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Etiquetas:   Con el telar a cuestas  

Gustavo Selva, no vales una salve

Ángel Sáez
Ángel Sáez
jueves, 14 de junio de 2007, 23:05 h (CET)
Siento, de veras, ser tan duro con usted y tener que decírselo con tanta crudeza, dureza y rudeza, pero tampoco vales un par de velas.

Parece mentira (pero es cierto, como la vida misma) lo del senador italiano, que el sábado pasado se encontró a gusto adentrándose en una selva. Porque no es coherente, ni congruente, ni consecuente, ni lógico que una persona de su edad, 81 años, con su bagaje cultural y vital, con las numerosas responsabilidades que ha tenido que asumir a lo largo de su carrera política, se comportara como lo hizo, como un gusano, el mentado y lamentable Gustavo Selva.

Tras el absurdo cometido, propio de un descerebrado, se lo comento, desocupado lector, por si usted no ha tenido conocimiento del hecho, el “irresponsable e indigno” (de esa guisa calificó su proceder la ministra de Sanidad, Livia Turco, quien, además, advirtió en el suceso un claro desprecio por el bien público, un uso fraudulento del mismo y acaso hasta un delito, que, por supuesto, no puede quedar impune –en el caso de ser reputado tal-) comportamiento del senador, quien fingiendo un infarto, utilizó de manera torticera una ambulancia que suele prestar sus servicios en el Parlamento, a fin de sortear las restricciones impuestas al tráfico en Roma con ocasión de la visita del presidente de los EE UU, George W. Bush, y poder llegar a tiempo a un programa de televisión en directo.

Ante la avalancha de críticas que le han llegado de todas las partes, el senador anunció que presentaba su dimisión, remitiéndole una carta, que contenía la renuncia a su acta de senador, a Franco Marini, el presidente de la Cámara Alta.

Al parecer, Selva mantuvo un comportamiento selvático, “amenazante y ofensivo” contra el personal de la ambulancia, a quienes empujó, amenazó y engañó vilmente.

La actitud nada edificante (a saber cómo se le hubiera quedado el cuerpo al sujeto en cuestión si, tras protagonizar el esperpento, hubiese tenido constancia de que esa ambulancia fue precisada, en efecto, para un caso real de urgencia, por haber necesitado otro senador o cualquier otra persona que trabaje en la Cámara raudo auxilio hospitalario) de Selva ha venido a coincidir en el tiempo con el debate que se ha suscitado en la sociedad italiana a propósito de los altos costes que genera al erario público la política y los privilegios que gozan los parlamentarios y que ha contribuido a espolear aún más la publicación de “La Casta”, de Gian Antonio Stella y Sergio Rizzo, que versa sobre el asunto de marras.

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