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Opinión
Etiquetas:   Punto crítico  

Pactos y reforma de la Ley Electoral

Raúl Tristán

martes, 19 de junio de 2007, 22:27 h (CET)
Apenas han transcurrido unos escasos días tras las elecciones, y nuestros excelsos representantes, democráticamente elegidos, han tomado las riendas de nuestros votos para, una vez más, ignorar olímpicamente la decisión del pueblo, en las jornadas previas a la constitución de los ayuntamientos y gobiernos autónomos.

La geografía española se ha cubierto, durante escasos días, de un manto oscuro que ha hecho opacos los pactos míseros entre los diferentes partidos, pactos que han salido de debajo del velo de Isis que los cubría, este pasado sábado, y que han erigido alcaldes socialistas donde triunfaran populares, o populares donde cantaran victoria los socialistas.

Y todo por obra y gracia de partidos de escasa relevancia en número de votantes pero que, por mor de nuestra deplorable Ley Electoral cobran una inusitada importancia.
Un sólo concejal de uno de estos partidos minoritarios puede dar un vuelco inesperado a una ajustada elección popular, y cambiar las tornas, y otorgar el bastón de mando a quien no lo ganó en justa lid.

Se impone una urgente reforma de nuestra Ley Electoral, una reforma que impida que los designios de los votantes se vean alterados por las oscuras maquinaciones de quienes quieren gobernar sin merecerlo, porque no es democrático que aquellos a quienes el pueblo ha elegido no gobiernen, y lo hagan quienes han alcanzado sus laureles mediante artimañas y trapicheos.

Porque se produce una aberrante manipulación del derecho a elegir a nuestros representantes, porque esas artimañas y trapicheos conllevan una servidumbre, implica deudas que deben saldarse, porque al final, no son los electores en las urnas quienes deciden, sino los partidos.

España convertida en una suerte de partitocracia que extiende, cual tela de araña, su poder por doquier, tergiversando nuestra voluntad, conculcando nuestro derecho a elegir y nuestra libertad de elección.

No deben ser los políticos los que tengan la última palabra, sino los ciudadanos.

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