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Etiquetas:   La Mirilla   -   Sección:  

Máxima tensión

Nazareth Heredia
Nazareth Heredia
lunes, 18 de junio de 2007, 07:31 h (CET)
Cómo pasa el tiempo. Ya ha pasado otra temporada o mejor dicho, está a punto de pasar. Han pasado casi diez meses de partidos disputados y de cambios en la tabla. Diez meses donde la polémica se ha servido en bandeja. Pero no sólo la Liga. Ya ha pasado la UEFA, la Champions y casi la Copa del Rey, a falta de una final que pronto vendrá.

Todavía no toca hacer balance, porque los partidos decisivos se juegan mañana. Los últimos de la tabla a las cinco, los que se juegan la Liga, a las nueve. Aunque, seamos realistas, está mucho más clara la victoria que el descenso. Real Madrid o Barcelona, porque el Sevilla está casi descartado, ojalá me equivoque. Real Sociedad, Celta, Betis o Athletic y dos históricos que se pueden hundir en Segunda. La emoción está servida.

No sé cómo se vive la victoria de un campeonato de Liga, pero sí un descenso. Cuando el vencedor canta el alirón, todas las páginas le pertenecen, los telediarios y la radio. Pero nadie dedica el mismo tiempo a un descenso y mucho menos cuando se juega el mismo día que la victoria. Es complicado de explicar, pero son los momentos más delicados y complicados que un equipo, que un jugador puede vivir.

Toda la afición pendiente, con el corazón en un puño y las lágrimas en los ojos, de lo que haga su equipo. Las ilusiones de unos colores se vienen abajo en cuestión de 45 minutos y todos con la oreja en la radio y la vista en el marcador; no por el resultado de su equipo, sino por lo que hagan los demás. Porque todo es vital en esos momentos.

Y cuando suena el pitido final, a los descendidos, a jugadores y afición, porque todos bajan, se les queda una cara de no saber dónde están y de desconcierto que no se puede explicar. Unos llorarán de rabia, otros de impotencia o tristeza. La realidad es cruda: la Segunda División espera. Los que no lo han vivido, no saben qué es eso, pero les aseguro que es uno de los momentos más amargos de cualquiera.

Siempre son los olvidados, de los que apenas se acuerda nadie cuando el eclipse del vencedor se cierne sobre todos. Pero bueno, siempre queda el año siguiente, cuando se juega cada partido esperando la victoria para vivir en la carne el inolvidable momento de ascender de nuevo a la élite. Hasta entonces se vivirán momentos de máxima tensión. Qué disfruten, que ya se acaba esto.

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