismo mas gentil y humano, algo que nos de la opción de mudarnos esta piel callosa de capitalismo de rapiña.

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