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Ha llegado la hora de la verdad para Washington

Andrei Vasíliev
Redacción
miércoles, 20 de junio de 2007, 22:42 h (CET)
La reunión del Consejo de la OTAN en Bruselas, las negociaciones en torno al Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE) en Viena y la declaración de Víctor Yúschenko de ingresar en la OTAN: cada uno de esos sucesos requerirá respuestas concretas respecto a sus fines estratégicos.

Pero ¿figurará entre estas la relativa a garantizar la seguridad de Europa?
Las cuestiones de defensa y seguridad en el sistema de relaciones internacionales figuran entre los temas contados que permiten alcanzar la "hora de la verdad", es decir, esclarecer de una vez por todas los auténticos fines y propósitos de las partes. Pero se trata de un asunto muy complicado, ya que en la política nada se mantiene en secreto tan escrupulosamente como los verdaderos intereses. Se puede hacer conjeturas, pero muy raras veces se logra afirmarlo alegando pruebas.

Por ejemplo, el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz calculó que estos últimos años el presupuesto de EEUU alcanzó una suma inverosímil de $528.000 millones. Pero desde la óptica de Washington y sus aliados de la OTAN, a los que corresponde el 66% de los gastos mundiales relacionados con la defensa (a título de comparación: la parte Rusia equivale al 3%) en modo alguno significa reanudación de la carrera armamentista. El aumento de asignaciones destinadas a estos fines se debe a la "lucha por la democracia" en Irak, a la misión pacificadora en Afganistán y otros programas "de paz".

Se puede divagar largamente sobre "si la actual administración norteamericana opta por la militarización en sus actividades". Pero jamás reconocerá que la "ampliación de la OTAN al Este" amenaza a la seguridad de Rusia y altera el equilibrio de fuerzas en Europa. Es el pragmatismo de EEUU, al que poco le importan los intereses nacionales de otros países, los cuales son considerados insignificantes e indignos de ser tomados en consideración.

En reiteradas ocasiones, representantes de la dirección rusa recordaron las obligaciones asumidas por EEUU y la OTAN de no ampliar la Alianza Noratlántica. Pero la reacción fue nula. Por esto, cualquier partenaire normal, excepto Washington, consideraría como reacción lógica lo dicho por Vladímir Putin respecto al Tratado FACE, quien lo calificó de obsoleto y admitió la posibilidad de suspender la participación rusa en éste.

Los norteamericanos sostienen que antes de ser ratificado el Tratado por todos sus signatarios, Moscú deberá evacuar sus tropas de Abjasia y Moldavia. "De hecho Rusia cumplió todas sus obligaciones con respecto a Georgia, pero temo que no con respecto a Transnistria", apuntó el subsecretario de Estado de EEUU, Daniel Fried, y propuso emplazar allí un contingente internacional de paz, por supuesto, con participación de Estados Unidos.

Entretanto, a medida que arrecian las pretensiones de EEUU a una presencia más activa en Europa, la mera existencia del Tratado FACE resulta bajo amenaza al ser alterados sus principios básicos: equilibrio militar y restricciones para el material bélico no nuclear en el espacio entre el Atlántico y los montes Urales. Gracias al Tratado se logró reducir en 700 mil efectivos las tropas convencionales: hasta 3 millones. Pero no es posible dejar de considerar los cambios experimentados por esa proporción a partir de la incorporación a la OTAN de los países de Europa Oriental. Además ¿qué cambios experimentará esa proporción tras la asociación de Ucrania a la Alianza? ¿Y cuál deberá ser la reacción de Rusia a las intenciones de EEUU de emplazar elementos de un nuevo sistema de defensa antimisiles (DAM) en proximidades de sus fronteras?

Estos días, el presidente de la Duma de Estado, Borís Gryzlov, calificó de "injustos y contradictorios al espíritu de la cooperación los intentos de ampliar la OTAN e incrementar armamentos de la misma en proximidad inmediata de las fronteras de Rusia".Además, recalcó la disposición de Rusia de reducir armamentos convencionales en Europa, si la Alianza Noratlántica haga lo mismo. Mejor dicho, de Estados Unidos depende la solución de ambas cuestiones: el Tratado FACE y la DAM. Entretanto, los miembros de la Alianza están desconcertados, comprendiendo que es hipotético el peligro nuclear proveniente de Irán o de Corea del Norte. Lo confirmó el secretario general del Comité Atlántico Noruego, Chris Prebensen, en su entrevista concedida al rotativo ucraniano Deñ (Día): "El Gobierno noruego considera que los planes norteamericanos de emplazar un escudo antimisiles en Europa no sirven al equilibrio estratégico.- Estos sistemas podrán estimular la escalada armamentista, lo que en modo alguno es buena idea".

Pero existen manifestaciones más contundentes. El Financial Times británico publicó la carta del miembro de la Cámara de los Lores, Robert Skidelsky. En su opinión, "el bluff de Ronald Reagan llamado a obligar a la Unión Soviética a aceptar el control de armamentos, degeneró en la doctrina del unilateralismo militar norteamericano. De ser así, la reacción de Rusia es comprensible. Rusia no tiene otra opción que jugar la única carta".

Por esto la oferta planteada por el presidente ruso de utilizar conjuntamente con EEUU el radar de Gabala que Rusia arrienda en Azerbaiyán, sería una salida para los adversarios de la "guerra fría".

Y, además, ofrece a los habitantes de los países europeos una excelente posibilidad de comprobar la pureza de los propósitos de EEUU. ¿Estará de veras interesado ese país en defender Europa contra los misiles de Irán y Corea del Norte o sólo busca fortalecer su presencia en el continente?

Sin embargo, es poco probable que se logre resolver un problema tan espinoso en la reunión actual del Consejo de la OTAN. Según fuente de ITAR-TASS en la sede de la Alianza, "al principio esa cuestión tendrá que ser discutida entre Rusia y EEUU".

En efecto, podrán surgir problemas técnicos. Pero mucho más peligrosas son las dificultades políticas obedientes a la aspiración de Washington a un mundo unipolar, lo que es capaz de obstaculizar el logro de un acuerdo equitativo, el único que pueda aceptar nuestro país. Rusia jamás aceptará el papel de pariente pobre.

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Andrei Vasíliev, para RIA Novosti.

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