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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Peaje en el centro de la ciudad

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 18 de junio de 2007, 23:35 h (CET)
Las grandes ciudades del mundo se encuentran con el dilema de cómo hacer fluir el tránsito de vehículos por su centro. Los atascos son cada vez más frecuentes y de mayor envergadura. A la imposibilidad de circular por su centro y las incomodidades de todo tipo que ello entraña, la polución que la intensidad de la circulación provoca y las emanaciones de gas a la atmósfera, que favorecen según las modernas doctrinas ecologistas el calentamiento climático, está llevando a algunas administraciones municipales, a considerar seriamente la implantación de un peaje para circular por el centro de su ciudad, como medida disuasoria a la circulación y para ayudar en la financiación de la mejora del transporte público.

En Londres se activó la Congestion Charging en 2003 y su coste diario era de 5 libras (7,30 euros). En la actualidad es de 8£ (11,69€) y los residentes tienen un descuento del 90%. Comprende una extensa zona del centro y las modalidades de pago son muy variadas.

El pago del peaje da derecho a entrar en la zona, circular por su interior y salir de ella tantas veces al día como uno desee. No hay casetas de peaje ni barreras alrededor de la Congestion Charging Zone y no se exige ticket o pase alguno. En su lugar, el usuario paga para registrar su vehículo en una base de datos para las jornadas que uno desee circular por la zona, en base a días, semanas, meses o al año.

Puede pagarse con una antelación de hasta 90 días a la fecha en la que se va a circular. También puede pagarse el mismo día de circular por la zona o al día siguiente de haberlo hecho, salvo que en este último caso el importe son 10£ (14,61€).

Puede pagarse a través de Internet, pero únicamente para circular el mismo día o en días sucesivos, pero no para cubrir la circulación por la zona del día anterior.

Y puede pagarse también por el teléfono móvil mediante un mensaje corto de texto, en estaciones de servicio, en aparcamientos y también desde todas las cabinas telefónicas de BT dentro de la zona.

Hay una avenida, en realidad varias porque cambia su nombre, pero que conforman una sola vía que cruza la zona y está libre de peaje; es la que une Paddington con Kennington.

De manera que por pagar no hay problema. El problema puede sobrevenir por no pagar, pues las multas son seguras, en todos los aspectos. Unas cámaras en las entradas, salidas y en el interior de la zona, verifican el vehículo y lo fotografían si no está registrado. Manualmente se comprueban las fotografías y si no está registrado efectivamente, el sistema libra una Penalty Charge Notice (PCN) o notificación de 100£ (146,10€) que, al igual que las multas de aparcamiento puede reducirse al 50% si se hace efectiva dentro de los 14 días siguientes. Si no se hace efectivo el pago de la notificación, se expide entonces al propietario del vehículo una sanción de 150£ (219,20€).

La acumulación de tres multas impagadas por este concepto, pueden suponer la inmovilización del vehículo infractor o que se lo lleve la grúa. La inmovilización está penalizada con 65£ (94,98€) y la grúa 150£ (219,20€) y el depósito municipal tiene un coste diario de otras 25£ (219,20€).

Pero la cosa no acaba ahí, pues si bien está contemplado el derecho al recurso, si a los 56 días no se ha hecho efectivo el pago de las multas, el coche puede ser ya subastado o desguazado.

En la ciudad de Chicago se están planteando también ahora establecer una tasa para circular por el centro, al igual que en Nueva York, si bien ambas ciudades, a mi modo de ver, tienen una complejidad muy distinta.

El pasado Día de la Tierra, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, propuso una tasa de 8 dólares para los coches y de 12 dólares para los camiones que circulen por el Lower Manhattan hasta la calle 86 para generar 400 millones de dólares para los proyectos de transporte público, sólo en el primer año. La New York State Legislature, cámara baja del estado de Nueva York, está considerando la idea.

