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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

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Remedios Falaguera
Remedios Falaguera
martes, 26 de junio de 2007, 18:09 h (CET)
La semana pasada el cardenal Renato Martino, presidente del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, sugirió a los fieles de la Iglesia Católica que retiraran todo su apoyo a Amnistía Internacional por favorecer las políticas abortivas en casos de violación o peligro para la salud de la madre.

Siempre he considerado que el trabajo de Amnistía Internacional -fundada en 1961 por Peter Benenson, británico católico- es encomiable. Siempre he apoyado sus “llamadas urgentes” relacionadas con la defensa de los derechos humanos vulnerados en muchos países del mundo. Siempre he buscado colaboración económica entre mis amigos para alguno de sus proyectos. Siempre, hasta ahora.

Porque si no cambian de actitud, si no defienden el primer derecho fundamental- el DERECHO A LA VIDA DESDE SU CONCEPCIÓN-yo y muchos otros, sentiremos en lo más profundo del corazón no seguir a su lado por incoherencia de sus principios. Esto es, si no cumplen los objetivos que nos presentan en su web: “En Amnistía Internacional trabajamos en todo el mundo para luchar contra los abusos de los derechos humanos y para cambiar las leyes que en algunas ocasiones tratan de legitimarlos….Nuestra misión consiste en realizar labores de investigación y acción centradas en impedir y poner fin a la discriminación y a los abusos graves contra el derecho a la integridad física y mental, a la libertad de conciencia y de expresión”.

Amnistía Internacional ha entrado en una grave contradicción, en un desprestigio, con consecuencias peligrosas en las ayudas voluntarias y en las aportaciones económicas para sus proyectos. Su incoherencia, su doble moral hace que nos preguntemos: ¿para qué apoyar a Amnistía Internacional si no mantiene una unidad “pensamiento, palabra y obras” que la haga creíble?

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