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El cuasi-esperpento
Daniel Sanabria
Gracias a Dios y por desgracia de Iturralde González la Liga Española no se vio frente a la situación más esperpéntica de su historia. En los minutos finales del Mallorca-Sevilla disputado en el ONO Estadi hubo un claro penalti a favor del equipo andaluz que no fue sancionado por Iturralde.
Jugando a visionario, diré que seguramente el penalti hubiera supuesto el 0-1, con lo que esta conspiradora y rebelde Liga hubiera llegado a la jornada 38 con Madrid, Barcelona y Sevilla empatados a puntos. Imaginemos por momentos esta disyuntiva, donde el Real Madrid gozaría de “pole position” gracias a la absurda teoría de goles marcados-goles encajados.
¿Qué hubiera hecho el Barcelona en la última jornada en Tarragona sabiendo que si vence al Nàstic, y Sevilla y Madrid ganan sus partidos el título es para el eterno rival? No lo quiero ni pensar. Aunque sí, lo que pienso es eso que estáis pensando vosotros también..., se hubiera dejado empatar, o a lo peor, perder.
¿Se imaginan que una Liga de fútbol tan larga, intensa, evocadora de alegrías y tristezas, sonrisas y llantos, protagonista de millones de conversaciones en el metro, la oficina, el instituto... se hubiera decidido con un derrota provocada? Pues a un penalti hemos estado de que eso ocurra. Para que luego a uno le miren como a un loco cuando dice por ahí que un árbitro (inconscientemente) puede decidir un campeonato.
Ni lo veremos ni quiero imaginarme cómo hubiera sido ese Nàstic-Barcelona, con el Barcelona jugándose la Liga y sabedor al mismo tiempo de que una victoria suya puede darles la gloria del título o el infierno del título rival. Ahora bien, si me tuviera que jugar el brazo con el que escribo estos artículos de opinión, me lo jugaba a que el Barça hubiera evitado la victoria.
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