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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Mª de la Pau, niña rica sin juguete

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 28 de junio de 2007, 22:35 h (CET)
En el negociado de la política también tienen cabida los caprichosos y los niños y niñas malcriados a los que se les consienten todos sus caprichos. Hace algunos años, tal vez dos o tres legislaturas atrás, Baltasar Garzón ya era un juez estrella y mediático al que tan sólo faltaba, quizás para completar su ego, dar el salto a la política, y lo intentó agarrado a la rosa socialista que, hasta esa fecha, andaba de victoria en victoria. Garzón fue consciente que el puente que le podía llevar de la Audiencia Nacional al Ministerio de Justicia pasaba por agarrarse con fuerza al rosado capullo socialista y así lo hizo. Pero el encargado de repartir poltronas, prebendas y sillones ministeriales debía tener el cupo cubierto por aquel entonces y el “juez de jueces” y “martillo de etarras” se quedó con la miel en la boca y sin un triste sillón ministerial en el que asentar sus posaderas.

María de la Pau Janer también ha sentido la llamada de la política. Sus deseos de poner sus conocimientos al servicio de los ciudadanos de las Baleares la llevó hace unos meses, después de un largo periplo de cambios de chaqueta, a aspirar a un escaño de diputada en el Parlamento balear acogida a la sombra de las alas de la gaviota del pepé. Esta agraciada joven estaba deseosa de ampliar horizontes, su traje de escritora galardonada, incluso con un polémico Planeta, andaba reventando por las costuras y pensó que junto a Jaume Matas, en aquellos días presidente del Consell balear, podría conseguir un terno de política con unas costuras mucho más amplias.

Pero, se equivocó, como la paloma de Alberti, y en esta ocasión apostó al caballo perdedor. Su amigo y valedor ante el resto del Partido Popular, Jaume Matas, no alcanzó la tan deseada y cacareada mayoría absoluta y Maria de la Pau Janer vio como sus deseos de sentar sus excelsas nalgas en un sillón del Gobierno balear volaban tan etéreos como el gas que se escapaba por el cuello de las botellas de cava que, incluso algunos militantes populares, destaparon para celebrar que la escritora seguiría escribiendo en lugar de firmar decretos y ordenes.

Y es que esta joven y galardonada escritora, y política por poco tiempo, tiene una visión totalmente mercantil de su proyección pública. Y, claro, no es lo mismo, incluso a efectos pecuniarios, ser simple diputada de a pie que Consellera de alguna cosa. Así que Maria de la Pau se ha vuelto a su casa con ese mohín que lucen en la cara los niños malcriados cuando se les niega algún caprichito. Ella, que hace algunos años había coqueteado con el socialismo sin ser admitida en sus filas y que, hasta hace poco, era la denominada musa del nacionalismo convergente, ha visto con estupor como la gaviota se le ha cagado, con perdón, en su precioso traje al último grito mandándola a sentarse, otra vez, ante la pantalla del ordenador.

Con su marcha son muchos los militantes y votantes del Partido Popular que han dado un amplio respiro. La verdad es que Maria de la Pau, Chanel” la llamaban algunos, nunca fue santo de la devoción de un amplio sector de los seguidores del pájaro carroñero, la gaviota, no Aznar. Durante el recuento de los votos fueron muchas las papeletas del Partido Popular que aparecieron con el nombre de la escritora tachado e incluso en algunas los votantes, se supone que populares, escribieron expresiones subidas de tono contra ella. Desde que se anunció su incorporación a las listas electorales nunca fue bien recibida. Para unos era demasiado nacionalista y para otros no dejaba de ser una arribista en busca de poder y gloria.Y esto tal vez se ha notado a la hora de votar más que la corrupción urbanística de Andratx.

Los votantes, que siempre tienen razón aunque se equivoquen, han dado un toque de aviso a los políticos de todos los colores tanto con su amplia abstención, hartos de estériles luchas entre los contendientes políticos de turno, como con el castigo a aspirantes a diputado que tan sólo quieren engrandecer su ego. María de la Pau, que nunca ha querido jugar en el bando perdedor, esta vez ha perdido y, en consecuencia, se ha bajado del barco junto con el capitán, Jaume Matas, que tampoco ha digerido bien el tener que pasar a la oposición. Pobre niña rica sin su último juguete.

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