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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los agricultores lo merecen

Domingo Martínez (Burgos)
Redacción
domingo, 10 de junio de 2007, 11:53 h (CET)
Con motivo de celebrase el Día Mundial del Medio Ambiente, leí que una Organización Profesional Agraria consideraba era precisa la implantación de la figura del contrato social principalmente para las explotaciones de leche, vacuno de carne y vino, con una gran incidencia sobre el territorio. El contrato social sería un instrumento para pagar los beneficios medioambientales y sociales que el mantenimiento de la actividad de las explotaciones agroganaderas le aporta al conjunto de la sociedad, y que actualmente no son remunerados por el mercado. Al acabar de leerlo, pensé, "ya están pidiendo estos pagases", pero la propuesta me hizo pensar.

Pues en estos días se habla de cambio climático, desarrollo rural, ahorro de agua o seguridad alimentaria entre otros términos desde distintos foros, en aras de conservar el medio ambiente y conseguir un modelo de producción sostenible.

En este sentido, cabe destacar la importancia que la agricultura y la ganadería tiene en la conservación del medio, no debemos olvidar que los agricultores y ganaderos son los verdaderos habitantes del medio rural y por tanto son los primeros interesados en respetar el medio ambiente y la biodiversidad.

La agricultura tradicional y la ganadería extensiva contribuyen de forma directa al mantenimiento del medio ambiente, el pastoreo facilita la limpieza de los montes lo que reduce el riesgo de incendios forestales, los cultivos evitan la desertización, actúan como fuente sumidero de CO2 y como emisores de oxígeno a la atmósfera y los agricultores y ganaderos pueblan el mundo rural reduciendo el despoblamiento de los pueblos.

Por otra parte, la actividad agraria está sujeta a estrictas normativas que regulan su funcionamiento tanto a nivel estructural como a nivel de mercado, los agricultores y ganaderos no solo tienen que producir alimentos sanos desde un punto de vista higiénico sanitario, sino que además su trabajo tiene que ser respetuoso con el medio ambiente. Este hecho obliga al productor a efectuar fuertes inversiones en su explotación para cumplir con las directrices en beneficio de todos.

Por su labor medioambiental, por su labor social y por su capacidad implícita de producir alimentos es por lo que creo se puede exigir a las Administraciones Publicas que desarrollen políticas de apoyo a este sector, para conseguir, en beneficio de todos, alimentos de la más alta calidad y la
conservación que el medio ambiente merece.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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