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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El relativismo, el azar y la suerte

Manuel Olmeda Carrasco
Redacción
miércoles, 13 de junio de 2007, 23:20 h (CET)
Hoy, leyendo el artículo publicado por un amigo, al que no conozco personalmente y no importa porque la amistad es un sentimiento que no se alimenta de percepciones materiales, sobre la suerte de su señera y señora, en sus palabras y en las del dicho popular, madre de nombre Iluminada, tan bello como sonoro y nada común, al tocarle el segundo televisor en su ya larga vida, empezó mi mente a maquinar, con profundas reflexiones, un camino filosófico por el que transitaban conceptos, teorías y certidumbres en heterogénea disposición pidiendo, con ansiedad, el factor que orientara, ordenara, tan caótica mezcolanza de proposiciones.

El relativismo, para mi, no es más que la respuesta cliché del sabio, en ciencias naturales o humanas, cuando no encuentra la explicación que se ajuste a los cánones del momento, ante un fenómeno observado o experimentado. Así surgen las modernas teorías de la física cuántica y aquellas otras –que se transforman en ¿principios aplicables? en el campo de la educación y de la praxis política- sobre la conducta y la dinámica sociales. Es, en suma, la vía airosa de la indigencia científica.

El azar, a caballo entre la ciencia y la religión antes de que ambas diverjan, representa en la teoría cuántica un papel similar al determinismo en la corpuscular. Es posible, pues, conocer de antemano el proceder de la materia como tal, aquella que se rige por leyes universales e inamovibles; pero no podemos conformar ni configurar un comportamiento, si es ajena a esa condición de pura materia; es decir, sus circunstancias, sus manifestaciones. De alguna manera, el azar, como mantiene Poincaré, no es sino la medida de nuestra ignorancia.

La suerte se difumina en perfiles etéreos; por eso se la supone alada, antojadiza, cuando se posa, sin avisar, sobre hombros ilusionados que la evocan o invocan, casi siempre sin dejarse seducir. Pienso que su esencia la constituye un compendio de los escurridizos conceptos anteriores y que hemos medio desmenuzado. En efecto, la suerte es algo (todo) de imprecisión, imprevisión . –azar- y relativismo. ¿Es seguro que la mala suerte no es al mismo tiempo buena suerte o viceversa?. Al igual que en el gato de Schrödinger, sólo el futuro puede aclarar este interrogante.

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