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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Ocasiones hay en que la justicia misma produce entuertos (Sófocles)

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 14 de junio de 2007, 23:05 h (CET)
Esta será la primera vez que voy a hablar sobre el juicio del 11-M que se está celebrando en la Audiencia Nacional. No acostumbro a meter baza en el campo judicial, porque considero que, en líneas generales, es preferible dejar trabajar a los representantes de la Justicia sin intromisiones ajenas que, en la mayoría de los casos, sólo sirven para causar confusión y despistar a la ciudadanía. Por ello no voy a entrar en los argumentos jurídicos que se han esgrimido por las partes y el ministerio fiscal que, en su debido momento procesal deberán ser valorados por el Tribunal. Ello no obstante, sí voy a hacer algún comentario sobre lo que podríamos considerar elementos extrajudiciales que, no sé si con la intención de influir en la decisión de los jueces o bien para introducir en el proceso agravios particulares de determinados miembros de la representación del Estado y de la acusación; sin tener nada que ver con el tema que se está sustanciando, pueden hacer que parte de la ciudadanía se sienta escandalizada por la frivolidad o apariencia de venganza con la que personas que, por su oficio y responsabilidad, debieran estar muy por encima de tales artimañas y, por supuesto, acostumbradas, como personas públicas que son, a no alterarse por las críticas que les puedan llover desde la prensa e, incluso, desde los propios ciudadanos. Quizá, en este país, existen algunos estamentos que están acostumbrados a que sus actuaciones nunca se cuestionan y cuando surge la opinión contraria no saben tolerarla.

Por todo esto, resulta normal que un simple ciudadano de a pie pueda pensar que hay algunas cosas, en este magno juicio, dignas de ser analizadas. Por ejemplo, las prisas que se dio el juez instructor, señor Del Olmo, en ordenar el desguace de los vagones donde se produjo la masacre. Choca que, en EEUU, cuando se produce un accidente de aviación, una de las primeras cosas de las que se ocupan es de reconstruir la aeronave, aunque para ello deban extraerla del fondo del mar, para intentar recrear, minuciosamente, las causas del siniestro. Aquí, sin embargo, tuvieron demasiada prisa en deshacerse de la chatarra en la que, con toda probabilidad, hubieran podido hallar muchas pruebas de lo sucedido. Incluso el magistrado, señor Bermúdez, pensó que era un error cuando vio que, a los dos días del atentado, se había ordenado el desguace. Otro tema que causa extrañeza y que contrasta con la lentitud con la que se ha llevado a cabo la instrucción del sumario (tres años), es que, a los dos meses, el juez ordenara la incineración de todos los restos de ropa, maletas, enseres, etc. Si volvemos a EEUU y nos centramos en lo que ocurrió cuando el magnicidio de las torres gemelas, observaremos el comportamiento esquisito de las autoridades que entregaron a los familiares todas las pertenencias de las víctimas que lograron rescatar del escenario del atentado. ¿Inconsciencia, negligencia, ignorancia?, fuere lo que fuere unas decisiones que, sin duda alguna, perjudicaron las investigaciones de los expertos y han permitido, seguramente, que los cerebros del criminal suceso se hayan librado del castigo. Y el Consejo del Poder Judicial sin decir nada. ¡Pues vaya que sea!

¿Es lógico que la fiscal del caso se ponga a llorar cuando termina de informar sobre sus conclusiones? Si nos atenemos a la igualdad de sexos yo diría que no, porque no he visto a ningún fiscal sumido en un mar de lágrimas. Otra cosa sería que, a la vista del ridículo que había hecho –el juez Bermúdez la tuvo que llamar al orden por pretender aprovechar el uso de la palabra, para vengarse de los medios de comunicación que la habían desautorizado –, se le cayera la cara de vergüenza y llorara de rabia. Pero no debería desanimarse, porque los otros fiscales tampoco se han lucido. Veamos por ejemplo lo que se ha atrevido a decir el señor Zaragoza. Para él “da igual lo que estallara en los trenes porque existen otras pruebas que incriminan a los acusados”; perdone mi extrañeza, pero siempre había pensado que el “arma del crimen” era esencial para la acusación. Si a uno que se le encuentra con un martillo ensangrentado en la mano, cerca del lugar del crímen y se sabe que era enemigo acérrimo de la víctima y se le quiere acusar de un homicidio que fue causado por cinco tiros de pistola, mal le irá a la acusación para probar que fue él el autor. Se ha hablado, se ha discutido hasta la saciedad de que fue Goma 2, cuando se probó que existían componentes que no entran en la composición de la goma 2, se dijo que estaban contaminados; cuando se dijo que la muestra estaba guardada en varias bolsas distintas, se continuó insistiendo en lo mmismo ¿cómo?... a través de la porosidad ¡un disparate como una casa! O sea, que si el explosivo venía de Mina Conchita y fue el que utilizaron los causantes de la masacre, cuando se demuestra que no era aquel, sino otro, el fiscal dice que ¡da igual! Pues bravo por el fiscal. Otro de los acusadores se salió por peteneras diciendo que había quienes si los criminales no llevaban boína y no se llamaban Patxi no podían ser terroristas. Lamentable, verdaderamente lamentable y, de paso, un atentado al sentido común. Desearía que el juez Bermúdez y los otros dos magistrados estaran a la altura de las circunstancias y fueran capaces de analizar, con objetividad, lo que ha quedado probado en el transcurso del juicio que, a mi pobre entender, aparte de que han pillado a una colección de sinverguenzas, traficantes de drogas y confidentes de la policía, poco ha quedado en limpio.

¡Ah! No se olviden de lo de la cabra y las gallinas de la fiscal Olga Sánchez. Me temo que sus conocimientos de zoología van a la par de su eficacia como fiscal. Y otra cosa, antes de concluir este escrito: la actuación de los testigos de la policía ha sido penosa y, en algunos casos, han cometido claro perjurio. El señor magistrado dijo que de ello se trataría en el momento procesal oportuno. Algunos nos preguntamos, viendo que el juicio está a punto de finalizar ¿cuándo llegará este momento procesal que estamos esperando con tanto interés? Esperemos que no se difumine en el tiempo, como ha ocurrido tantas veces.

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