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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Crónicas ucranianas: diurnas negociaciones y tejemanejes nocturnos

Andrei Kapustin
Redacción
domingo, 10 de junio de 2007, 11:53 h (CET)
Las personas bien informadas dicen que hace unos diez días en Kiev estuvieron de visita varios especialistas occidentales duchos en situaciones críticas. Pero como llegaron, así se fueron, pues se mostraron incapaces de hallar el excitado nervio causante del enfrentamiento en Ucrania. Y esto no debe sorprendernos. No sólo especialistas foráneos, sino incluso la mayoría de la población ucraniana no alcanza a descubrir ese traído y llevado nervio.

Dicho en otros términos, al parecer todo está en su debido lugar. Yúschenko y los suyos se enfrentan a Yanukóvich y Co. con todos sus más y menos, incluyendo la lucha por el Tribunal Constitucional, la guerra por la Fiscalía General, la batalla por el dominio del parlamento y los acalorados debates en torno a la fecha definitiva de las elecciones anticipadas.

Parece que la batalla casi ha logrado su fin. En todo caso, muchas personas interpretaron la apertura a patadas de las puertas de la Fiscalía General por los policías con el Ministro del Interior al frente, como el comienzo esperado de un verdadero enfrentamiento frontal entre las estructuras armadas, es decir, la policía de Yanukóvich y todas las demás fuerzas de Yúschenko: el Ejército, el Consejo de Seguridad de Ucrania, la Dirección General de Inteligencia y otros “Sigmas” y “Alfas”. Además, Yúschenko asumió el control de las tropas del Interior, lo que no dejó de provocar una escalada de alarma.

Sin embargo, en vista de que el motín ucraniano (a diferencia del ruso, insensato e implacable) es razonable y humano, también esta vez se logró evitar el derramamiento de sangre, a excepción del grupo “Berkut” que se ensañó, por su larga inacción, con los “hinchas” durante el torneo de fútbol entre “Dinamo” de Kiev y “Shajtior” de Donetsk. Procede señalar que el brutal apaleamiento de los adolescentes se produjo en presencia del presidente y el premier que vinieron al estadio en señal de reconciliación de todos los ramos del poder. Tales son los episodios elocuentes de las perspectivas del enfrentamiento civil.
Por lo demás, hoy, la situación parece normal. Aunque ese “hoy” ucraniano es también un concepto relativo, ya que la crisis (o su imitación) hizo ilusoria la comprensión de los sucesos reales.
¿Y qué ha de hacer el hombre de la calle que se interesa por el desarrollo del acontecer en el país, pero le han desvinculado del poder: conformarse con los pronósticos meteorológicos o los relativos a la futura cosecha, o bien ahogar sus aspiraciones con el alcohol? ¿Acaso una persona cuerda podrá entender los zigzagues que últimamente están dando todos los ramos del poder ucraniano, comenzando por el acuerdo también nocturno logrado por el premier, el mandatario y el presidente del parlamento en vísperas de la fiesta de Santa Trinidad?
Aquel día, cogidos de la mano, con sonrisa forzada aparecieron como pequeños cisnes del célebre ballet “El Lago de los Cisnes” de Piotr Chaikovski. Pero en todo caso, a eso de las 5 de la mañana, hora de Kiev, el país se enteró al fin de la fecha marcada para las elecciones: 30 de septiembre. El resto del tiempo al parecer lo dedicaron a nimiedades, incluida la votación parlamentaria respecto a varios problemas claves de la campaña preelectoral.
A estos efectos, el presidente, como lo prometió, se mostró dispuesto a firmar el decreto rehabilitando a la Rada Suprema (Parlamento) por dos días más para que ésta pudiera cumplir su misión histórica. El decreto fue firmado. El parlamento se reunió en pleno, pero las 48 horas fueron insuficientes y los diputados por la coalición (en primer lugar, los socialistas y comunistas) decidieron darse el gusto de no limitarse al plazo fijado. Sin embargo, al son de la duodécima campanada del reloj no se produjo el milagro de que la carroza se convirtiera en calabaza, puesto que Víctor Yúschenko firmó un nuevo decreto con el que donaba a los parlamentarios 24 horas más. Esto tampoco fue suficiente.
Pese a que encontrándose en Croacia, Yúschenko había declarado tajantemente que se le agotó la tolerancia y estaba dispuesto, en caso de la negativa de los diputados a votar sumisamente, a efectuar los comicios a finales de julio. Sin embargo, al día siguiente los ciudadanos de Ucrania se enteraron de que la Rada sigue funcionando, ya que el mandatario había prorrogado sus poderes.
En resumidas cuentas, el resultado fue casi idéntico a lo acordado por las altas partes, pero lo sucedido esos días en el parlamento y algunos despachos sirvió al electorado de admirable pábulo para reflexionar y votar debidamente en los próximos comicios del 30 de septiembre. Total que todas las fuerzas políticas parlamentarias han venido a demostrar que no vale la pena votar por ellas. Si, claro algunas de ellas pasarán a formar parte del parlamento, pero no cabe duda que, gracias a la conducta de las mismas, el electorado deja de ser una masa inerte.
A propósito, esto se refiere también a las tecnologías de “maidan” que, según todos los indicios, caen definitivamente en desuso. Está claro que se requerirá tiempo. Pero ya se remonta al pasado la envergadura de las manifestaciones registradas en Kiev esos dos últimos meses. Y no porque se haya agotado el número de deseosos, que son muchos, de poder viajar de gorra a Kiev cobrando a razón de 30 dólares diarios. Simplemente, el falso Maidan defraudó las esperanzas de sus promotores.
La fecha de las elecciones está fijada. La Rada fue disuelta y Yúschenko canta victoria.
¿Qué es lo queda de positivo en resumidas cuentas? Tal vez el placer de haber intervenido en el escenario de la Plaza de Independencia y sentirse tribuno público. Pero todos los oradores comprendían que apelaban a mercenarios indiferentes con símbolos de partido, cuya presencia habría de ser remunerada una vez terminada la acción. Ni siquiera se trata de la claque. Es más o menos lo mismo cuando una estrella-pop pagara al público por haber llenado las gradas del estadio. Además, según cómputos de expertos, los landsknecht costaron a la oposición una simpática suma de unos 75 millones de dólares US. (Procede señalar que las elecciones anticipadas costarán al presupuesto dos millones menos).

De tal modo, en primer lugar, esto costó caro. En el segundo, el Partido de las Regiones y sus acólitos subieron el precio y ahora el país conoce bien las nuevas tarifas. Por su parte, los patrocinadores de tal o cual partido tendrán que sopesar el dudoso efecto que surte el uso de legionarios a sueldo.
En resumen, ahora no cabe duda que las elecciones se celebrarán. Pero Víctor Yanukóvich quiere que el parlamento siga funcionando aún. Sin embargo, no se sabe a quién va a representar, puesto que el Bloque de Yulia Timoshenko y “Nuestra Ucrania” ya renunciaron a sus mandatos habiendo privado a la Rada Suprema de sus poderes. Según la lógica, ahora hay que iniciar la fase preparatoria de las elecciones. Sin embargo, teniendo en cuenta los rasgos específicos de la vida política en Ucrania, nadie podrá sorprenderse si al conectar la televisión antes del 30 de septiembre vuelve a ver en el sillón de presidente de la Rada Suprema a Alexander Moroz discutiendo, como si no hubiera ocurrido nada, la agenda con sus colegas.

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Andrei Kapustin, Kiev, para RIA Novosti.


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