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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La voluntad de la gente es la mejor ley

Silvia Torres (Chicago)
Redacción
sábado, 23 de junio de 2007, 09:47 h (CET)
Es lo que dice en un papel pequeñito que venia dentro de una galleta china. Tiene una carita feliz al principio y otra al final. Es una ‘galleta de la fortuna’, aunque la frase que venia en la mía es mas bien una afirmación. A veces estas galletitas se contradicen a si mismas, y esta vez me toco abrirla justo cuando terminaba de leer algunos comunicados de prensa sobre la serie de negociaciones concerniente al Sahara Occidental esta semana del Frente POLISARIO y Marruecos en Manhasset, Nueva York.

Si mi fortuna fuese cierta, de acuerdo a mi galleta china, estas negociaciones no deberían estar tomando lugar. La frase dice ‘la voluntad de la gente’, no ‘la voluntad de un gobierno’. El solo hecho de que los representantes del pueblo Saharaui estén ‘negociando’ el futuro de su propio país es in insulto en si. Son obligados a sentarse frente a quienes les arrebataron su patria, quienes los obligaron a huir bajo ataques, quienes los apartaron de sus familiares.

Por ahí he escuchado otra frase tipo galleta china que dice que la dama Justicia es ciega. Por un momento, restituyámosle la vista, y robémosle el sentido del oído. Como ahora puede ver, mostrémosle la historia del pueblo Saharaui tal y como sucedió – sin volumen, claro. Imaginémoslo algo así como una película de la era del cine silencioso. Durante las décadas de los cincuentas y sesentas, por todo el continente Africano países se forman, luchan por y ganan su independencia, a otros mas se les entrega su autonomía sin disputa alguna. Es el fin del colonialismo, ya ningún país, por muy poderoso que sea, puede justificar su presencia en África.

El Sahara Occidental despierta también de un largo sueño, madura de una niñez prolongada bajo el reinado de la poderosa España, y comienza a dar a conocer pacíficamente sus deseos de independencia. Poco a poco España hace planes para retirarse, prometiendo esa autonomía al pueblo Saharaui. Pero recuerden que nuestra Justicia no puede escuchar, solo ver. De pronto, en 1975, se le ve a España salir del Sahara Occidental, cerrando la puerta principal tras de si, sin cumplir esa promesa de independencia al pueblo Saharaui. Estos la ven marcharse atónitos, sin darse cuenta que detrás de ellos, España había dejado la puerta trasera abierta de par en par. Por esa puerta entran Marruecos y Mauritania, aprovechando el momento sorpresa. Llegan con sus tanques, con sus armas, con sus bombas Estadounidenses, y comienzan a atacar indiscriminadamente.

Nuestra Justicia no puede escuchar esos bombardeos, pero si puede ver los cuerpos mutilados que dejan a su paso. Puede ver mujeres, niños, ancianos corriendo despavoridos por todos lados, sin saber a donde huir, sin tener donde esconderse. Ve a los hombres volverse valientemente, enfrentando esa horrible sorpresa que nunca esperaban. Sus hermanos, sus padres, sus hijos, sus primos, sus vecinos, sus tíos, sus amigos mueren. Y los que no mueren, corren. Y los que no corren, es porque alguna bomba les arrebato las piernas. Es la Marcha Verde iniciada por Marruecos el 6 de Noviembre de 1975.

