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Etiquetas:   Alemania   -   Sección:   Opinión

Canícula hasta el 2050

José Antonio Jato
José Antonio Jato
miércoles, 13 de junio de 2007, 23:16 h (CET)
Las aparatosas medidas de seguridad han quedado en el recuerdo como quizás lo único noticiable de la reciente cumbre del G8. Deslucida como pocas ya sólo nos queda el poso de una parafernalia costosa al servicio de un espectáculo mediático de dudosa rentabilidad, dado el despliegue de millares de policías, y una barrera de seguridad de más de 11 km de longitud. El único fin: blindarse de los militantes anti-globalización.

Atrás han quedado tres días decepcionantes de tiras y aflojas con el objetivo de que los ocho países más industrializados del planeta consensuaran acuerdos mínimos para lograr reducir sustancialmente las emisiones contaminantes mundiales de CO2.

A la vista de los resultados hay que reconocer que las negociaciones han sido un absoluto desencuentro. Sin ir más lejos postergar la solución del problema del calentamiento global a 40 años vista evidencia que los negociadores de Heiligendamm han interiorizado la conducta de los avestruces ante una grave vicisitud. Después de nosotros la canícula, parecen haber consensuado. No hay otra forma para entender esa manera de esconder la cabeza.

Una excepción cabría hacerla con la anfitriona del encuentro, la canciller alemana Angela Merkel, quien se lanzó a una misión imposible en la que participaban un presidente con los telediarios contados como George Bush, y el presidente ruso Wladimir Putin, más obcecado con el escudo antimisiles estadounidense y por su sucesión, que por la necesidad imperiosa de reducir globalmente las emisiones contaminantes del planeta. Se comprende que Merkel sellara el espectáculo con la debida resignación al negar ante la prensa que en Heiligendamm se celebrara una cumbre medioambiental. ¿Pues entonces, qué¿
Sin embargo su veterano compañero de partido y antiguo ministro alemán Heiner Geißler le lanzó un salvavidas diplomático por medio de una sorprendente triquiñuela, a saber: que se había afiliado en mayo de 2007 a ATTAC. Con ello el partido conservador de Angela Merkel, ha obtenido una punta de lanza en la lucha anti-globalización. Vivir para ver.

Geißler no ha tenido empacho en proponer un plan Marshall mundial en el que los países más industrializados deberían contribuir con un 2% de su PIB para salvar a los países más pobres de la tierra. También entre otras medidas urgentes aboga por frenar los excesos discriminatorios de la globalización, según el, causante de la plaga del desempleo.

La prensa alemana ha destacado no sin cierta ironía que el ex ministro descartó manifestarse en Heiligendamm con los anti-globalización, primero para no poner en un aprieto a su compañera Angela Merkel, segundo para no verse reflejado con su postura en el otro veterano disidente socialdemócrata y líder de la nueva izquierda alemana, Oscar Lafontaine.

En el fondo hay que entenderlo como pura coquetería entre políticos, porque la canícula por no respetar no respetará, hasta el 2050, ni al ocaso de las ideologías.

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