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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Móviles de protección y burla

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 17 de junio de 2007, 06:48 h (CET)
Hay que ver cómo han condicionado nuestra vida diaria, incluida nuestra propia seguridad, los móviles.

El móvil, ese vocablo ahora tan familiar, y hace nada tan extraño, nos ha cambiado la vida; habría que decir que incluso los puristas de la lengua se niegan a llamarlo así, móvil, porque móviles pueden ser otros muchos objetos y no precisamente los teléfonos portátiles, sin embargo el portátil, otro nuevo vocablo, en realidad es un adjetivo más con ganas y envidia de ser nombre; portátil, acepción que a pasos agigantados se está ganando el ordenador, dicen ellos que debía llamarse, aunque buena parte de América del Sur ya lo llame de otra forma, celular.

Pero independientemente del sustantivo que se utilice para llamarlo o la tarea que le encomendemos al aparatito: llamada o envío de mensaje, disparo de foto o rato de videojuego, lectura de una noticia o consulta de la agenda, o esa otra tarea novedosa y tecnológica, cualquiera diría que ya nos es imprescindible a todas horas.

He de reconocer que algunos entramos tarde en la utilización de estos aparatejos, puede que por la desconfianza que nos provocara en sus primeros años, por su impertinencia de ring-ring que le hace sonar en los momentos y lugares más inoportunos, también comenzamos a pensar que nuevas y perniciosas enfermedades nos atacarían sin compasión en el cerebro, o en las orejas por aquello de llevar siempre una estación portátil con antena plagada de ondas rodeando nuestro cuerpo, poco después hasta sin antena y en muy reducidas dimensiones y con muy poco peso hicieron los móviles.

Intentando buscarle alguna extraordinaria cualidad, vimos como una de sus mejores utilidades era que podían ser utilizados en los viajes y así nos confiamos a ellos, sobre todo en nuestros largos viajes, pero no en los del extranjero, porque para ésos se inventaron la trampa de facturas de ida y vuelta, igualmente viajeras.

Pero lo que no nos imaginábamos es que los niños de doce años se picaran con ellos dificultando su rendimiento en los estudios y los centros hayan tenido que tomar la determinación de prohibírselos durante las clases. Suponíamos también que bajarían sus precios al tiempo que se reduciría el tamaño y el peso y que se generalizaría su uso entre la población, pero no llegábamos a imaginar que el móvil protegería por ejemplo a las mujeres amenazadas de violencia de género, a las alumnas de instituto de sus mismos compañeros y compañeras de centro, y que con ellos se hiciera burla de actos tan abominables como es el de tomar imágenes de ataques y palizas entre iguales, aunque ellos se sientan muy distintos, para luego ser objeto de burla y escarnio. Con el móvil llega por primera vez la crueldad tecnológica unida al género humano, crueldad que cada vez aparece en edades más tempranas, eso de verdad que no creo que nadie lo esperara.

Bienvenidos los adelantos de la ciencia si con ellos la persona avanza y por ellos es servida; es el fruto de la inteligencia práctica, pero si unos cablecillos y una minipantalla sirven para producir daño o nos servimos de ellos para odiarnos, entonces llegará un momento en el que el hombre tendrá únicamente un móvil o un portátil de éstos como amigo; móvil o portátil que estará directamente comunicado con los servicios policiales que darán fe y alarma de que el hombre, o mejor decir la mujer, con ellos se protege.

A muchos nos gustaría saber cómo será la comunicación entre humanos en unos años y no nos referimos precisamente a la comunicación telefónica.
La alarma con o sin tono ya está dada, será necesario, en el mejor sentido de la palabra, movilizarnos.

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