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La Alhambra de Granada

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
martes, 26 de junio de 2007, 22:02 h (CET)
El diario gratuito 20 minutos del 21 de junio, que se reparte en Granada, recoge en su primera página y con grandes titulares, la noticia de que los musulmanes que viven en la ciudad reclaman su “derecho” a participar en la gestión del monumento. Simultáneamente en Córdoba otros musulmanes reclaman la memoria histórica andalusí y que se le conceda la nacionalidad española a los musulmanes descendientes de los que salieron de España en 1609, dentro del espíritu de la alianza de civilizaciones que promueve el incomparable Rodríguez Zapatero.

No debemos olvidar que la Alhambra y la Mezquita de Córdoba subsisten gracias a que los reyes cristianos ordenaron conservar ambos monumentos, cosa que no hicieron los musulmanes con los monumentos religiosos que encontraron cuando su invasión del siglo VIII. Nada quedó de la sede sevillana de San Isidoro ni del Toledo de los Concilios, ni de la Elvira de San Gregorio. En el bosque de columnas de la mezquita pueden encontrarse las que correspondieron a templos cristianos derribados y reutilizadas.

La historia del periodo musulmán está más que estudiada y al alcance de cualquiera las obras de Dozy, Sánchez de Albornoz, Lafuente o Domínguez Ortiz. La memoria histórica que seguramente quisieran fabricar, sería selectiva y por tanto falsa, dedicada a ser utilizada políticamente hoy. Desde la caída de Almanzor al comenzar el siglo XI, toda la historia musulmana es una sucesión de guerras entre los reinos de taifas en los que el asesinato era con frecuencia el sistema de sucesión. Reinos de taifas luchando entre sí y pidiendo ayuda a tribus africanas o a reyes cristianos. Si la Córdoba de los Omeyas tuvo días de esplendor también tuvo días de sangre y matanzas de cristianos. Es mejor que la historia sea el campo de investigación de los historiadores, que material para la batalla política.

Por otro lado, las relaciones entre distintos pueblos tienen que regirse por el principio de reciprocidad y no es admisible que los países musulmanes tengan absolutamente prohibido y perseguido el culto cristiano mientras aquí se les deja construir mezquitas. Mezquitas pagadas, al parecer, por la monarquía saudita, a la que se le concedió hace unos días, nada menos, que el Toisón de Oro. El Emperador Carlos seguramente se habrá removido de indignación en su tumba, como los Reyes Católicos lo habrán hecho en la Capilla Real de Granada con la reclamación de “derechos musulmanes” sobre la Alhambra.

No es que me haya cogido por sorpresa. Desde que comenzó en Granada la campaña para que la Alhambra sea declarada maravilla del mundo, me lo estaba temiendo, ya que cada vez hay más musulmanes entre nosotros que no parecen muy dispuestos a aceptar los valores culturales españoles, sino a inculcar a sus hijos “todo esto era nuestro y nos lo quitaron los cristianos” e imponer le teocracia del Corán a poco que nos descuidemos y siga Rodríguez Zapatero con el embeleco de la alianza de civilizaciones.

A mi me pareció sospechoso que a golpe de teléfono o mensaje SMS pudiera proclamarse como maravilla del mundo a cualquier monumento, como si se tratara de la “Operación Triunfo” o el programa “Mira quién baila” de TVE. Las llamadas y mensajes son un negocio y alguien cobrará los beneficios.

Encandilados por lo que tal declaración pueda beneficiar a nuestro turismo, todo el mundo se ha lanzado a votar, tantas veces como quiera, lo que no deja de ser un extraño sistema, pero la UNESCO ya ha advertido que no patrocina el invento de las siete maravillas que ha lanzado un suizo llamado Weber. Afortunadamente hay muchas más maravillas de siete en el mundo y en España las tenemos por docenas.

Y volviendo a la Alhambra, gestionada hoy por la Junta de Andalucía, veremos a ver si no terminan otorgando a los musulmanes que viven en Granada más derechos que a los granadinos cristianos que no tenemos privilegio alguno si queremos visitarla.

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