Los motorizados que insistan en circular por el centro de Chicago que paguen una tasa al estilo de la congestion charge de Londres, para aliviar las congestiones de tráfico, reducir la polución del aire y proporcionar un necesario pulmón financiero a la Autoridad del Tránsito de Chicago (CTA), como propuso el presidente del Comité de Finanzas, Edward M. Burke, el concejal más influyente del ayuntamiento de esa ciudad. Seguramente es una cuestión muy complicada, añadió Burke, por lo que no hay que precipitarse. Pero pensé, dijo, que en Londres ya funciona desde hace años y Nueva York ya se lo está planteando, tal vez es una idea que Chicago debería considerar también.

Barcelona es mi maravillosa ciudad; cara pero mía y del resto de sus habitantes. El anterior alcalde Joan Clos no quiso nunca plantearse “cobrar un peaje por entrar en Barcelona”. Tampoco quiso plantearse otras cosas que son un claro progreso para la ciudad y se limitó a construir su mausoleo en el edificio del Forum y a construir unos descabelladamente caros tranvías que contribuyen a dar una imagen de la ciudad como de parque temático, sin haber resuelto la movilidad de la zona; pero lindos sí lo son. Por fortuna y desde hace algunos meses, el señor Clos, de profesión médico anestesista, es el ministro de Industria del Gobierno de España y sus actuaciones quedarán diluidas en todo el territorio nacional, en lugar de concentradas en esta ciudad.

El nuevo y flamante alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, sancionado el sábado en las urnas concejales, gobernará en minoría. Entre sus proyectos está el de recuperar el Área Metropolitana, compuesta por una serie de municipios del cinturón de Barcelona y aprovechar las sinergias que de todo ello se deriva. Hasta aquí nihil obstat. ¿Pero considerará Hereu la conveniencia de instaurar un peaje para circular por el centro? Porque Barcelona tiene un millón y medio de sufridos habitantes entre los que costeamos todos los servicios municipales de los que disfruta también el otro millón y medio de transeúntes diarios que llegan congestionando los accesos a la ciudad por la mañana y se van por la tarde congestionando las salidas, luego de haber congestionado el centro durante todo el día, para acomodarse en seguida en sus ciudades dormitorioresidenciales, en las que para atraer nuevos vecinos y llegar así a los hitos en número de habitantes que dan acceso a importantes subvenciones económicas por parte de la Diputación Provincial (no en vano su eslogan es “red de municipios”) abaratan las tasas municipales que en Barcelona son de auténtico escándalo por lo elevadas.

El llamado impuesto de circulación o técnicamente Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica es el doble en Barcelona que en cualquiera de las otras poblaciones que componen el Área Metropolitana. Las multas por aparcamiento indebido, otro tanto de lo mismo. Y lo que se paga por aparcar en “zona azul” o “zona verde” de las que no está exenta ni una sola área de Barcelona, es tan costoso que debería avergonzar a quienes lo aprobaron. Y entre ellos, al propio alcalde actual, que fue el instigador de la zona verde, en la que pueden aparcar los residentes de su zona exclusivamente, por 1€ a la semana. Donde antes se aparcaba gratis, ahora cuesta 52€ al año. Pero es por el bien de los residentes insiste.

Es a todas luces injusto que disfruten los transeúntes de lo que costeamos los residentes, sin contribución alguna por su parte, más que la de atascar de coches el centro de la ciudad, con todo lo que ello supone, de congestión y polución. Es de agradecer su contribución personal a la riqueza de todos, pero los puestos de trabajo y los centros de negocio están en esta ciudad.

Los residentes deberían poder aparcar sus coches gratis en todas las áreas verdes de la ciudad; ya que están establecidas que sean realmente beneficiosas para quienes soportan su déficit, pues ya advirtió el propio Ayuntamiento al crearlas que nunca sería rentable económicamente. Y quienes circulen por el centro que hagan su aportación al sostenimiento de la ciudad, con gran reducción, obviamente, para los residentes, discapacitados, grupos asistenciales, etc. Y con el producto de ese peaje interno se perfeccione el transporte público de la ciudad y se contribuya a la creación o mejora de un transporte público del Área Metropolitana a la ciudad de Barcelona.

Veremos si el nuevo alcalde tiene el coraje de hacerlo o seguirá con la actitud pusilánime a que nos tienen ya acostumbrados, por aquello de lo políticamente correcto, pues gobernar en minoría no es lo más aconsejable en estos tiempos de severa zozobra política. Empezamos regular.

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