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Momento crucial de Europa o su nuevo oprobio

Lev Dzugáev
Redacción
domingo, 24 de junio de 2007, 10:29 h (CET)
No es casual que el tema relativo a Europa, a la nueva arquitectura de la Unión Europea y a la ampliación de sus relaciones con EEUU y Rusia sea uno de los más actuales en la práctica internacional contemporánea, directamente vinculada con los sujetos geopolíticos claves, cuyo desarrollo provoca alarma.

Por supuesto no se trata de la “carne polaca”, ni de la política proteccionista de EEUU, ni de la negativa de Rusia a firmar la carta energética en condiciones inadmisibles para ella.

Objeto de especial preocupación es que determinadas fuerzas no cejan en su esfuerzo por abrir de nuevo la caja de Pandora casi seguros de que lograrán prevenir las consecuencias preñadas de grandes calamidades.

Lo atestigua la reciente historia de Europa: el Munich-38 que condujo a la firma del pacto Ribbentrop–Mólotov. En el lejano 1938 a los Estados europeos no se les ocurrió nada mejor que elaborar la política de “apaciguamiento” de Hitler, guiándose por los intereses egoístas de ponerse a salvo de las ambiciones agresivas de la Alemania nazi, habiendo sacrificado la integridad de la Checoslovaquia soberana, lo que hoy prefieren pasar en silencio.

Pero ya en 1939, veinte años después de terminada la Primera Guerra Mundial, la vieja Europa se convirtió en escenario de la Segunda Guerra Mundial. Por razones incomprensibles, los historiógrafos militares de Occidente suelen echar la culpa en la URSS que, ansiosa de evitar el peligro de guerra con Alemania, firmó un año después de Munich el conocido pacto de no agresión que condujo al reparto de Polonia (que poco antes participó activamente en el reparto de Checoslovaquia).

Al rememorar aquellos episodios trágicos de la Historia, lamentablemente se echa al olvido una de sus enseñanzas: al menoscabar las relaciones de causa a efecto, provocamos nuevos focos de tensión entre países y pueblos.

¿Quién se retiró a título unilateral del Tratado sobre la DAM? ¿Quién, pese a las reiteradas promesas de no ampliar la OTAN hacia el Este, sigue avanzando por ese camino? ¿Rusia? En modo alguno. Pues ¿qué pasa? Un clásico dijo: “Tú culpa es que tengo hambre yo”. Ya es obvio que venciendo colosales obstáculos, Rusia viene recuperando sus posiciones en el proscenio mundial y ofrece su visión del futuro propio, lo que en modo alguno agrada a todos.

A título de ejemplo, el 11 de junio de 2007 en su artículo de fondo The Wall Street Journal escribe: “La postura de principio de Bush que defiende el derecho a la autodeterminación y libertad de un pequeño pueblo europeo, pone de relieve las mejores cualidades de Norteamérica... Al mismo tiempo, Washington critica acerbamente los planes neoimperiales del autoritario líder del Kremlin...” Sin embargo, cuando Putin se manifiesta en defensa de los derechos y libertades de los pueblos abjasio y oseta, la postura de Moscú se presenta como destructiva y neoimperial.

El 25 de mayo pasado, en su artículo titulado “Europa no debe hacer concesiones a Rusia en el problema de Kosovo” The Financial Times señala que “...La independencia que reclaman los albaneses no puede ser objeto de debates”. Cabe preguntar: ¿Por qué se discute entonces la demanda de independencia que fue presentada por Abjasia u Osetia del Sur siete años antes que la de Kosovo teniendo en cuenta todos los demás detalles coincidentes?

Al comentar el problema de Kosovo el 13 de junio corriente The Globe and Mail canadiense escribe que “Kosovo dejó de ser parte de Serbia, cuyas tropas fueron desplazadas de allí hace ocho años como resultado de bombardeos de la OTAN. Desde entonces el territorio está bajo la protección de la ONU y la garantía de su seguridad corre a cargo de los contingentes de paz bajo mando de la OTAN. Los kosovares son unánimes en su aspiración de no vivir bajo la férula de Belgrado. Y poco les importa que Serbia ha comenzado a realizar reformas democráticas y podría otorgar a ese territorio considerable autonomía en lo relativo a su autogobierno local”.

De sustituir algo en el mencionado texto, digamos, Serbia por Georgia, Kosovo por Abjasia u Osetia del Sur, la OTAN por Rusia, veremos que Abjasia u Osetia del Sur dejaron de ser parte de Georgia. Las tropas georgianas las abandonaron hace casi 15 años desplazadas como resultado de la lucha armada de abjasios y voluntarios norcaucasianos solidarios con ellos. Desde entonces la garantía de su seguridad corre a cargo de las fuerzas pacificadoras al amparo de Rusia con participación de observadores de la ONU y OSCE. Los abjasios (osetas) son unánimes en su deseo de no depender más de Tbilisi. Poco les importa que Georgia ha comenzado a realizar reformas democráticas y puede otorgar considerable autonomía a Abjasia (Osetia del Sur) en lo que respecta al autogobierno local.

¿Hay diferencia? Ninguna.

Y los paralelos se imponen por sí solos. Además, se debe recordar que gracias a la operación pacificadora realizada hace 15 años al amparo de Rusia en Osetia del Sur se logró no sólo poner fin a la guerra entre los georgianos y osetas, sino que prevenir purgas étnicas en la zona del conflicto. En general el enclave georgiano en el territorio de Osetia del Sur llevaba una vida pacífica. Gracias a las acciones de los pacificadores rusos se viene restableciendo la confianza entre las partes en conflicto. Sin embargo, con la llegada al poder del señor Saakashvili, que cumplía recomendaciones de los “amigos de Georgia”, en 2004 la situación se agravó de nuevo. En el caso de Kosovo administrado por la ONU, en presencia del KFOR mando de la OTAN se llevó a cabo la purga étnica, pero con respecto a los serbios.

En la Cumbre del G-8 en Heiligendamm sus miembros acordaron al parecer conceder tiempo a los serbios y kosovares para proseguir negociaciones. Pero varios días después el presidente de EEUU, George Bush, declaró en Tirana que tarde o temprano habrá de decir: “Basta. El territorio de Kosovo es independiente”.

Además, todo viene a indicar que EEUU no aceptará la oferta rusa de utilizar conjuntamente el radar de Gabala (Azerbaiyán) y, por consiguiente, los componentes de la DAM norteamericana serán emplazados en proximidad inmediata de las fronteras rusas. Parece que acta est fabula (está concluida la comedia), lo que es de lamentar.

Si no recuerdo mal, a su regreso de Munich a Londres en 1938 el primer ministro Chamberlain exclamó: “¡He traído paz!” Es harto conocido lo que pasó poco después.

En 1991 el canciller de un país europeo, cuando Yugoslavia comenzó a desintegrarse proclamó, por exceso de sentimientos, que este acontecimiento entraría en la historia como “Momento Crucial”. En breve en los Balcanes comenzó masacre.

¿Será posible que el esperado Momento Crucial de Europa se torne oprobio por enésima vez?

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Lev Dzugáev, miembro del Consejo de Expertos de RIA Novosti.

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