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Todo se puede creer…

Pascual Falces
Pascual Falces
lunes, 25 de junio de 2007, 23:33 h (CET)
A través del retrovisor, y bajo la lluvia nocturna, el taxista vio como el cliente que trajo desde un bar de copas, seguía en la acera como rebuscando por los bolsillos.

– “Nada como tomar un taxi, ¡glup!”... –se decía el borrachito explorando por todos los bolsillos en búsqueda de sus llaves. No aparecían a pesar de sus múltiples y repetidos gestos. -¡Esta es mi casa!... –exclamaba susurrando, contento de haber llegado. Los botones del portero automático se ofrecían ante él como solución. –“Buena es mi mujer, como para despertarla a estas horas”... Y se le ocurrió llamar a su vecino de rellano, un tío amable. “Hoy por mi, mañana por ti”… -pensó. –Anda, pasa, Eduardo, que vienes bueno… Ya en el portal, el borrachito se decía: -¡Este es mi portal!... ¡Este es mi ascensor!... Subió hasta la quinta planta, y, al llegar, susurraba: -¡Esta es mi planta!... Vacilante, llegó hasta el 5ºD, y emocionado, se dijo: -¡Este es mi piso!... Dio con la pequeña llave, y exclama alborozado: -Por fin, ¡esta es mi llave!... ¡Esta es mi puerta!... ¡mi cerradura!... Y tras algunos intentos, acertó para abrir y entrar en la oscuridad de su casa. -¡Esta es mi casita!... ¡este es mi pasillo!... seguía murmurando en voy muy baja, después de arrojar la ropa mojada sobre el perchero. -¡Este es mi perchero!... Por fin, ante la puerta de su dormitorio, sin zapatos para no hacer ruido, vuelve a pensar: - ¡Este es mi cuarto!... A oscuras, encuentra los pies de su cama, por lo que muy contento, se repite: -¡Esta es mi cama!... Arrojó el resto de sus ropas hacia donde tendría que estar la butaca, -¡Esa es mi butaca!... contento de identificar todo lo suyo. Finalmente, se acerca a la cama, y palpando con suavidad, percibe la curva formada por las rodillas dobladas de su mujer, y masculla: -¡Esta es mi mujer!... Siguió palpando, y notó entre ellas el bulto de un cuerpo varonil. Así que, en el colmo de su alborozo, después de haber encontrado todo, y sin molestar, ni haber avisado de que volvía esa noche, el borrachito exclamó: ¡Este soy YOOOO!... (Apuntes con zoom)

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