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Sonrisa de 'lolita'
Daniel Lázaro
Hoy lo lógico sería hablar de fútbol, de la liga. Pero para eso ya hay muchos otros. No hay nada que no se sepa. Solo continuar mi apuesta por el Margaritense en su duelo en Denia. Ahora, a lo que iba.
Roland Garros ha estado presente en la transformación de promesa a realidad de una tenista que dará mucho que hablar a partir de hoy. La jovencísima Ana Ivanović, pese a perder la final ante la mejor Henin, ha demostrado que tiene mucho tenis en sus muñecas.
Desde que Kournikova desató la nueva visión del tenis femenino, han ido apareciendo nuevas promesas, eslavas sobre todo, que compaginan su papel como mujer bella con el mundo del tenis. A Anna la siguieron Hingis, Sharapova, Hantuchova, Kirilenko, Vaidisova, Dementieva... y la heredera es Ivanović. Como ven, salvo Martina, todas eslavas.
Muchos solo habíamos visto a Ana en un famoso anuncio de telefonía móvil, aunque sin saber probablemente que era ella. En él, salía sonriente mientras jugaba a tenis en una azotea junto a la también nombrada Daniela Hantuchova. Pero estas dos semanas la hemos podido ver en su otra faceta, mucho más grandiosa si cabe.
Su juego se caracteriza por un saque potente y puntos cortos. De hecho, ha proyectado una velocidad media de servicio de 201 kilómetros por hora. Una auténtica salvajada. Lástima que en la final solo pudiera llegar en un par de ocasiones a los 185 y perdiese por ello la friolera de cinco saques.
La serbia ya había comentado que no pasaría nervios durante su primera final de Grand Slam de la historia. Y qué quieren que les diga. Viendo los dos primeros juegos... me lo había creído. Con facilidad había roto el primer servicio de Justine y marchaba 40-0 con el suyo.
Ahí se desvaneció el sueño. Con una sonrisa, Ana admitía un error al lanzar la bola para el saque. Fue una doble falta que propició el punto de inflexión en un partido que acabaría en debacle para la serbia.
Madre mía, no dio una. Y es que ni el saque. Su arma se había quedado sin balas. Tan solo metió la mitad de los primeros saques, y de ellos no ganó el punto ni en el 40% de las veces. Un bajón de más del 30%. Inexplicable variación de datos. El revés de Henin pudo mucho más en la finalísima. Y con una sonrisa se despidió del partido, de su partido.
No pasa nada. Ella lo sabe. Que le quiten lo bailado. Solo ha perdido cuatro sets –echemos flores a Anabel que le ganó uno- y en semifinales vapuleó nada más y nada menos que a Maria Sharapova, la número 2 del mundo.
Tenemos 'lolita' para rato, pues solo son 19 añitos de nada. Anda que no le quedan años para lucir su preciosa sonrisa...
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