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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Mire usted, señora Torres, incluso para ofender hace falta clase

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 11 de junio de 2007, 21:44 h (CET)
Hay algunas personas a las que el pelo de la dehesa no se les va por muchos años que pasen, y creo poder afirmar que esto le ocurre a la escritora Maruja Torres que, seguramente por haber nacido en el Raval de Barcelona y por no haber tenido posibilidades de recibir una formación ad hoc, sigue manteniendo en su corazoncillo este rencor que tan habitual es en la izquierda española, que tiene la especial particularidad de haberles llegado por linea directa desde sus ancestros, que no fueron capaces de conseguir, a pesar de haber transcurrido más de setenta años desde el fin de la guerra civil, reponerse del trauma de haber sido vencidos por un general que cruzó el estrecho de Gibraltar con unos efectivos que no llegaban a los dos mil soldados. Lo comprendo, debe ser muy decepcionante. Pero todos sus demonios personales no creo que justifiquen su mala uva contra el PP, que nada tiene que ver, tanto por las personas que lo integran como por las ideas que mantienen, con aquellos que derrotaron a la República, y si alguno queda de ellos debiera buscarlo la señora Torres en sus propias filas o en el propio periódico en el que colabora. Si quiere escarbar en las vidas de algunos de sus jefes quizá se encuentre con más de una sorpresa.

Lo cierto es que, el otro día, ojeando la prensa, me econtré con una fotografía en la que aparecían… como lo podría expresar yo sin que resulte demasiado sangrante…, digamos que dos rostros no demasiado jóvenes, más bien marchitos e, indudablemente, poco fotogénicos, que intentaban aparecer sonrientes aunque, a fuer de sincero, lo que se veía era una mueca o un rictus, como se quiera expresarlo, de suprema amargura. Luego, al leer el artículo al que se refería la imagen supe que se trataba de la vicepresidenta de la Vogue y de la autora del artículo “Maldades”, publicado en el País. Visto lo visto, no me etraña lo de la mala leche.

Claro que, cuando la señora se pone a fantasear, no se para en pelillos, como vulgarmente se dice, y entra de lleno en la sal gorda, la descalificación sistemática y la burda acusación; por supuesto, todo ello fruto de su calenturienta imaginación, porque otra cosa no se puede decir de una colección de falsedades insidiosas y mal intencionadas fruto del más puro y duro reconcomio visceral. Lástima que todas las “lindezas” que les atribuye a los del PP no se las endose a sus amigos y correligionarios, los socialistas; porque a la escritora que, al parecer tiene problemas de visión, su pasión la lleva a aquello de ver la paja en el ojo del PP pero, por lo visto, es incapaz de ver la viga en los de su propia ralea. ¡Es una pena! Porque, veamos señora, ¿de dónde eso de “desleal oposición”?, ¿desde cuándo la oposición tiene obligación de aguantarle el florero al partido gobernante? Supongo que a usted, a la vista de los resultados obtenidos por Zapatero en la dichosa negociación “por la paz”, le hubiera gustado que el PP (que le estuvo advirtiendo a Zapatero, durante tres años, de que se estaba equivocando) todavía le hubiera aplaudido cuando ETA, que no Zapatero, rompió le negociación unilateralmente, dejando a su jefe con cara de vinagre. Lo siento, pero si no se explica mejor, me parece que sus palabras no tienen sentido. Comete usted otra equivocación garrafal, señora mía, cuando se hace una pregunta retórica diciendo que “si Zapatero hubiera cedido la banda no hubiera roto”. No entiende usted nada de terrorismo y menos de la especial idiosincrasia de los etarras. Vamos, que cuando usted va ellos vuelven. Se lo explico, y lo repito para que lo entienda: Zapatero no fue el que rompió porque los etarras le pidieran cesiones políticas, no señora, fueron ellos porque no estaban interesados – ahora que ya han conseguido infiltrarse en los Ayuntamientos y conseguir sacarnos a todos dinero para que se les pague –, sintiéndose fuertes en Euskadi y en Navarra, en continuar negociando el dichoso acuerdo de paz y, por eso, le han mandado a hacer gárgaras, porque no van en busca de autonomías descafeinadas, sino de la independencia y, tampoco, quieren una democracia, sino un comunismo totalitario para el País Vasco y Navarra. Y es que, señora, una cosa es escribir una novela y otra es comprener a los vascos que es mucho más complicado.Lo que le ocurre es que le pueden sus tendencias frentepopulistas que no le dejan razonar medianamente bien y así le ha salido el panfleto de El País.

No es que la tregua pusiera nervioso al PP, es que puso nerviosos a diez millones de ciudadanos que, con el trascurrir del tiempo y vistos los resultados de las negociaciones (cesión al chantaje de De Juana Chaos; retirada por Conde Pumpido de los cargos contra Otegui; atentado de la T4 etc), se ha ido incrementando hasta dar lugar a que más de dos millones de personas se manifestaran en Madrid contra el timo de Zapatero y sus pasteleos con ETA. Pero estos dos millones no eran más que la cúspide del iceberg, porque en casa nos quedamos hasta el resto del setenta por ciento que, según las encuentas que se realizaron en los medios de comunicación, somos los que renegamos de semejante engaño. No confunda sentido común con maldad, ni lo haga tampoco con adversión al PSOE, porque no es así y, por si no lo sabe, hay muchos de los suyos que están en contra de la deriva por la que está llevando a España el señor Zapatero. Todavía, que yo sepa, nadie del PP le ha llamado a usted “hija de puta”, como nos llamó en una ocasión. Claro que, como he dicho al principio, todavía existen diferencias, y hay quienes sin insultar ni faltar son capaces de decir las verdades, de zaherir si usted prefiere, pero con otro estilo diferente, con más clase y buenas maneras.

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