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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Rapidez de opinión

Pascual Falces
Pascual Falces
sábado, 9 de junio de 2007, 04:20 h (CET)
Una de las cosas que a peor nos traen en España es la falta de pensamiento y el exceso de opinión. “Eso, pasa en todo el mundo”, responderá el lector “enterado”, o sea, el pedante que intenta quedar como que sabe más que los demás. La mezcolanza genética de honda raigambre histórica, y que ha dado lugar a la raza mixta que habita este país –la única hasta la llegada de los millones de emigrantes-, tiene caracterológicamente dominante el componente primario –el de inmediata respuesta, de causa a efecto-. Es lo que hace que esté a flor de piel el epíteto de “hijo de p…” ante un conductor que adelanta, o alguien que empuje, siempre y cuando no pueda oír tal calificativo. Si se dice para que lo oiga, y como saboreándolo, la cosa es que está fea y se tienen los puños listos. Afortunadamente, la progresiva extensión de la educación (¿de la Logse?) ha aminorado esa clase de ánimos.

Pero, a lo que se iba; No es lo frecuente detenerse a “pensar” si, en realidad, se conoce cual era el oficio de la madre del interfecto en el momento de ser concebido, para ¡recordárselo!... Se opina como quien lanza un dardo apuntando a lo más sensible, no se piensa. Acaso, lo único que se piense es en las razones que asisten al que opina para soltar el vocablo. Un italiano tuvo una discusión en nuestras carreteras, y su interlocutor irritado “lo mandó a tomar por el c.” . Respondió el agredido pero reflexivo italiano (tal vez piamontés): “Non é momento de parlar d´amore...”. Tal vez, con este antiguo chascarrillo haya quedado más clara la intención de resaltar nuestra característica racial.

Para saber “quien es quien”, irreflexivamente, nada mejor que dividir el país en “derechas e izquierdas”. Si el alcalde es de un lado, la otra mitad tendrá fácil el motivo para pensar poco a la hora de culpabilizarlo. La cuestión es no pensar, y estar en condiciones de opinar con rapidez. -“Pero, eso, es síntoma de agudeza, de ingenio” -responderá el sabihondo lector del principio. Pues, entonces, responde este columnista que otea desde la distancia, y que masculla sus epítetos sin que nadie le oiga: -Me cisco en las agudezas que conllevan a la aversión, al sentimiento que hace rechazar cierta cosa, o a cierta persona, apartándose de ellas.

Pensando, el terrorismo no es un problema de izquierdas ni de derechas, sino que un bombazo mata por igual a quienes estén cerca, tuvieran la intención, o no, de votar siempre al mismo partido. Se intenta justificar esta inclinación, y la falta de pensamiento, considerando que su origen es “visceral”. – Me “repatea” votar a Rajoy; no soporto a la derecha… Y, de tal modo, queda justificada la elección de siempre en los próximos comicios. ¡Olé!, masculla el columnista pegado a su catalejo, ¡pues, sí que estamos bien!... El asesinato no puede verse bajo la óptica de qué conviene más; ¿Qué me va más…? Así, individuos desalmados, como el archiconocido De Juana llegaron a ser héroes, ¡en su pueblo!... Total, solo son ciento cincuenta mil los vascos que aplaudieron sus crímenes, sufrieron con su años carcelarios, con su huelga de hambre (¡pobre hombre!), y se alegran de los arrumacos de su novia, y etc.

Sin pensar en lo que más conviene, en consecuencia, se suele mirar en sentido opuesto al bien común. Dos burros estaban atados con una cuerda, y ven en la cercanía de ellos un apetitoso montón de paja. Se ponen a tirar cada uno por su lado, y no lo alcanzaban, no comían. La moraleja de aquella situación es que una luz se les encendió sobre sus poco pensantes orejas, y se pusieron a caminar parejos hacia el montón, ¡y se lo comieron!...

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