Justo unas semanas antes, precisamente el 16 de Octubre de 1975, el Tribunal Internacional de Justicia acababa de dictaminar el derecho a la autodeterminación al pueblo Saharaui, tras el retiro de España. Esto lo ve nuestra dama la Justicia, y le parece lógico puesto que es lo esperado, lo previsto, lo que ha estado pasando a través del resto del continente Africano. Los grandes poderes se retiran de sus colonias, y estas se vuelven independientes, se convierten en sus propios países. Cual fue su sorpresa al ver que esto no sucedía en el Sahara Occidental. De aquí se iba España muy de prisa, sin mirar atrás. Quizás la Justicia pudo ver alegría en los rostros Saharaui, esperanza en sus ojos, sueños de un mañana libre, de un futuro brillante para sus hijos. Pero algo más que ella podía ver, cosa que los Saharaui nunca esperaban, fue esa nube verde que los acechaba y que finalmente irrumpió ese frió día en Noviembre. ¿Hubiese la dama Justicia avisado a los Saharaui de lo que se les venia encima si le fuera posible? Es solo una película, sería como cuando cualquiera de nosotros le decimos a la victima de la trama que el asesino esta justo detrás, con cuchillo en mano, y que en cuanto gire, la atacara sin piedad. Solo podemos sentarnos al borde de nuestros asientos, y gritar en vano a la pantalla.

La película sigue, y las escenas de la Marcha Verde, de la ocupación Marroquí continúan, con Mauritania al lado. Los Saharaui comienzan a huir, principalmente las mujeres, niños y ancianos. Aquellos que no pueden escabullirse, buscan refugio donde pueden, aunque muchos encuentran la muerte en lugar de amparo. Los hombres y jóvenes se organizan como pueden, para levantar una defensa. A los ojos de la dama Justicia, puede parecer que Marruecos y Mauritania pretenden acabar con todo Saharaui a la vista. Esto, en el lenguaje de la Justicia, se le llama genocidio. No se necesita escuchar un porque, oír ninguna explicación para saber lo que con sus ojos comprende perfectamente: la clara intención de dos países de destruir al pueblo Saharaui. No han llegado al Sahara Occidental con amenazas, sino con bombas. No avisaron su llegada desde lejos, llegaron por la puerta de atrás y bombardearon a hombres, mujeres, niños y ancianos.

Después de varios años, las cosas siguen igual. Marruecos se instala por la fuerza en los territorios del Sahara Occidental, con la obvia intención de adueñarse de ellos, de repartírselos con Mauritania. Pensarían, soberbiamente quizás, que podrían exterminar en un dos por tres a los Saharaui. La dama Justicia, al igual que los Saharaui, se preguntan como es que esto sucedió, como es que España fue capaz de dejar abierta de par en par es puerta trasera. El país no estaba solo, tenia gente dentro, beduinos que por siglos habían recorrido y vivido en sus tierras. No era una casa abandonada, por supuesto que no. Era una casa con grandes riquezas, vendida ilegalmente al mejor postor, dividida entre ellos. Solo que ya tenia dueños, y ahora estos eran asesinados y obligados a huir.

Pronto el mundo se dará cuenta, pensarían la dama Justicia y los Saharaui. Pronto los países, los continentes vecinos vendrían a poner fin a tal horror, no permitirían que continuara el genocidio. ‘Haz por tu vecino lo que quieras que haga por ti.’ Hasta que eso suceda, los hombres Saharaui organizan sus fuerzas de resistencia y emprenden la lucha contra sus opresores. Con el tiempo, Mauritania no puede justificar más su presencia militar ni política en el Sahara Occidental y se retira. La dama Justicia cree ver el comienzo del fin a esto que nunca debió suceder, que no tenía razón de ser. Seguramente Marruecos pronto se retiraría, devolvería esa casa que ocupo ilegalmente a sus dueños, y los dejaría vivir en paz. Tanto Mauritania como Marruecos entonces deberían responder al resto del mundo por las atrocidades cometidas contra el pueblo Saharaui, y España debería también ofrecer una explicación sobre porque se marcho como lo hizo. El mundo se involucra a través de las Naciones Unidas.

