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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Tarde de toros, tarde de muerte

Núria Querol i Viñas
Redacción
miércoles, 27 de junio de 2007, 17:27 h (CET)
He leído con sorpresa el beligerante artículo de Remedios Falguera en que hace apología en contra del aborto y, como si fueran sinónimos, critica a los que defendemos el respeto por los intereses de los animales.

No sé si Remedios critica a todo aquel que hace cualquier actividad que no sea defender lo que ella tan fervientemente cree o tiene una especial ojeriza contra los defensores de los animales. Ciertamente me intriga si también nos critica cuando nos manifestamos contra la guerra, ayudamos a mujeres maltratadas, ancianos frágiles o a niños discapacitados...Porque ahí radica la cuestión de fondo: la consideración especial que merecen los que no pueden defenderse por sí mismos. Remedios hace afirmaciones gratuítas y no fundadas en ningún estudio científico (ni observación personal, por lo que veo), como que los otros animales (sí, porque nosotros, somos animales) no tienen conciencia ni voluntad ni noción del bien ni del mal. Me huele a tintes cartesianos, sólo me faltaba leer que los animales son máquinas que no sienten nada y que reaccionan a estímulos como lo haría un autómata. Prestigiosas revistas científicas como Science publican constantemente estudios sobre las capacidades cognitivas, emocionales e incluso morales de los animales, con lo que esta aparente línea divisoria no es tal. En cualquier caso... ¿qué sucedería si los animales no tuvieran conciencia o voluntad? (que no es cierto) ¿Qué sucede entonces con los enfermos mentales, los niños, las personas en coma irreversible? Carecen de esa supuesta esencia humana que Remedios defiende, pero sí que tienen en común con nosotros y el resto de animales, la capacidad de sufrir, sentir miedo y dolor, pero también de sentir placer y alegría. ¡Qué irónico que los humanos nos montemos una fiesta a expensas de la vida de animales pero decidamos que hay cosas más importantes que hacer! Remedios lanzaba una pregunta, y yo le formulo otra: usted se enfada con los que vamos a las manifestaciones antitaurinas pero no con los que el mismo día a la misma hora: iban al cine, estaban haciendo la siesta, jugaban a ping pong, iban en bici, hacían madalenas, probaban la nueva consola, etc. etc. etc. ¿por qué?

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