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Etiquetas:   OPINIÓN  

Kant y la política

José Manuel López García
jueves, 5 de marzo de 2015, 08:33 h (CET)

En la concepción kantiana de la política está explícitamente presente la primacía de la comunidad ética. Para Kant la paz, indudablemente, es el objetivo de todo ordenamiento político. En el opúsculo Sobre la paz perpetua de 1795 elabora este filósofo ilustrado un esbozo de Derecho internacional.


Considera que el denominado derecho de gentes debe fundamentarse en una especie de federación de Estados libres. También afirma Kant un cosmopolitismo, en relación con el devenir histórico, puesto que está convencido de que el curso de la historia es explicable a partir del concepto teleológico o finalista de intención de la Naturaleza, tal como lo describe en Idea de una historia universal en sentido cosmopolita de 1784.


En relación con la interpretación kantiana de los derechos ciudadanos está claro que afirma el gran valor de la libertad. Ya que considera suficiente la existencia real de la libertad de pensamiento y expresión, porque ambas sirven, entre otras cosas, para incidir en la mala acción de gobierno, por medio de críticas sensatas y quejas. Si bien, desde mi perspectiva, la utilidad de las mismas puede ser muy variable.


Para Kant la tarea de gobierno debe estar sometida, en principio, a la transparencia, y la publicidad en los asuntos internos. Y en lo relativo al posible progreso moral de la humanidad, lo más apropiado es que una comunidad mundial cosmopolita impulse la paz. De esta manera, se logra una cierta estabilidad en el comercio entre los estados, y en las relaciones internacionales. La paz internacional es para Kant un imperativo histórico de la razón moral de los seres humanos.


El puro deber interno de la moralidad kantiana no se contrapone al deber externo coactivo propio de la legalidad. Porque el bien moral es el fundamento general de las leyes y de la justicia.


No cabe duda de que el pensamiento jurídico de Kant sigue una tradición que va desde Pufendorf y Thomasius a Fichte y Hegel. En relación con el origen de la sociedad Kant sigue lo planteado por Rousseau. Y respecto a la división de poderes es evidente que está de acuerdo con el modelo de los tres poderes de Montesquieu. En efecto, la división del poder entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial garantiza, si es efectiva y real, un mejor funcionamiento del estado, y de su actividad política y administrativa.


Para Kant la ley penal es un imperativo categórico. Y se muestra partidario de la aplicación de la pena de muerte. Desde la perspectiva actual se considera que es una medida desproporcionada, y que obvia, o no tiene en cuenta, el derecho a la vida de toda persona, ya que existe la cadena perpetua, etc. En concordancia con esto los Derechos Humanos no autorizan la pena de muerte.


Según este filósofo alemán no es lícito que un estado intervenga por la fuerza en la política interior de otro país o nación. Kant ve justificable la guerra defensiva ante la agresión de una nación por parte de otra. Ya que la independencia es un valor de primer orden. Escribe este gran filósofo: «Procurad ante todo acercaros al ideal de la razón práctica y a su justicia; el fin que os proponéis -la paz perpetua- se os dará por añadidura». El gobierno de un estado, según Kant, debe estar guiado o dirigido por criterios racionales, y también por la imparcialidad que es la expresión de la voluntad soberana del pueblo. En este sentido, la filosofía política kantiana es razonable y válida, en general, para nuestro tiempo.

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