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Opinión
Etiquetas:   Columna de opinión   Venezuela   Nicolás Maduro  

Horacio Cartes y Ernesto Samper ignoran campaña contra Nicolás Maduro

Ni siquiera la derecha está dispuesta ya a seguir las campañas de los decadentes medios que repiten el libreto imperialista
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
miércoles, 11 de marzo de 2015, 15:02 h (CET)
Ya el mundo casi había olvidado a la SIP, cuando en estos días emitió un comunicado con su conocida línea de pensamiento “condenando” los “graves hechos” acaecidos en Venezuela, donde el gobierno desarticuló un intento de quebrar el orden democrático por la vía violenta y detuvo a los responsables.

Lo que quedó claro con esta aparición es que ni siquiera la derecha latinoamericana está dispuesta ya a seguir el delirante relato que hace la SIP de lo que sucede en Venezuela, y basta como ejemplo la actitud asumida por Horacio Cartes y Ernesto Samper. El primero de ellos, un presidente de Paraguay que muchos identifican con la derecha retrógrada de la región, ignoró olímpicamente la campaña que realizaron los medios hegemónicos al servicio del imperialismo en su país. Como jefe de las relaciones exteriores, aclaró a través de su canciller que se ceñirá a lo que determine la UNASUR.

El secretario general de este organismo, por su parte, respaldó el proceso democrático encabezado por Nicolás Maduro y afirmó que si la oposición venezolana quiere dirimir sus diferencias con el jefe del estado bolivariano, tiene una magnífica oportunidad en Septiembre, mes en que se realizarán los comicios parlamentarios.

Para comprender la posición de la SIP, y sus permanentes y estériles campañas para desestabilizar al gobierno de Venezuela, basta conocer su historia.

La creación de la SIP, nacida bajo los mejores augurios en Nueva York en 1950, fue una operación en que la inteligencia estadounidense pirateó descaradamente la organización panamericana legítima creada en La Habana en 1943. La SIP fue una criatura creada por la CIA, y como tal desde el comienzo evidenció sus objetivos de utilizar a la prensa como herramienta de dominación neo colonial en beneficio del imperio y de las oligarquías latinoamericanas. Sus fundadores y dirigentes máximos, los que sentaron las bases de su funcionamiento y orientación ideológica marcadamente anticomunista, fueron los agentes de la CIA Jules Dubois y Joshua Powers, y el funcionario del Departamento de Estado, Tom Wallace.

Dubois, un Coronel de la inteligencia militar norteamericana que posteriormente devino en corresponsal del Chicago Tribune en Latinoamérica, y que llegó a ganarse diatribas del mismo Juan Domingo Perón, presidió la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP hasta su muerte. Fallecido el 16 de agosto de 1966, a la edad de 56 años en un hotel de Bogotá, los restos de Dubois hoy yacen en Arlington junto a despojos de varios presidentes norteamericanos.

Aunque el mundo del periodismo casi lo haya olvidado hoy, el ilustre Dubois fue retratado por el pintor mexicano Diego Rivera en el mural Gloriosa Victoria. En dicha obra Rivera condena al golpe militar promovido en Guatemala por la CIA y la empresa bananera United Fruit en junio de 1954. En ella aparecen dibujados, además de Dubois, el presidente Dwight Eisenhower (caricaturizado con la forma de una bomba), el dictador guatemalteco Carlos Castillo Armas, el embajador norteamericano John Emil Peurifoy y el secretario de Estado John Foster Dulles, hermano mayor de Allen Welsh Dulles, ex presidente de la United Fruit y primer director civil de la CIA en 1953.

Fue precisamente John Foster Dulles, ex asesor legal de la compañía bananera y abogado de Prescott Bush –abuelo del presidente George W. Bush– quien calificó al derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz y la imposición de Castillo Armas como una gloriosa victoria. De ahí el título elegido por Diego Rivera para su mural. Aquel golpe llevó al arresto de más de 12 mil personas, disolvió gremios y sentó el más grave precedente para la subsiguiente guerra civil que causó estragos en Guatemala.

El edificio que alberga las instalaciones de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), ubicado en el número 1801 South West de la Tercera Avenida de Miami e inaugurado en el año 2000,, lleva el nombre de Dubois. Y sin temor a equívoco, puede decirse que la SIP se mantuvo a lo largo de su poco más de medio siglo de existencia, estrictamente fiel a la tradición de sus padres fundadores.

En el curso de los años, la asociación de magnates de la prensa comercial que fundara Dubois distorsionó informaciones sobre las guerras de Indochina y África en beneficio del imperio, infiltró la UNESCO, para defender el control de la información por el sector privado; participó en la propaganda sucia contra el gobierno democrático de Salvador Allende; y se mantuvo bien callada durante el golpe contra el presidente Hugo Chávez. Jamás se perdió una oportunidad de atacar a Cuba.

Ello explica la conducta complaciente mantenida durante decenios con las brutales tiranías latinoamericanas, aún ante los casos de asesinatos de periodistas, la clausura de medios y el establecimiento de períodos de censura, casi siempre aplicados contra publicaciones de izquierda.

En Cuba, por ejemplo, la misma SIP que mantuvo silencio cómplice en los años sangrientos de la dictadura de Fulgencio Batista. Otro tanto hicieron sus personeros en Paraguay, donde sus referentes principales como ABC color no sólo callaron los abusos de Stroessner sino hasta defendieron al dictador en sus editoriales, del mismo modo que dedicaron loas y panegíricos a Videla y Pinochet.

Aquellos “buenos tiempos” de la hermandad, evidentemente, han quedado atrás.

La ineficacia presente de la SIP para orquestar una desestabilización en Venezuela, a pesar de meses y años de insistencia, quedó reflejada en la actitud de Cartes y Samper respecto al gobierno de Nicolás Maduro.


El cónclave de la patronal de la comunicación autodenominada Sociedad Interamericana de prensa enfrenta hoy no sólo su propio desgaste natural, también el desaire de la misma derecha regional y la indiferencia de sus amos de Washington, para quienes se está volviendo notoriamente inútil.

Es que la cofradía maccartista de la SIP ya no es la de antes, y la omnipotencia de ayer se ha ido barrida como las hojas secas de un árbol viejo, llevándose gran parte de sus delirios de poder paralelo con las constantes derrotas que le infligen los países bolivarianos en las urnas.

Igual que otros antiguos favorecidos del imperio, hoy nuestros héroes de la prensa ven esfumarse sus privilegios por la falta de un contexto internacional favorable. La SIP ha ingresado a una etapa de franca decadencia y de héroes de la propaganda imperialista hoy han pasado a ser simples villanos y parásitos que ya no se justifican como antaño ante los ojos de sus amos.

La suerte de Ben Laden, Somoza, Stroessner, Pinochet, Mobutu, Savimbi y otros tantos caídos en desgracia con sus titiriteros del norte, la temida caída final, es todo lo que hoy le queda por delante a estos fantoches de la SIP.

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