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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Stalin de Venenzuela (II)

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 18 de junio de 2007, 23:35 h (CET)
Otra de las “amenazas” que se ciernen sobre Venezuela es la posible nacionalización de sus clínicas privadas. La deriva económica del país le ha llevado a tener una altísima liquidez monetaria consecuencia de una política fiscal desbordada y descontrolada; mayor desestímulo a la empresa privada de riesgo y los controles sobre el libre acceso de divisas; todo ello acompañado de una deficiencia en los servicios públicos de salud, a pesar de que, el autócrata, anuncia inversiones de miles de millones de dólares en sanidad.

Pero no se pierdan ustedes las últimas hazañas del señor Chávez. Ha decidido retirar a Venezuela del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Un salto hacia delante en su socialización del régimen, que acabará con el poco crédito internacional del que gozaba la nación. Sin embargo, lo que parece haber colmado el vaso de la paciencia de la ciudadanía, ha sido el cierre de Radio Carcas Televisión. El dictador no puede aceptar que exista ninguna voz crítica en el país y por eso decidió, en una boutade propia de un totalitarista sin escrúpulos, cerrar el canal de TV más antiguo de Venezuela. Pero ha pinchado en hueso porque, según se ha visto por la reacción de la ciudadanía, esta medida no ha sentado bien y, prueba de ello, son las caceroladas y las manifestaciones estudiantiles que se vienen sucediendo, sin interrupción, a pesar de las furibundas amenazas de Chávez. Excitado y rabioso por el fracaso, ahora amenaza con cerrar Globovisión, el único canal que mantiene una postura crítica con el gobierno (que ya se ha hecho con el resto de canales, en los cuales, por cierto, aparece el déspota y, al estilo de Fidel Castro, aburre a la audiencia con sus interminables peroratas).

No deja de ser alentador el hecho de que una parte del pueblo venezolano comience a cuestionar la política sovietizante del ejecutivo. Si su revolución tuvo una base en las graves desigualdades sociales existentes en el país, los resultados no sólo no han servido para paliarlas, sino que han empeorado la convivencia, han acentuado la pobreza y se ha establecido un régimen dictatorial tan grave o peor que los de los gobiernos anteriores.Al respecto conviene que nos fijemos en la reacción del PSOE que, lejos de criticar estos ramalazos de autoritarismo y la falta de democracia en aquel país, haciendo caso omiso de la resolución del Parlamento Europeo que calificó de “ precedente alarmante” el cierre de Radio Caracas, –votó en contra de ella – ha manifestado, por medio de su secretaria de Relaciones Internacionales, Elena Valenciano, que la dec isión del cierre de la cadena venezolana no era más que “decisión administrativa”; calificando las reacciones en contra como “una campaña de la derecha”.

En todo caso habrá que ver qué es lo que el señor Chávez desea conseguir con este tipo de acciones; si atemorizar a sus opositores; enseñar al país que no va a consentir que nadie le desbanque del poder o, lo que es más probable si nos atenemos al camino iniciado, llevar a los venenzolanos a cotas de mayor sometimiento, pobreza y aislamiento internacional; arrastrando consigo a naciones como Bolivia y Uruguay, que ya han comenzado a seguir su ejemplo totalitario. Lo cierto es que en el llamado Cono Sur se está gestando un movimiento peligroso que, basado de la indudable pobreza de los pueblos indígenas de toda la zona y aprovechándose del descontento de muchos ciudadanos; quiere provocar una involución hacia sistemas de gobierno de cuya eficacia, por desgracia, hemos tenido demasiados ejemplos en la vieja Europa, de la que hace tiempo que fueron desterrados, aunque parezca que, como ocurre en España, algunos rescoldos de ellos se están reavivando.

No es aventurado relacionar los movimientos revolucionarios del nuevo mundo con los disturbios antiglobalización que se van sucediendo, cada vez con más frecuencia y virulencia, como el ejemplo que tenemos estos días en Rostock con motivo de la reunión del G-8. No son pacifistas que se limitan a enarbolar pancartas y a gritar en pro de salvar la naturaleza, no, aquellos manifestantes se han convertido en verdaderos piquetes armados capaces de enfrentarse a policias bien preparados e inflingirles daños importantes, como ha sucedido, en esta ocasión, que ya se han contabilizado más de 146 miembros de las fuerzas de seguridad heridos, 18 de ellos graves. Para ello se necesita mucho dinero, lo mismo que para financiar el terrorismo islámico en Irak, en Afganistán o en Líbano.

¿Quienes son los que manejan los hilos de estas partidas de ajedrez del terrorismo?, ¿Quién mueve los trebejos y quién facilita los miles de millones de euros que se precisan para mantener en vilo a todas las naciones del mundo? No puedo conformarme con una explicación sencilla del tema. La pobreza ha existido siempre, incluso en la propia Unión Soviética y, sin embargo no consiguieron levantarse contra ella. No, hacen falta otros impulsos, impulsos económicos seguramente unidos a deseos de poder. Harían bien en la ONU, en vez de dedicarse a hacer el ridículo y pagar sueldos millonarios a sus gestores, en profundizar en investigar qué hay detrás de todos estos movimientos desestabilizadores. Puede que algún día debamos pagar por no haber cogido el toro por los cuernos cuando todavía había tiempo para ello.

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