Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Tras los comicios Israel más transparente

Yevgueni Satanovskiy
Redacción
martes, 19 de junio de 2007, 22:27 h (CET)
Israel fue escenario de toda una serie de elecciones. En cualquier otro país semejante maratón electoral podría significar cambios cardinales en el país. Pero la situación en Israel (tanto política como económica) sigue siendo invariable.

En las elecciones del líder del Partido Laborista, socio de coalición del partido gobernante “Kadima”, triunfó Ehud Barak al obtener la simple mayoría de votos y en los comicios presidenciales, su ex correligionario Simon Peres, quien en su tiempo desempeñó el cargo de premier. La élite política de Israel cuenta con un número tan escaso de cuadros que el fracaso de uno de ellos no garantiza que al correr de los años no vuelva a ser requerido en la cumbre de la pirámide política. Es casi imposible desaparecer de esa nómina. Este hecho lleva agua al molino de quienes se ven obligados a cotejar su política mesoriental con la frecuente renovación de líderes en Israel. Para nadie es una incógnita la política que practicará Barak cuando casi con toda seguridad ocupe el cargo de Ministro de Defensa en el gobierno de Ehud Olmert. También está claro lo que se puede esperar del veterano político Simon Peres. Son evidentes las aspiraciones de Olmert y su principal contrincante, Benjamin Netanyahu, líder del nacionalista Likud. No menos previsibles son otras figuras relevantes. Incluso los representantes de la comparsa política israelí respetan las estereotipadas “reglas del juego”. Solamente Ariel Sharon que ya pertenece a la historia, podía permitirse el lujo de no contar con ellas.

La previsibilidad constituye la base de los pronósticos a largo plazo. Hoy es evidente: sea cual fuere el desenlace de una nueva guerra mesoriental, en que se verá involucrado Israel, será incapaz de torpedear su economía. Tal vez modere el ritmo de desarrollo y, a ciencia cierta, complique la situación en algunos sectores, pero los tiempos de grandes problemas pos-bélicos de los años 70-80 en la economía de Israel pasaron para no volver, lo que fue demostrado por la “intifada Al-Aksa” palestina y la Segunda guerra libanesa. En realidad, es prácticamente inconcebible la postura nada profesional asumida por la cúspide político-militar de Israel que intentó dirigir el ejército israelí en el verano de 2006. Si Israel salió airoso de esa dura prueba, resistirá todo cuanto pueda esperarlo en el futuro.

En modo alguno Israel está interesado en tener conflictos con sus vecinos. La trágica casualidad o provocación, la coincidencia de factores o presiones ejercidas por la Administración norteamericana podrán involucrarlo en una nueva vuelta del enfrentamiento mesoriental. Pero ningún gobierno israelí, sea de derecha o de izquierda, de coalición o unipartidista, se atreverá a desencadenar la guerra. Salvo la situación cuando la dirección político-militar del país esté cerciorada de que Irán no sólo posee el arma nuclear, sino que está dispuesto a usarla en contra de Israel cumpliendo las promesas del presidente iraní Ahmadineyad de “borrar el Estado sionista del mapamundi”. En cuanto a la colisión de Israel con Siria o el Líbano, esta también podrá ser provocada por Irán, pero es poco posible que lo ocurra en cualquier otra situación.

Un problema aparte son las relaciones con las agrupaciones palestinas que realizan ataques contra Israel desde la franja de Gaza y, en perspectiva, desde el territorio de Cisjordania. La guerra civil en Palestina es un hecho. El Estado palestino existe solamente en los planes del “cuarteto” de patrocinadores del “proceso pacífico” y las instituciones burocráticas internacionales que se dedican a la tarea de estructurarlo, y cuanto mayor es su entusiasmo menos probabilidades existen que se logre esa comitiva. Ningún político sensato de Israel caerá más en esa tentación. Tal es la realidad que no suprime la polémica de los políticos israelíes en torno a las perspectivas del arreglo pacífico. Esto permite a los intermediarios, en primer lugar, los norteamericanos, conservar su prestigio, el acceso al “campo izquierdista” y al resto de las dotaciones asignadas a la organización del diálogo palestino-israelí.

Si las colisiones entre los clanes, tribus y asociaciones criminales de Palestina dejen de afectar a los israelíes, podrán proseguirlas sin injerencia del Ejército de Defensa de Israel. De lo contrario, será imposible evitar una nueva operación militar israelí en Gaza y las acciones antiterroristas de los servicios secretos israelíes en Cisjordania.

Por lo demás, la situación en Israel será bastante estable. El gobierno de Olmert se mantendrá, sin duda, hasta el fin de su mandato. Ningún partido de la coalición gobernante está interesado en las elecciones anticipadas: demasiado grande es el peligro de quedarse al margen del poder. Y la oposición no tiene fuerzas suficientes como para derrocar el gobierno impopular por vía parlamentaria. Otras variantes, habituales para la región, no existen en Israel. Es poco probable que Netanyahu, como primer ministro, aplique una política diametralmente opuesta al rumbo de Olmert. La diferencia atañe solamente a la retórica. En resumen, no se vislumbran cambios cardinales algunos, por lo menos hasta que no vuelva a surgir en el país una figura como el general Ariel Sharon.

La estabilidad moderada caracteriza también las relaciones ruso-israelíes, lo que permite cifrar esperanzas en su fortalecimiento paulatino. Esto se refiere también a la posibilidad de introducir el régimen sin visados, al retorno de la Representación Eclesiástica Rusa y a los vínculos económicos entre los dos países.

Las orientaciones del desarrollo en esta materia son similares a las existentes en los años 90: exportación de gas y energía eléctrica, proyectos conjuntos en cooperación militar-técnica y la infraestructura, en la industria diamantífera y altas tecnologías, inversiones y la cooperación en los mercados de los países tercermundistas. Además, las posibilidades de la cooperación entre Rusia e Israel están muy por encima del nivel alcanzado. De tal modo, ambas partes tienen en que aplicar sus fuerzas, mientras que una situación previsible y estable responde a sus intereses.

____________________

Yevgueni Satanovskiy, presidente del Instituto de Oriente Próximo, para RIA Novosti.

Noticias relacionadas

Propia imagen

El derecho al honor y a la propia imagen es un derecho protegido por la Constitución

Salvar Cataluña ¿Voto útil para Ciudadanos?

Errores de apreciación del PP pueden acabar con un retorno a la situación previa a la aplicación del Artº 155

El mundo material es la escoria, el Más allá la realidad

El cuerpo del alma está constituido por una estructura de partículas

La epidemia de la desesperación

Un pueblo desesperado es un pueblo sin futuro

Cataluña sigue en la cuerda floja. El separatismo sigue vivo

Seguimos pensando que la situación catalana está muy lejos de solucionarse
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris