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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Una de las buenas cosas de hoy

Francisco Arias Solís
Redacción
lunes, 18 de junio de 2007, 23:35 h (CET)
“Hoy dista mucho de ayer.
¡Ayer es Nunca jamás!”


Antonio Machado

Mi amigo e interlocutor frisa los sesenta años, si es que no los ha dejado atrás. No se puede decir que goza, o sufre, de mala salud, pero es una persona sumamente frágil, obligada a estar muy alerta a cualquier posible desfallecimiento. Tiene, desde ya hace muchos años, una sordera bastante avanzada, que, aunque a veces brinda algunas ventajas, tiene ciertos inconvenientes. Mi amigo se gana el sustento con dificultad, y subsiste únicamente porque no tiene obligaciones familiares y lleva un tren de vida muy modesto. Sus actuales tareas -traducciones no muy bien pagadas de libros que no le interesan gran cosa, correcciones de textos; algún que otro libro por voluntad del autor, pero frecuentemente por encargo- no se ajustan las más de las veces a sus talentos. Periodista nato, de los que cogen las cosas al vuelo y las fijan en artículos nerviosos y brillantes, no tiene periódico ni revista donde colaborar. Escritor que fue muy justamente conocido y celebrado, su nombre no se menciona apenas. Tiene unos pocos amigos fieles, entre ellos el que suscribe, pero no todos están, digamos, a mano ni son los suficientes para que nuestro hombre pueda escapar por completo al demonio de la soledad.

He insistido, bien que sin exagerar, en los aspectos que son “desfavorables” a mi interlocutor y amigo para que mejor resalte el interés, y hasta la validez, de algunas de las cosas que me ha soltado en una conversación reciente, al encontrarle después de unos años de ausencia, intelectualmente tan ágil y perspicaz como siempre y hasta con algunos quilates adicionales de despejo.

Mi personaje -a quien no identifico por discreción, bien que tengo para él solamente elogios y parabienes- me ha dicho: “¡Qué mundo el nuestro! Se publican incesantemente libros, pero ¿quién los lee? A decir verdad ¿vale la pena leerlos? La llamada nueva poesía no pasa de ser una lata imponente. La filosofía está en la última. La gente va a lo suyo, y lo suyo no es lo nuestro. ¿Por qué permiten que los automóviles circulen por las calzadas? Como uno se descuide al cruzar la calle, acaba por quedar hecho papilla bajo las ruedas de cualquier frenético propietario de vehículo. Hay en la actualidad muy distintos regímenes de gobierno y muy variadas especies de gobernación; unos son avanzados y otros reaccionarios, los hay que administran la cosa pública con parquedad y otros que roban con frenesí, pero ¿te has fijado que todos proclaman que sus objetivos prioritarios son la paz y la creación de empleo? Mientras tanto, en el globo siguen las matanzas, los despojos y los traslados en masa de los seres humanos. El desempleo y las condiciones de trabajo no cesan de empeorar. Y en todas partes cuecen idénticas habas. El aire se hace irrespirable. Los amigos ya no hacen tertulias; o está muy ocupados, o dicen que lo están, o ya no hay humor para departir amigablemente. Los jóvenes están imposibles. Sin embargo, compara su clara franqueza con la turbia deshonestidad de tantos jóvenes del pasado: la honestidad no se mide por la presencia de ropa, sino por la ausencia de pensamientos y deseos tortuosos. Si los jóvenes tienen algún defecto es el creer que son siempre los primeros en hacer lo que hacen o decir lo que dicen. No obstante, hay que reconocer que bastantes de las buenas cosas de hoy se anticiparon ayer, porque, al fin y a la postre, ayer era mejor que anteayer, y peor que hoy, etc.”

Así a mi amigo, no le falta razón, ¿cómo le va a faltar? ¿Y quién puede molestarse porque se exprese la esperanza de que mañana sea algo mejor que hoy? Se puede admitir lo que mi amigo dice sin ceder un ápice en la actitud crítica con respecto al hoy, y hasta alegar que esta actitud crítica, cruda y candorosa al mismo tiempo, es una de las buenas cosas de hoy, que conviene conservar y aumentar para mañana. Tampoco está mal la idea de que, contra todas las apariencias, es muy posible que cualquier tiempo pasado fuera peor. Y es que, como dijo el poeta: “Las horas cuando se cuentan / es porque ya están perdidas”.

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