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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Qué pintamos en Europa con Zapatero?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 19 de junio de 2007, 22:27 h (CET)
Conviene que los españoles, al menos los que aún nos consideremos como tales, nos fijemos en el cambio que ha supuesto para España, en el orden internacional, la llegada del señor Zapatero a la presidencia del gobierno de la nación. Dando por supuesto que su gestión dentro de nuestro país se viene caracterizando por su política errática, de órdenes y contraórdenes; de promesas y de engaños; de fingida firmeza y de ataques de indecisión; no nos queda más remedio que reconocer que, en las relaciones internacionales, todavía se nota más la incompetencia de nuestros gobernantes para navegar por las procelosas aguas de las relaciones diplomáticas.

Es verdad que tenemos a un señor Moratinos muy amigo de los palestinos y, dramáticamente, enemigo de los judios; también es verdad que el señor Zapatero, nada más alcanzar el poder, no perdió tiempo en enfrentarse a los EEUU con motivo de la guerra de Irak y, desde entonces, con incomprensible tozudez, ha intentado acercarse a dicha nación mientras, con el espíritu contradictorio y antitético que le caracteriza, ha continuado lanzándole dardos envenenados al señor Bush y su gobierno; también apostó por la Francia de Chirac y la Alemania de Schröder pensando que con ello conseguiría mantener el prestigio que adquirió Aznar en sus relaciones internacionales quedándose colgado de la brocha cuando ambos estadistas fueron relevados. Como era de prever se ha tenido que limitar a hacer esfuerzos, en un papel del cómico mister Bean, para conseguir salir sonriente en las fotografías, porque si nos atenemos a su influencia ante los nuevos jefes de gobierno, tendremos que admitir que es nula. Hoy su papel en la escena internacional se limita al de comparsa.

Pero es que, señores, la segunda etapa de su mandato ha conseguido ser todavía más anodina que la primera. Empezó por apoyar a los terroristas palestinos en sus ataques a Israel, en contra de la postura de la mayoría de las naciones occidentales, llegando al ridículo de permitir que le anudaran una kefiya o pañuelo palestino en el cuello. Luego se quiso erigir en valedor de los revolucionarios del cono sur americano y aquí llegó la gran debacle. Se creyó que se podría convertir en el padre político del socialismo de Venezuela, Bolivia y Uruguay y, al propio tiempo, gracias a sus coqueteos con el dictador Fidel Castro, servir de intermediario ante Europa del régimen tiránico de don Fidel. Una y otra cosa le han fallado, en el primer caso porque los supuestos corderitos americanos, que se iban a dejar conducir por el gran Sátrapa español, se han convertido en feroces leones que no han tenido empacho en poner a parir a las empresas españolas que tienen inversiones en sus respectivas naciones y, por si no bastara, han sobrepasado a Zapatero en cuanto a sus ideas totalitarias y bolchevizantes, de tal manera que están conduciendo a sus paises ( paises ricos en recursos naturales) a una pobreza endémica que, en nada se diferencia, a la de los corruptos gobiernos de sus predecesores en el mando. Por lo que respeta a sus relaciones con Cuba, para congratularse con el régimen castrista se ha olvidado de los derechos humanos y de la oprimida oposición, granjeándose la antipatía y el descrédito entre los cubanos exilados y el repudio de los que permanecen en la isla. Como era de esperar sus gestiones ante la CE han fracasado porque, no podía ser de otra forma, las naciones europeas no se chupan el dedo y están perfectamente enteradas de lo que está sucediendo en Cuba bajo las garras del tirano que los sojuzga.

Otra de las contradicciones del señor Zapatero en cuestiones internacionales, ha sido su fulminante retirada de las tropas españolas del Irak (enfrentándose a Bush). Sin embargo, a pesar de que había prometido a los españoles que no mandaría nunca más soldados a luchar fuera de España, le faltó tiempo, cuando se lo pidieron, para mandar contingentes a Afganistán, Kosovo, Haití y Bosnia-Herzegovina; lo que ha supuesto la intervención de unos 67.000 soldados –con un coste de unos 2500 millones de euros –, en estas mal llamadas “misiones de paz” que ha sido un eufemismo para camuflar la verdad, que no es más que el hecho incontestable de que nuestros jóvenes están luchando en una guerra abierta contra el terrorismo internacional.

La prueba de la influencia que tiene España en la actualidad, no sólo en Europa, sino en todo el mundo, la tenemos en el papel secundario que estamos asumiendo en todas las resoluciones importantes que se toman en las altas esferas mundiales. Por ejemplo, no participamos, ni como invitados, en las reuniones del G8. Actuamos de lazarillos de otros países en el tema de la Constitución europea, donde el afán de protagonismo de Zapatero le hizo embarcarse en un referendum para ratificar el tratado que sólo fue imitado por Luxemburgo. Hubo dos países que lo rechazaron, Francia y Holanda, con lo que el invento se fue a hacer gárgaras. Si Dios no lo remedia, y no parece que esté por esta labor, España va a perder peso específico en la Europa de los treinta y, si bien Polonia enseña las uñas al no querer quedar postergada, el señor Zapatero parece que no va a poner dificultades en Bruselas, argumentando que más vale algo que nada. ¿Pero es que ustedes pueden pensar que, en la actualidad, ante el desprestigio internacional que se ha ganado a pulso el gobierno de PSOE, siendo amigos de Cuba y de Chávez, habrá alguien en la UE que se preocupe de nosotros? ¡Por supuesto que no! y si quiere que les sea franco ¡harán bien en dejar aparcado a Zapatero en el furgón de cola! ¡Lástima, sin embargo, por España, que no se merece un desprestigio semejante!

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