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Opinión
Etiquetas:   Políticamente incorrecta  

¿Consenso? ¡Y un jamón!

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 9 de junio de 2007, 04:20 h (CET)
Inmediatamente después de que los terroristas de ETA emitiesen el comunicado, redactado en términos decimonónicamente marxista-leninistas, que provocó que el Gobierno, que se ha pasado meses y meses diciendo que ellos no comentan comunicados terroristas, organizase una comparecencia en Moncloa del Presidente del Gobierno para comentar el comunicado terrorista -no para decir que vamos a por ellos como la gente decente esperaba-, se lanzaron los habituales pregoneros de la progresía a reclamar “unidad”, “acuerdo” y, como no podía ser de otra manera, “consenso”. Y a exigirle al centro-derecha español, en vista de que ETA no ha querido sumarse, de momento, al Pacto del Tinell, transición de la transición, que se uniera a ZP y al resto de partidos que han apoyado la negociación con los de De Juana.

¿Apoyar a ZP, el mismo que mientras firmaba el inane Pacto por las Libertades con una mano con la otra andaba en conversaciones con ETA? ¿Para qué? Silencio.

Silencio culposo. Porque lo que no cuentan es que ZP no quiere la derrota de ETA, que pasa, no sólo por la derrota policial de los asesinos, sino también por la deslegitimación total y absoluta de todo el mundo nacionalista. Callan que ellos creen en una paz sin vencedores ni vencidos, como tuvo a bien, en un arranque de extraña sinceridad, afirmar la Vicepresidenta del Gobierno meses atrás.

Más grave aún: ocultan que la transición de la transición –España está en eterna transición hacia la democracia, más parece que jamás llega- pasa por la legitimación de lo que la progresía patria denomina “izquierda abertzale”, que no es más que el mundo nacional-socialista de ETA. Se olvidan que ese proyecto, fruto de una extraña mezcla entre mayo del 68, el socialismo real y la tentación totalitaria histórica del PSOE, así como el consenso, pasa por la expulsión del PP del Estado de los Partidos; la expulsión del PP –media España- del consenso socialdemócrata y la inclusión en el mismo de los terroristas, convertidos en hombres de la paz en una especie de España confederal no democrática, llena de nacioncitas gobernadas por oligarquías locales, todas ellas unidas bajo el manto unificador de la Monarquía socialdemócrata. Del Rey republicano.

Al fin y al cabo Rodríguez Zapatero no es más que el encargado de darle la puntilla a la Constitución socialdemócrata de 1978 que el PP, espero que más por vértigo que por convicción, se empeña en defender. El proceso revolucionario incruento (salvo la excepción del terrorismo) que comenzó en 1977 y fulminó bien pronto el Estado de Derecho (es radicalmente incompatible un Estado de Derecho con que el nombramiento de los jueces de los altos tribunales esté sometido a los partidos), podría acabar liquidando la nación española. Pero para ello es necesario que el centro-derecha se someta. Que se empeñe en quedar incluido dentro del Estado de los Partidos. Que no quiera romper con el consenso que todo esto ha propiciado.

Y eso es lo que, por ahora, ha fallado. La derecha española parece que comienza lentamente a desperezarse y sacudirse la anestesia buenista a que ha sido sometida durante décadas. Numerosos ciudadanos/súbditos, más por intuición que por otra cosa, han venido resistiéndose contra viento y marea y pese a las continuas y tontas invocaciones al letal consenso hechas por los dirigentes del partido que los representa, a los planes del régimen. Y sólo de la mano de esa resistencia, de esa movilización, de esa intuición y ese despertar de la sociedad civil puede venir la solución.

En el momento en que la derecha, para evitar ser excluida del Estado de Partidos, de la Monarquía socialdemócrata – que acabará inexorablemente derivando en República; curioso destino para quien tanto apoyó la causa del régimen de izquierdas-, ceda en sus principios y acepte el consenso (España confederal, negociación con ETA, destrucción definitiva del êthos que sustenta a la nación…) será liquidada para siempre. De ahí la necesidad imperiosa de algunos de colocar al frente del chiringuito “centrista” a Gallardón, tan amante del consenso. Jaque mate.

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