Pero Marruecos no se retira, sigue allí, firme en su intención de adueñarse de una casa ajena. Nadie le pide explicaciones ni cuentas. Las Naciones Unidas le explican porque no puede, porque no debe hacer lo que hace. Los Saharaui logran liberar pocos territorios, y llegan a un acuerdo de cese al fuego, bajo el principio de no querer seguir el camino de la violencia, esperando que Marruecos por fin comprenda su error y se retire…

Pasan los años, pasan más de dos décadas – tres desde su llegada - y Marruecos sigue ocupando ilegalmente un país que nunca le perteneció. Las Naciones Unidas siguen con sus explicaciones, sus comunicados, sus dictamines que Marruecos ignora por completo cada vez con mas arrogancia e insolencia. Han construido un muro para que los Saharaui que huyeron no puedan regresar, y para que aquellos que se quedaron en los territorios ocupados no puedan salir. A estos se les tortura y asesina sistemática y persistentemente, obligándoles a renunciar a sus derechos y convertirse en lo que no son, en lo que nunca fueron, y en lo que nunca serán: Marroquíes.

La dama Justicia ve, sin poder creerlo, como todo esto se lleva a cabo sin que nadie haga nada. España nunca regreso a reparar el daño que dejo a su partida. Las grandes y poderosas naciones permiten que Marruecos se salga con la suya, le permiten su capricho de no desalojar un país que tomo por la fuerza. No comprende porque, hasta que ve como Marruecos, a escondidas, llega a acuerdos con estos países para explotar las riquezas naturales del Sahara Occidental. La Justicia no necesita escuchar los tratos que hacen, con el solo hecho de que las poderosas naciones se acerquen y estrechen manos con un país obviamente traicionero dentro de territorios que no les pertenecen ni a uno ni a otro, es prueba suficiente para darse cuenta que es lo que les interesa. ‘Dime con quien andas y te diré quien eres.’

Llegamos al final de la película, donde se les pide a los representantes del pueblo Saharaui que tengan paciencia, que se comporten como caballeros y se sienten a dialogar sobre lo que pasara con el Sahara Occidental. No es Marruecos Occidental, se sigue llamando Sahara Occidental. Así como la palabra ‘justo’ viene de ‘justicia’, ‘Saharaui’ viene de ‘Sahara’. ‘Marroquí’ no viene de ‘Sahara’, sino de ‘Marruecos’. Pero la Justicia no puede escuchar nada de esto, pues es sorda. Pero ve como los Saharaui se sientan, valientes, con orgullo, frente a aquellos quienes intentaron exterminarlos, quienes los obligaron a huir, quienes mutilaron y asesinaron a sus familias, quienes les arrebataron sus tierras, su país, quienes les quitaron lo mas precioso que posee un ser humano: su libertad.

La Justicia no comprende lo que pasa, no sabe que a los Saharaui se les pide ‘negociar’ el futuro del Sahara Occidental. ‘La voluntad de la gente es la mejor ley,’ dice el papelito de mi fortuna. ¿Será que esta vez, después de mas de tres décadas, la voluntad del pueblo Saharaui de conseguir su autodeterminación será respetada por el mundo entero y Marruecos se vera obligado a marcharse de donde nunca debió haber llegado? Después de todo, es la ley, una que ha sido dictaminada por las Naciones Unidas e ignorada abiertamente por Marruecos. Y, después de todo, la ley se basa en la Justicia…

Devolvámosle ahora el oído a la dama Justicia, dándose cuenta sin tener que haber escuchado, que es ella misma quien ha sido violada repetidamente por Marruecos, y que ni España ni ningún otro país hace nada al respecto; y que, al contrario, aquellas naciones que tienen el poder para impedir que esa violación continué, prefieren mirar hacia otro lado y sacar provecho de la situación. Sin hacer nada, sin mover un solo dedo. No importa cuanto grite la dama Justicia por medio de dictámenes de las Naciones Unidas, por medio de las voces Saharaui, por medio de activistas. Ahora la pobre Justicia es no solo ciega, sorda, pero muda también, porque nadie la escucha, nadie la ve, nadie le hace caso, nadie cree en ella.

‘La voluntad de la gente es la mejor ley.’

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