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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Una prisión anunciada

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 10 de junio de 2007, 22:47 h (CET)
Cuando los encapuchados de ETA, con su parafernalia habitual, comparecieron ante la prensa leyendo un comunicado donde anunciaban una tregua fuimos muchos los que nos alegramos. Un pequeño rayo de luz y esperanza se asomaba en el panorama político vasco. Una vez más se hacía patente la posibilidad de que callaran las pistolas y fueran las urnas quienes decidieran cual ha de ser el camino por el que debe transcurrir la vida pública en Euzkadi. A otros este simple anuncio les puso de los nervios, para algunos la simple posibilidad de que su contrincante político consiguiera algo que ellos no habían sido capaces de alcanzar era una fracaso en su política y no, como así hubiera sido, una victoria de todos los españoles. Pronto se vio como desde el principal partido de la oposición y sus paniaguados mediáticos se lanzaba una ofensiva en tromba contra la posibilidad de que Zapatero desarmara de manera definitiva a los etarras.

La verdad es que las fuerzas de seguridad del Estado nunca bajaron la guardia y, a pesar de la tregua, las detenciones de presuntos etarras se seguían produciendo sin conseguir acallar a los voceros que, día tras día, seguían proclamando la traición de Zapatero a España, la venta del territorio navarro a los etarras o una bajada de pantalones del estamento judicial ante las posibles conculcaciones legislativas por parte del elemento abertzale. Hoy se ha visto que todo este clamor de los agoreros era pura falsedad, sencillamente se han dedicado a utilizar estos temas como banderín de enganche para llenar las urnas con votos favorables al Partido Popular.

Algunos incluso llegaron a culpar al Presidente del Gobierno de la muerte de los dos jóvenes inmigrantes que fallecieron en la T-4 de Barajas por la explosión de una bomba etarra, sin parar mientes en que los culpables en cualquier atentado son aquellos que aprietan el gatillo o ponen la bomba, nunca quienes intentan, como es la obligación de todo gobernante, el que el terrorismo desaparezca del país. Incluso gran parte de la izquierda abertzale se sintió desorientada e incomoda después de aquel atentado ejecutado meses antes de unas elecciones en las que el nacionalismo de izquierdas del País Vasco tenía puestas sus ilusiones.

Ahora todas aquellas esperanzas se han ido al garete. Los encapuchados han vuelto a la palestra para advertir que vuelven a estar en activo, si es que alguna vez dejaron de estarlo, las cartas de extorsión al empresariado vasco vuelven a aparecer en los buzones y, lo que es más grave, la vida de centenares de personas vuelve a estar en el punto de mira de las pistolas de los descerebrados de ETA. Los terroristas han dejado a Otegui y sus seguidores con el culo al aire y las esperanzas de llegar a las instituciones cada vez más lejanas.

Durante el tiempo de la tregua hemos visto como, también, la justicia seguía su camino, un camino inexorable marcado por las disposiciones legislativas pero con la aplicación de unos mecanismos internos que pueden aminorar su aplicación. Fruto de esa aplicación pudieron ser la excarcelación temporal por motivos de salud de De Juana Chaos o la absolución en una causa de Bernardo Otegui. Ambos hechos hicieron correr ríos de tinta de los partidarios de la “mano dura”, los mismos que callaban cuando era el Gobierno de Aznar el que aplicaba dichas medidas, y los mismos que hoy callan ante el ingreso en prisión de ambos condenados.

Tal vez estemos ante una casualidad pero también podemos encontrarnos ante unos ingresos en prisión de claro contenido político como se afirma tanto en círculos abertzales como en los entornos del españolismo más radical. Ha coincidido el anuncio etarra de la ruptura de la tregua con la entrada en prisión de los dos viejos miembros de la organización terrorista. Tanto Otegui, conocido como “El Gordo” en sus tiempos de militancia en ETA, como De Juana Chaos, hijo de un viejo oficial del ejército franquista, ya saben cual es el color de los calabozos, ambos han pasado por la cárcel en otras ocasiones.

¿Y ahora que?. Esa es la pregunta que muchos nos hacemos ante el silencio de todos aquellos, políticos del PP y medios de comunicación afines, que durante meses han estado intoxicando a la opinión pública con falsas noticias y con comentarios falaces en los que se hablaba sin ningún argumento de la desmembración de España, de la entrega de Navarra a cambio de no se sabía bien que prebendas, de la traición diaria del Presidente del Gobierno y de tantas y tantas mentiras como se han venido vertiendo tan sólo para poder llenar las urnas con votos que tuvieran la silueta carroñera de la gaviota. ¿Y ahora qué?, repito. Muchos somos los que estamos esperando que desde Mariano Rajoy hasta Alcaraz, su franquiciado de la AVT, pasando por alguna que otra jerarquía eclesiástica nos pidan perdón a los españoles por tanta y tanta mentira como han estado contándonos durante tantos meses. Nunca lo harán.

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