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Oriente Próximo. El retorno al año 1967 es imposible

Marianna Bélenkaya
Redacción
domingo, 10 de junio de 2007, 23:02 h (CET)
El 5 de junio se cumplieron 40 años desde el comienzo de la guerra árabe-israelí que entró en los anales de la historia bajo el nombre la “Guerra de los Seis Días”.

Este aniversario da un motivo para analizar ante todo las consecuencias de aquella guerra que también hoy se dejan sentir en Oriente Próximo. Los problemas de los refugiados palestinos, de los territorios ocupados y del integrismo hunden sus raíces en el año 1967.

A mediados de los años 60, tanto el mundo árabe como Israel se preparaban para la guerra, considerando la única herramienta capaz de cortar el nudo de numerosos problemas y contradicciones. Recordemos que en 1947, la ONU adoptó la resolución sobre división de Palestina, territorio bajo fideicomiso británico, en dos Estados independientes: judío y palestino. Los judíos ejercieron su derecho. Los palestinos, en buena medida por culpa de los países árabes, no lo hicieron. Los territorios palestinos pasaron bajo jurisdicción provisional de Egipto y Jordania.

Los radicales árabes se oponían a reconocer el derecho de Israel a la existencia como Estado soberano. Por su parte, los israelíes suponían que en caso de asestar un golpe preventivo y obtener victoria militar, podrían obligar a los árabes a cambiar de actitud. Era evidente asimismo la ventaja estratégica: la ocupación de las tierras árabes aumentaría la profundidad del territorio controlado por Israel.

Hoy es absolutamente evidente que el conflicto árabe-israelí no se presta a solución militar.

Las piedras angulares del arreglo mesoriental es la recuperación de los territorios árabes ocupados por Israel, la creación del Estado palestino independiente y el reconocimiento por los países árabes del derecho de Israel a la existencia y la concesión de garantías de su seguridad. El aspecto clave de todas las negociaciones son las fronteras que existían antes del 5 de junio de 1967. El problema estriba únicamente en que desde aquel entonces, el mapa de Oriente Próximo ha cambiado, antes que nada en lo político.

Durante la “Guerra de los Seis Días” Israel ocupó territorios que se encontraban bajo la jurisdicción de Jordania, Egipto y Siria. Para el día de hoy, Israel ha concertado la paz con Jordania y Egipto. En relación con Siria, tales perspectivas ni siquiera se vislumbran. Pero el asunto de recuperación de los territorios ocupados no se limita a las negociaciones con Damasco. Sustituyendo a Egipto y Jordania, en los debates ha intervenido una nueva unidad política: la Autoridad Nacional Palestina, y una parte de los territorios asignados por la ONU a Siria ahora son reclamados por el Líbano.

Pero el asunto no se limita al enredado contencioso territorial. El integrismo, los problemas de la resistencia palestina, la complicada situación que vive hoy el Líbano, todo ello son en una u otra medida secuelas de la guerra de 1967.

“La ausencia de avances algunos en la solución política de problemas, tanto hace cuarenta años como ahora, es el causante principal de nuevos conflictos y guerras, propiciando la actividad de grupos y movimientos extremistas de toda calaña”, manifestó a RIA Novosti Valentín Yúrchenko, experto del Instituto de Orientalismo.

El estudioso ha hecho recordar que la guerra estimuló un impetuoso auge del Movimiento Palestino de Resistencia que en el filo de los años 60 y 70 pasó a ser uno de los principales factores de la confrontación árabe-israelí. Los palestinos reivindicaban con siempre mayor insistencia una misión independiente en el conflicto. Pero por aquellos años el tema de Estado palestino independiente ni siquiera se planteaba. Lo laberíntico de la situación condujo a que en el Movimiento Palestino de Resistencia por largos años se impusieran extremistas políticos. El terror pasó a ser su principal instrumento de lucha.

Yúrchenko agregó también que la humillante derrota militar sufrida en 1967 hizo tambalear seriamente la fe de los árabes en las ideas del nacionalismo árabe, de la unidad árabe y del socialismo árabe. Y la gente dirigió sus miradas hacia las mezquitas. “La guerra impulsó fuertemente el Islam político, incluidas sus vertientes extremistas”, subrayó.

Esta circunstancia agravó aun más la situación. Según revelaron los sucesos posteriores, Israel se las ingenió para llegar a una fórmula de compromiso con algunos Estados árabes, pero no con los árabes de a pie, poseídos por ideas radicales.

En esta tesitura y tomando en consideración los posteriores conflictos árabe-israelíes, parece paradójica la opinión, expresada por expertos, de que precisamente la “Guerra de los Seis Días” impulsó el proceso de búsqueda de vías conducentes al arreglo político de las relaciones árabe-israelíes.

“Justamente al sufrir una contundente derrota militar en junio de 1967, los Estados árabes se vieron obligados a conformarse con la existencia de Israel. Se hizo evidente que era imposible ‘echarlo al mar’ o ‘desterrar del mapa’, según dicen hoy algunos imitando al presidente iraní”, comentó Yúrchenko.

Sin lugar a dudas, en aquellos años, de ello no se hablaba abiertamente en el nivel oficial, y con tanta más razón en los medios de comunicación árabes. Pero, en rigor, en todos los conflictos armados posteriores, los árabes no se proponían exterminar a Israel, sino que ejercer presiones sobre este país para obligar a firmar un tratado aceptable para ellos y recuperar las tierras perdidas en 1967. Además, muchos líderes árabes siguen utilizando el conflicto con Israel como instrumento para manipular la situación política en sus respectivos países. Y es otra causa de los problemas actuales. 40 años de mentiras formaron una nueva generación de odio.

El camino hacia la paz en el área ha resultado ser sinuoso y nada fácil. El primero en decidirse a celebrar el tratado de paz con Israel fue Egipto. Este paso suyo fue interpretado por otros países árabes como componenda por separado. Tras 1991 se entablaron negociaciones multipartitas árabe-israelíes. Ello no obstante, sólo contactos bilaterales se coronaron de éxito. En 1994 fue firmado el tratado de paz con Jordania; un año antes, los acuerdos con los palestinos.

Pero la materialización práctica de estos últimos se atascó, estorbando todo el proceso de arreglo mesoriental. Más aun, el problema palestino sigue siendo un detonante para todas las fuerzas extremistas no sólo en los países islámicos sino en todo el mundo árabe en general.

Casi cuarenta años necesitaron la mayor parte de los gobernantes árabes para anunciar la disposición a concertar la paz con Israel a condición del retorno a las fronteras de 1967 y la solución del problema de refugiados.

Pero es imposible retornar a 1967. ¿Acaso se necesitarán otros cuarenta años para reconocer esta verdad?

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