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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los hijos florero, lo que menos importa

Antonio Cánaves (Palma)
Redacción
miércoles, 13 de junio de 2007, 23:20 h (CET)
Nuestra vida es una sucesión de acontecimientos donde no decidimos, no tenemos criterio, ni ideas propias. Aunque nos cueste reconocerlo, somos animales de costumbres y hábitos heredados, y nos dedicamos a imitar comportamientos de los demás, sin pensar el ¿porque?, por temor de ser considerado “raros” y por tanto, objeto de critica continua por no adaptarse al patrón oficial: Ahora “toca” tener novia, ahora votar, tener moto, ir al fútbol, ahora “toca” el carnet de conducir, comprarse el coche, trepar en el trabajo, ahora casarse, hacer dinero, ahora tener hijos, etc. Nos encontramos a miles, a millones de personas que sin reflexionar sobre ello, se cargan de responsabilidades que les sobrepasan, la principal de ellas: ser padres… cuando se dan cuenta, de las obligaciones, dedicación, educación, tiempo y amor que necesitan los hijos, ya no tienen vuelta a tras y actúan como auténticos irresponsables. Y su labor de padres consiste en soportan a sus hijos, para que molesten lo menos posible, entre sus otras obligaciones, distracciones y tiempo de ocio.

No entraremos a tratar los casos de pederastia y violencia contra los menores; pero, tenemos a esa legión de niños, que pasan la mayor parte del día en la guardería; niños que los crían sus abuelos; niños que pasan mas tiempo con la niñera que con los padres; niños pin-pon de padres separados y divorciados. De padres que están demasiado ocupados "realizándose en el trabajo" sin apenas tiempo para ver a sus hijos; padres que tienen hijos, para ver si le dan algún aliciente en su matrimonio; padres que traen niños al mundo, para ver si salvan su matrimonio que zozobra; de padres depresivos porque la paternidad les sobrepasa; de padres ansiosos, que terminen las vacaciones del colegio para quitarse los hijos de encima; de padres que apenas ven a sus hijos de tanto trabajar para sacarlos adelante; de padres que traen hijos al mundo para ver si les alegran su frustración ante el mundo; de padres que proyectan en sus hijos, lo que ellos no han sido capaces de realizar en la vida;

Y así, la ingente cantidad de abuelos, que viven solos o van a dar con sus huesos en residencias y asilos de ancianos como trastos viejos, porque los hijos "están muy ocupados" como en su día lo estuvieron ellos, o los que los visitan para "cubrir expediente" el día de cobro de la pensión, a ver si les cae algo.

Las argumentaciones de los padres para tener niños pueden llegar a ser de lo más insólitas: “porque un niño solo se aburre”,“vamos a por la parejita”,“ya llevamos 3 niñas, pero no pararemos hasta que llegue el niño o viceversa”,“Para asegurar nuestro futuro”,“El santo padre nos alienta a ello” “Para no perder el apellido” “porque si no, se acabara la humanidad” todo ello, excelente caldo de cultivo para “niños florero”

Luego están los hijos como objeto de propaganda política o religiosa, tratados por nuestros gobernantes como mercancías: como las cabezas de ganado o los sacos de patatas. Lo que importa es la cantidad, no su calidad de vida y el amor del entorno. Mensajes desde instancias superiores, como “nuestro país necesita mas niños” “Si no nacen más niños, nos quedaremos sin pensiones” “nuestro país se llenará de viejos” “son necesarios más niños para expandir nuestra fe por el mundo” “que nazcan mas niños para proteger nuestras fronteras” son una pequeña muestra de la inconciencia y falta de escrúpulos de las autoridades para proporcionar mano de obra barata para explotarla o como carne de cañón para las guerras, que tantos beneficios económicos aportan a los ricos. Tratando de inculcar el sentimiento de culpabilidad, a todos aquellos que renuncian a la paternidad o solo tienen un hijo, y no contribuyen al relevo generacional. A estos últimos, se nos suele tachar de egoístas “por no querer acarrear con la responsabilidad de ser padres…” el problema, es que se comete el error, de invertir la definición del egoísmo… ya que, egoísta: “es aquel, que quiere algo para si mismo, pero que no lo tengan los demás”, ¡no, aquel, que no lo quiere! En este caso el egoísta es el que quiere ser padre, no el que no. Unos padres sin egoísmo serian aquellos, que compartiesen sus hijos o su paternidad con otras personas.

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