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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Venezuela   Populismo   Nicolás Maduro  

¿Qué pasa en Venezuela? El paroxismo de Maduro denota temor

Los venezolanos se han ido dando cuenta de que la revolución bolivariana no es capaz de cubrir sus necesidades
Miguel Massanet
jueves, 12 de marzo de 2015, 22:07 h (CET)
Suena a populista y no es de extrañar, porque el gobierno del señor Maduro se ha convertido en algo mucho más peligroso de lo que, en un principio, podía dar a entender un orate que decía recibir, a través de un pajarito, las instrucciones de su mentor, el señor Hugo Chávez. Por desgracia, aquellas tonterías, aquellas declaraciones propias de alguien con algún problema mental, se han ido transformando en gestos, actitudes, comportamientos y maneras, más propios de un dictador, al estilo de José Stalin, que de un gobernante preocupado por su pueblo, por la economía de su país, por el bienestar de los ciudadanos y por aprovechar la gran riqueza que posee Venezuela para proyectarla hacia la recuperación, recobrando la democracia y respetando las leyes de la convivencia y los derechos individuales de sus ciudadanos.

Es evidente que la crítica situación en la que, actualmente, se encuentra la nación venezolana, a un paso de entrar en default o quiebra soberana, simplemente por la mala gestión de sus gobernantes, debiera de ser el principal motivo de preocupación de sus gobernantes. Lo cierto es que han venido demostrando su incapacidad para regir los destinos del país, su empeño en hundir a la oposición con la cual no ha tenido contemplaciones, hasta el punto de que no han dudado en encarcelar a sus dirigentes e, incluso, impedir que la prensa pueda ejercer libremente su función informativa si de ella se pudiera desprender algún asomo de crítica al gobierno de la nación. Periódicos cerrados, periodistas amenazados, TV controladas por el ejecutivo y destinadas íntegramente a la propaganda gubernamental, alabando la labor gubernativa y cargando, sin miramientos, con cualquiera que reclamara la libertad de expresarse libremente.

A medida que el efecto Hugo Chávez ha ido perdiendo fuerza con el transcurso del tiempo, los venezolanos se han ido dando cuenta de que la revolución bolivariana no es capaz de cubrir sus necesidades, no les permite seguir viviendo como solían y que las promesas de los que ostentan el poder de hacer salir de la pobreza a los peor tratados por la fortuna se han quedado en eso, en promesas, que no han tenido más efectos que el aumentar la pobreza, que el coste de vida haya subido a niveles insoportables, que los supermercados estén desabastecidos y que, cada día que pasa, la nación vaya cayendo en la desesperación y en la inseguridad; pendiente de que, cualquier día, las huestes del dictador, los detengan para encerrarlos en las prisiones, sin que la acaparamiento de los poderes del Estado en la figura de su Presidente, les permita tener la garantía de una Justicia despolitizada.

Todavía no sabemos el efecto que, el acercamiento de los EE.UU a la Cuba de los hermanos Castro, pueden llegar a tener en las ayudas que, hasta ahora, han ido recibiendo en Venezuela de aquella nación; algo que, sin duda, ha permitido al señor Maduro mantener por un tiempo más en el poder. Lo que si ha conseguido ha sido crearse un poderoso enemigo, el peor quizá al que uno desearía enfrentarse, al provocar con sus sinrazones, patochadas, alardes e insultos, la reacción del gran coloso americano que, por boca de su presidente, acaba de darle una bofetada diplomática al presidente de Venezuela, a la que seguirán, con toda probabilidad, aparte de las medidas políticas de prohibir a determinadas personas, cercanas al señor Maduro, que puedan visitar los EE.UU, (amén de haberles congelado los bienes que pudieran tener en la nación norteamericana); una serie de medidas relativas a las relaciones comerciales existentes entre ambos países.

Lo que pueda vociferar Maduro, las amenazas y las bravuconerias con las que ha querido contestar al anuncio del señor Obama de declarar el estado de “emergencia nacional” por “riesgo extraordinario” , que se considera que supone el gobierno de Venezuela para la nación americana, que, de acuerdo con el discurso del Presidente norteamericano “constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los EEUU”; como es evidente no les causan la menor inquietud a los americanos que saben que con un simple soplido son capaces de enviar a Maduro y toda su camarillas a las antípodas, un lugar donde seguramente no querrían recibirlos. Hay que decir que, la orden ejecutiva firmada hoy por el señor Obama, autoriza al Departamento del Tesoro a imponer más sanciones a aquellos de los que se determine que hayan promovido acciones o planes “que socaven procesos o instituciones democrática” o que, a juicio de los EEUU “cometan o hayan cometido violaciones de los Derechos Humanos en Venezuela”.

Estando así las cosas, algunos nos planteamos el futuro de movimientos populistas, patrocinados por Ecuador, Bolivia y Venezuela, con la intención de imponer la revolución comunista bolivariana en Europa, como ha sido el caso de Grecia con el partido Syriza. ¿Qué será de Podemos y sus promotores si les falla el ejemplo de Grecia?, algo que parece que va a suceder ante la imposibilidad de los griegos de salir del apuro en el que están si no reciben el apoyo de la UE. ¿Dispondrán, estos movimientos antisistema de proyección bolchevique, de otros medios de financiación para afrontar sus próximas etapas políticas, si el señor Maduro les cortara su apoyo económico? Lo cierto es que el señor Obama ha dado en el clavo cuando se ha referido al programa bolivariano de expandir este sistema de gobierno a otros países “socavando procesos o instituciones democráticas” como parece que están intentando hacer en España y ya lo han conseguido en la nación griega; con unos resultados que, en principio, no parece que hayan tenido éxito, a tenor de cómo les ha respondido Bruselas a sus intenciones de retardar las consecuencias de no respetar los acuerdos que, en su día, aceptaron cuando fueron intervenidos por la Troika.

En un mundo globalizado no se debe fijarse, solamente, en lo que sucede en un país, así como ningún país, que forme parte de la economía global, puede sustraerse a cumplir con los compromisos adquiridos ni pretender instaurar un sistema no democrático sin verse afectado, en sus relaciones con el resto de naciones que integran el amplio abanico de las que aceptan la libertad de mercados, la propiedad privada, la libertad de expresión y la iniciativa privada como medio de promoción del desarrollo de las naciones, sus progresos científicos, su mejora del nivel de vida y la protección, en fin, de las libertades individuales, algo que sólo se consigue en un país democrático libre de la opresión del Estado totalitario.

Los programas trasnochados, los que pretenden controlar las vidas de los ciudadanos por medios del intervencionismo del Estado, aquellos que pretenden asumir y sustituir la iniciativa privada por la actividad de funcionarios públicos, lo único que consiguen es crear una clase de ciudadanos sin estímulos, acomodaticia, sin ideas ni opiniones propias, sometidos al poder del Estado y resignados a vivir una vida sin alicientes, adocenada y sin otro objetivo que el de ser un miembro más de un colectivo uniforme en un sistema que, por fortuna, quedó o debería haber quedado, relegado al olvido cuando la luz de la libertad se encendió en las naciones sometidas a la URRS de detrás del humillante Telón de Acero.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos el peligro de un populismo desnortado que pudiera calar en el pueblo español.
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