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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Carta abierta a De Juana

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
domingo, 10 de junio de 2007, 11:53 h (CET)
Mucho me temo que el contenido de esta carta no llegue- o quizás sí,- a su destinatario. Eres tú, etarra De Juana, de quien se viene hablando y escribiendo en toda España, ríos de tinta. Eres el preso, tristemente más célebre, desde la muerte de Franco. No voy ni quiero entrar en tu pasado ni en tu conciencia. Soy sacerdote mayor y sólo quiero, si me lo permites, darte un amigable y desinteresado consejo. Estás jugando con tu vida. La tuya como la de los demás mortales tuvo un principio y tendrá un fin. No te engaño. Lo más importante para ti, está todavía por llegar.

Ahora, tras tu restablecimiento, has vuelto de nuevo a la cárcel. Lo que la
justicia de los hombres pide es que permanezcas en ella hasta que pagues el
precio de tus fechorías, de las que dicen no te arrepientes. Según tu
abogado “pasas de todo” y te niegas a tomar alimento. Tú y sólo tú, eres el
único responsable de tus decisiones. Podría ser que con ello, se debilitara
tu mente y perdieras la ocasión de reflexionar, como racional que eres,
sobre tu pasado, tu presente y sobre todo, tu futuro.

Mientras hay vida, hay esperanza. Tú conoces los entresijos de la justicia
humana. Te queda, como a todos los humanos, experimentar la justicia
definitiva e inapelable de la divina, que ratificará lo que tú decidas.

No te canso más: Reza lo que sepas para que Jesús , el Hijo de Dios, te ilumine y te perdone. Arrepiéntete antes de morir de todo el mal cometido y experimentarás que el Dios cristiano, como hizo con Dimas, es un Dios infinitamente misericordioso. Con mi oración y bendición.

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