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Y para terminar… el clásico
Antonio Álvarez
La final de la ACB enfrentarán a los equipos más seguidos de España (no lo digo yo, sino las audiencias de televisión). Real Madrid y F.C Barcelona, dos equipos de evidente raíz futbolística, dirimirán el título baloncestístico. Será la novena final entre blaugranas y blancos (4-4) que servirá para desequilibrar la equidad entre ambos. Pero más allá de esto, la final de ACB supondrá una continuidad a lucha que se está viviendo en el terreno futbolístico.
Porque muchos aficionados al fútbol, que no al baloncesto, se plantarán delante de la pantalla, esperando que su equipo derrote al eterno rival. Y es que lamentablemente el baloncesto sigue siendo el segundo deporte del país, a mucha distancia del deporte rey ¡Es una pena que aún haya españoles que no sepan saborear el espectáculo del baloncesto!
Y para muestra un botón. Hacía tiempo que no se veían unas semifinales tan igualadas. Ambas requirieron del quinto partido, y en las dos se vislumbró un basket técnico, defensivo, intenso pero a la vez espectacular, emocionante y de alto nivel. Nada que ver con la NBA, y su ya casi decidido campeón (San Antonio domina por 3-0 y está a una victorias de conseguir el anillo).
Tanto madridistas como barcelonistas se enfrentaron hace poco más de tres meses en la final de la Copa del Rey. Por aquel entonces el Real Madrid era el favorito absoluto después de un espectacular arranque liguero (13 victorias seguidas). Por su parte, el Winterthur Barcelona aún no había cogido la chispa que Ivanovic pretendía implantar. Pero el triunfo copero supuso un punto de inflexión.
Desde Málaga, el conjunto de Plaza pareció acusar el cansancio, la fama y la derrota, y bajó el nivel exhibido en la primera parte de la liga. Aún así, conquistó la Copa Uleb y con ella el objetivo de la temporada, el billete para la Euroliga. Por su parte, el Barça comenzó con el punto de mira en la Final a Cuatro de Atenas, y al final se ha tenido que conformar con su clasificación para la Euroliga in extremis, gracias a su victoria sobre el Tau.
Tanto unos como otros dicen llegar sin presión, pero eso no es cierto, porque una final no dejará de ser nunca una final, y a nadie le gusta perder. La receta del éxito ya la dio un tal Aníbal hace miles de años: “la victoria fue siempre para quien jamás dudó”.
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