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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Sueños de limpieza

Francisco Arias Solís
Redacción
domingo, 10 de junio de 2007, 11:53 h (CET)
“-No tengáis pena, amigo Sancho –dijo la duquesa-,
que yo haré que mis doncellas os laven,
y aún os metan en colada, si fuera menester.
-Con las barbas me contento –respondió Sancho-,
por ahora a lo menos; que, andando el tiempo,
Dios dijo lo que será.”


Miguel de Cervantes

El gran consejo que da Don Quijote a Sancho es el siguiente: “Lo primero que te encargo es que seas limpio y que te cortes las uñas sin dejarlas crecer como algunos hacen”. Cervantes amaba la limpieza. Sin embargo, no es probable que el amor por la pulcritud naciera del ejemplo extraño, pues no lo daban las costumbres de la época, ni la más de la gente que trató, ni los lugares por donde discurrió su vida daban de sí ejemplos saludables de higiene.

Efectivamente, las posadas que recorrió, las ventas, las cárceles, las prisiones berberiscas ni el escenario de la batalla de Lepanto debieron ser lugares muy higiénicos. Cervantes no debió sentirse muy a gusto entre tanta suciedad y por ello sale al paso en El Quijote con frases alusivas a la higiene. Al mismo Don Quijote lo describirá como un hombre no muy limpio.

Durante toda la novela, Don Quijote se baña sólo dos veces al menos voluntariamente. “Antes de todo, con cinco calderos o seis de agua se lavó la cabeza y el rostro, y todavía se quedó el agua de color de suero”. Esto de que el agua se quedara de color de suero nos da que pensar. La segunda vez que se baña Don Quijote es completamente involuntaria y acontece cuando navega por el Ebro, con Sancho, con una embarcación que por su mala fortuna zozobra, cayendo amo y escudero al agua.

Durante la aventura de los pellejos de vino en la famosa venta, a pesar de los golpes que le daban, no despertaba Don Quijote “hasta que el barbero trajo un gran caldero de agua fría del pozo y se lo echó por todo el cuerpo de golpe”. Es un baño también involuntario. Pero si no vuelve a bañarse, al menos si le lava la cara. “Enjuagóse la boca, lavóse Don Quijote el rostro”..., pero de ahí no pasaba.

En cuanto a Sancho Panza, aunque él diga “que tiene más de limpio que de goloso”, hay que ponerlo en tela de juicio, pues, sólo la caída al Ebro le hizo mojarse de pies a cabeza, lo que no parece que le hiciera mucha gracia. Sin embargo, Don Quijote, aunque él no lo sigas, dará, frecuentemente, consejos sobre higiene a Sancho.

La fantasía de Don Quijote le hace ver sueños de limpieza, como cuando al relatar las hazañas de un supuesto caballero cree que llegaría a un suntuoso palacio o castillo “donde le harán desnudar como su madre le parió, y bañarán con templadas aguas”. A este mismo caballero, por si fuera poco, “le echarán agua a manos, toda de ámbar y de olorosos perfumes” y al terminar de comer “se mondará los dientes como es costumbre”.

Sancho dirá en cierta ocasión: “No hay tanta diferencia de mí a mi amo que a él le laven con agua de ángeles y a mí con lejía del diablo”. Por algo será lo de usar lejía para el escudero. El agua de ángeles era un líquido que se empleaba para suavizar la piel o para friccionarse como loción por todo el cuerpo y que se componía de treinta ingredientes diferentes.

En cuanto a las damas de la venta, jamás se menciona que se bañaran. La única que parece preocuparse por su limpieza personal es Dorotea que “se lavaba los pies por el arroyo que por allí corría y al acabar de lavar los hermosos pies, con un paño de tocar que sacó debajo de la montera, se los limpió”.

Doña Rodríguez nos habla de su hija y “de su limpieza no digo nada, que el agua que corre no es más limpia “, pero como del dicho al hecho va un buen trecho, tampoco nos convence mucho la dueña de la veracidad de sus afirmaciones.

Dice un viejo refrán: “Donde entra el sol no entra el doctor”. Cervantes, precursor de la Higiene, hace un verdadero himno al sol como fuente de energía y como el mayor favorecedor de la higiene, cuando dice de él: “con cuya ayuda el hombre engendra al hombre”.

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