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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Por qué callan aquellos que gritaron contra la guerra de Irak?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 26 de junio de 2007, 22:02 h (CET)
Recuerdo haber comentado, en una ocasión, sobre la situación de nuestros soldados destinados a otros países, y haber advertido de que existía la posibilidad, estando en misiones de gran riesgo, de que se produjera lo que, por desgracia, acaba de ocurrir con un grupo de nuestros soldados en El Líbano. La muerte en combate de estos jóvenes, que no asesinato ni homicidio ni ninguna de estas zarandajas que quiere que nos traguemos la prensa del señor Polanco o, todavía peor, lo que el propio diario El País que se atreve a definir el hecho como mero “suceso”; nos debe hacer reflexionar, a los ciudadanos de a pie, sobre la trascendencia de la misión que están desempeñando nuestros jóvenes en aquellas lejanas tierras de Afganistán y el Líbano. Lo cierto es que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno para disimularlas, hemos tenido bajas en ambas regiones sin que parezca que les preocupe demasiado. La pérdida de seis muchachos de nuestro ejército –aparte del dolor que nos produce tal noticia y de dar nuestro más sentido pesame a sus familias – nos debe de hacer recordar la actitud de los que ahora están en el poder, o sea, el PSOE, cuando Aznar envió a nuestras tropas al Irak; no a luchar contra las tropas de Saddam Husein – como sucedió en la guerra del Golfo, bajo el gobierno de Felipe González–, sino a instalar, en la retaguardia, un hospital militar en el que se atendieron indistintamente a heridos de guerra y a la población civil. Aquello sí fue una misión de paz, en la que no se produjo ninguna baja entre las unidades asentadas en aquella tierra. Sin embargo, el señor Zapatero y los suyos movilizaron a la ciudadanía para que saliera a las calles, hiciera caceroladas y se manifestara con hostilidad contra “un gobierno que enviaba a morir a sus hombres”. Tanto lucho, tanto intrigó y encizañó en contra del PP que, ayudado por la oportuna “coíncidencia” de la masacre del 11-M, consiguió hacerse con el gobierno de la nación, su objetivo prioritario.

Vean lo que está ocurriendo cuando se han vuelto las tornas. Lo que antes era una guerra ilegítima contra Irak ahora se ha convertido, en Afganistán, en una misión de paz contra los “terroristas; lo que antes era un crimen contra nuestros soldados ahora es un honor que vayan a morir por los intereses de la ONU; lo que antes significaba una intromisión en la soberanía de una nación pacífica ahora, por contra, es una buena obra para salvarlos de su propio pueblo en armas. Porque, veamos si aclaramos los términos para no liarnos más de lo que ya lo estamos: estos actos, que ellos llaman terroristas, se producen cuando dos ejércitos perfectamente armados (israelíes y palestinos; Hamas y Al Fatah o Fatah Al Islam y el ejército libanés), –que no simples grupos terroristan que actúan en la clandestinidad a salto de mata –, utilizando técnicas que se emplean en todos las guerras modernas, se enfrentan entre ellos o, como sucede en Líbano, combaten a la vez que con el ejército regular y con Israel y, de carambola, con nuestras unidades. No cuela el que digan que son meros actos terroristas, porque estás técnicas de emboscada ya se utilizaron en la segunda Guerra Mundial (1939); y hoy se enseña en el ejército como guerra de guerrillas. El calificar de acto terrorista el que una mina o un coche bomba destruya un vehículo militar, es intentar hurtar a los españoles el hecho incuestionable de que tanto en Afganistan como en El Líbano hay una guerra entre dos ejércitos, como ha quedado plenamente demostrado en las últimas luchas entre los palestinos y los israelíes. Qué la guerra moderna es distinta de nuestra guerra civil, por supuesto, y también lo es de la del Golfo; porque las técnicas cambian y las estrategias también.No obstante, y aunque el reguero de víctimas, admitidas y camufladas, va adquiriendo proporciones importantes, no creo que haya, hoy en día, nadie que dude que estamos entre dos bandos beligerantes. Que el Gobierno y los que le apoyan están intentando legitimar la presencia de tropas en el extranjero y deslegitimar a las que acudieron a Irak, es evidente. Arguyen que la ONU no se había pronunciado sobre el tema – aunque, más tarde, sí lo hizo dándoles su apoyo– pero ello no justifica la espantada de Zapatero, retirando las tropas antes del plazo previsto, indisponiéndose temerariamente con los EEUU. Una jugada política infame y desleal de la que sacó su provecho.

El “no a la guerra”, el “Aznar criminal” o “la derechona fascista”, que fueron armas arrojadizas contra el anterior gobierno; ahora, curiosamente, y para asombro de propios y extraños, no se han vuelto a escuchar en las filas de las izquierdas. Sí hay víctimas, entre las tropas que tenemos repartidas por varias naciones, parece que nadie se extraña y tampoco lo lamenta, al menos públicamente. ¿Valen menos las vidas de estos soldados que las de los que se enviaron a Irak, para que se justifique este cambio de actitud? ¿Es que, acaso, el gobierno socialista del señor Zapatero ha mentido a la gente que le votó cuando aseguró que no habría más soldados fuera de España? Por cierto ¿qué fue de las damas blancas? ¿Dónde está la familia Bardem, y toda la farándula que la seguía y jaleaba? ¿Qué pasa con el “no a la guerra” y la petición urgente de repatriación de nuestros soldados? Nada, silencio ominoso, no es momento de chistar, hay que apoyar al Gobierno del que dependemos, y no hay que dar bazas a los “fascistas” del PP.Es una actitud deneznable que nos produce vergüenza ajena.

Porque, no es que estemos en contra del envío de efectivos en misiones de guerra, cuando estén justificadas, pero si lo estamos de que se utilice el fariseismo y el maniqueismo cuando se trata de atacar a un gobierno legítimo, con el único objeto de hacerlo caer y luego, cuando las circunstancias cambian y le conviene al Ejecutivo de turno, se olviden de aquello que criticaron para caer en lo mismo. Es el lema de la izquierda: la mentira y la deslealtad. Están instalados en el “todo vale” para lograr sus fines, no les importa segar la hierba debajo del adversario, enlodarlo e injuriarlo, pero se guardan muy bien de criticar a los de su propio partido. Vean ustedes el mutismo ante el vergonzoso affaire de las clandestinas negociaciones con ETA, lo de De Juana Chaos, lo de la ANV, lo de la Opa de Endesa… da lo mismo, ¡todo por la causa!, ¡hay que acabar con los fascistas! Algunos nos acordamos: lo mismo que en febrero de 1936.

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