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Países centroasiáticos bajo amenaza común

Fajriddín Nizámov
Redacción
martes, 26 de junio de 2007, 22:02 h (CET)
Según evidencia la presente época, la seguridad de tal o cual región depende no sólo de los factores internos. Los elementos desestabilizadores registrados en algunos Estados, incluyendo el separatismo, los problemas interétnicos o el menoscabo de los derechos políticos se explotan hábilmente por los grandes jugadores geopolíticos ansiosos de reforzar su influencia. Al mismo tiempo, con frecuencia las consignas políticas y la propaganda de los valores occidentales están velando los intereses netamente económicos. Pero también las regiones que son objeto de fuertes presiones, emprenden contramedidas. Si el Sudeste Asiático respondió con "valores asiáticos" y Rusia, con la democracia soberana, pues, a veces, los países centroasiáticos dan pasos presurosos hacia la idea nacional. Esta presura fue justificada, ya que persigue el objetivo de lograr en breve la inmunidad contra el influjo tanto del fundamentalismo regresivo (religioso), como del progresista, laico (ateo).

Así el redactor jefe del periódico "The Asian Age", Mubashar Javed Akbar, caracteriza las actuales amenazas ideológicas que arrostran los países de la región centroasiática. Naturalmente, los reproches de "fundamentalismo democrático" no son de agrado para los adeptos de exportar los valores occidentales. Conscientes de que no tiene futuro la democracia desligada de las tradiciones nacionales, los sentimientos religiosos y la mentalidad, persisten en su esfuerzo. En muchos casos, ofensiva afecta a la seguridad de muchas regiones, incluida el Asia Central.

El experto indio, Ramakant Dwiwedi, estima que a veces el influjo desde fuera sirve a renovar el sistema interno y a consolidar las fuerzas que se enfrentan a las amenazas externas e internas, las que se hallan interrelacionadas y requieren enfoque íntegro y aporte de todas las partes sin excepción a la elaboración de una postura común.

Actualmente, la Región Centroasiática (RCA), como un todo único, de hecho no está preparada para dar réplica adecuada a los desafíos y riesgos contemporáneos. Tal situación pone en guardia, ya que en el futuro, según pronósticos, la amenaza a la seguridad, tanto regional como global, acusará una estable tendencia a acentuarse, especialmente en caso de la probable crisis en torno a Irán y si los problemas iraquí y afgano sigan pendientes de solución. Al mismo tiempo, bajo presión de las amenazas externas e internas, la propia Asia Central podrá devenir objeto de graves secuelas desestabilizantes.

La RCA no puede aún oponerse debidamente a estos procesos. Por el momento, sólo existe la posibilidad de minimizar la influencia de los fenómenos negativos en el área. Ante todo, es necesario intensificar los esfuerzos mutuos de los Estados centroasiáticos. Este proceso podría ser protagonizado por tales estructuras regionales como la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y la de Cooperación de Shanghai.

Para nadie es un secreto que cada república de la región determina su política exterior e interior teniendo en cuenta los intereses nacionales, la situación geográfica y la afinidad cultural con los países del área. Ante los ojos del mundo nacen los conceptos tales como "pragmatismo neutral", "espacio multivectorial", y así por el estilo. Desde el punto de vista de los intereses nacionales es un fenómeno común y corriente, pero suscita cierta alarma teniendo en cuenta la seguridad nacional. La falta de coordinación y las orientaciones distintas de los países centroasiáticos abonan el terreno para el recrudecimiento de la lucha geopolítica de los centros de fuerza externos. Además, esto se refiere no sólo a las grandes potencias, sino también a las asociaciones terroristas internacionales y grandes agrupaciones criminales especializadas en narcotráfico.

Por paradójico que parezca, al igual que a principios de los 90, los países occidentales, dependiendo más que nadie del suministro de agentes energéticos centroasiáticos, no dejan de plantear exigencias políticas y, como suelen decir las élites políticas locales, "confunden la velocidad con el tocino". Aunque la experiencia de Georgia, Ucrania y muy especialmente de Kirguizistán demostró que las "revoluciones de color" no pueden servir de mecanismo eficiente, capaz de asegurar el desarrollo. Ellas empujan a la sociedad a la vorágine de lucha permanente de las fuerzas políticas por el poder. Esa lucha se convierte en factor desestabilizante incapaz de atenuar uno de los peligros principales: el atraso económico y la miseria que padece la mayoría de la población. Para lograr el bienestar se precisan disciplina y estabilidad. Tal vez, desde la óptica de los valores democráticos esta afirmación sea dudosa, pero así es la realidad dura que vive el área.

Por esto Rusia, la India y China se apresuran a invertir capitales en la región y ofrecer proyectos económicos recíprocamente ventajosos. Procede señalar en especial que últimamente Paquistán intensifica también sus actividades. Si hasta ahora el único factor que obstaculizaba el desarrollo de las relaciones normales, ha sido la existencia de agrupaciones terroristas en los territorios limítrofes con Afganistán, poniendo bajo amenaza la seguridad del Asia Central, pues hoy merecen comentarios muy positivos los recientes intentos de desplazarlas de allí. Lo testimonia el acuerdo concluido entre Uzbekistán, Kazajstán, Afganistán y Paquistán de construir un ferrocarril desde el Termez uzbeko hasta el Peshawar paquistaní vía Kabul. Por su parte, China planea construir un tramo del ferrocarril que unirá sus regiones occidentales con Kirguizistán y Uzbekistán. De tal modo, los ricos recursos energéticos de esa región atraen no sólo a los países de Occidente.

A este respecto conviene mencionar el factor desestabilizador afgano. Las tropas de la ISAF pasan por alto las peculiaridades locales, lo que hace siempre menos probables los resultados de su permanencia en éste. Surge la impresión que los países occidentales, en primer lugar, EEUU, no combaten el terrorismo, sino que tratan de justificar su estancia en ese país. Como resultado, los afganos cansados de esperar cierto alivio y mejora de su vida, se están pasando al bando de talibanes. Además, según algunas conjeturas, Occidente impulsa al gobierno de Karzai a concertar paz con Talibán. Pero si Talibán recupera el poder, después de evacuadas las fuerzas de la coalición antiterrorista, Afganistán podrá convertirse en un foco de tensión más grande aún. En primer lugar, eso afectará a las repúblicas independientes del Asia Central. En opinión de expertos militares, estas se ven obligadas a aumentar sus gastos relacionados con la garantía de la seguridad. Es poco probable que esas medidas surtan efecto.

En resumen, los pronósticos de expertos respecto a la estabilidad regional carecen de optimismo. Sin embargo, no se debe olvidar que la arquitectura de la seguridad del Asia Central está en proceso de formación. Es un proceso muy doloroso por varias razones. En primer lugar, se precisan confianza mutua y concesiones, lo que los líderes de esos Estados no siempre se muestran dispuestos a aceptar. Este hecho lleva a complicar otra tarea: la de armonizar los intereses nacionales de todas las partes que a veces se contradicen. La elaboración de una política concordada depende en muchos aspectos del equilibro de intereses de los jugadores externos, siendo distinto, además, el grado de su influencia. Para resolver ese cúmulo de problemas hay que intensificar las actividades de las estructuras regionales. Pues, la seguridad de cada país es inconcebible sin ser garantizada a nivel centroasiático en su conjunto.

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Fajriddín Nizámov, miembro del Consejo de Expertos de RIA Novosti.

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